Una chica vestida de gitana acaricia las crines de un caballo
Una chica vestida de gitana acaricia las crines de un caballo - JUAN FLORES

FERIA DE ABRIL DE SEVILLA 2018Jueves, la medida perfecta de la fiesta

Tras el aluvión de la jornada festiva, la bulla se rebaja y la mezcla cobra excelencia con los últimos sevillanos dando la alternativa a los primeros forasteros en la recta final

SEVILLA Actualizado: Guardar
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Descargado de elementos novedosos que contaminan algunos análisis comparativos —como un domingo de farolillos o un festivo en miércoles atestados—, el jueves demostró que funciona como el auténtico apogeo de la Feria de Abril más clásica. Esplendoroso. Académico. Con mucho público pero sin masificación insufrible. Con los últimos sevillanos de la semana y los primeros forasteros. Con el gentío habiendo ya pasado por picadores. Con los políticos habiendo ya cumplido esa dichosa liturgia de las recepciones. Con la medida exacta de las cosas, en definitiva. Como una olla exprés a la que se le ha quitado la válvula y ha soltado ya buena parte de su presión. Por eso la de ayer en el real de Los Remedios fue una jornada plena, placentera, con ese toque dulce del atardecer de la fiesta, cuando todo empieza a terminar, cuando se enfila el principio del final y los cuerpos se han hecho ya al traje de flamenca y al nudo de la corbata.

Todo estuvo medido ayer en la Feria, donde la resaca del llenazo del miércoles permitió pasear con menos problemas incluso en las habituales horas del cénit. El sevillano tiene sus propios términos para tomar medidas, como la «mijita de dinero» que va quedando en el bolsillo o el «viaje de gente» del miércoles, y para este jueves tenía la suya: «a gusto». Se estaba «a gusto». Ni más ni menos. Acompañó hasta el viento, que permitió respirar mejor de lo esperado pese a las altas temperaturas de las horas centrales y que amainó cuando el sol desapareció por el Aljarafe. Justo. También con la medida exacta. Sólo para hacer más llevadero el lorenzo.

Tan acompasado y proporcionado está el jueves que en él, de hecho, caben todas las ferias que contiene la propia Feria, que es una, sí, pero también muchas; la de cada uno. Nada más cierto que aquello de que cada uno la cuenta como le ha ido. ¿Está llena o vacía? Depende del sitio y la hora. ¿Sevillanos o turistas? Depende del lugar y el momento. ¿Ha terminado ya la fiesta? Para muchos de los autóctonos la fiesta se hace larga y ya acaba, pero para otros comienza y le lleva de jueves a los fuegos artificiales. Tópicos hay muchos, pero son eso, tópicos. ¿Es segura o insegura? Pues depende de la experiencia propia o de los vídeos de peleas de borrachos que uno haya visto en las redes sociales. Eso sí, el dato que maneja la Subdelegación del Gobierno es claro: del sábado hasta ayer mismo, el número de reyertas ha bajado un 38% con respecto a los dos años anteriores. Si a usted le ha tocado presenciar o incluso sufrir una riña, eso sí, seguramente dirá que la cifra es falsa y mera propaganda. Todo es relativo sobre el albero ferial y en su entorno. Y, como puede comprobarse bien el jueves,allí se esconden todas las fiestas posibles. Porque las hay.

En días como ayer hay todavía una Feria muy sevillana, con quienes quieren y pueden seguir disfrutando o los que, por obligaciones del guión, sólo tienen la recta final de la semana para hacerlo. Aunque a algunos les siga costando creerlo, en Sevilla estos días son laborables. En ese escenario más local deben encuadrarse las recepciones que el Ayuntamiento celebró en la caseta municipal, donde se congregaron el mundo de la tauromaquia, el de las cofradías y hasta el Ateneo. ¿Que los sevillanos se van? No tanto. El primero de ellos, el propio alcalde, Juan Espadas, entregó el tercer premio taurino Ciudad de Sevilla a la localidad francesa de Arlés por su fortísimo vínculo con la fiesta y su defensa de la misma desde su coso romano. Y también se concedió el galardón Fernando Carrasco a la Comunicación Taurina, que recibió el periodista José Ribagorda, presentador de los informativos del fin de semana en Telecinco y muy aficionado al toreo, al que abre una enorme ventana en sus informativos. Por eso defendió la fiesta «sin ambages y sin acongojarse ante ataques interesados e indocumentados. La tauromaquia interesa a millones de aficionados y el deber de un periodista que esté comprometido con los valores y la decencia es informar de la verdad de una actividad artística que ha de tener su sitio en los informativos». Las contundentes palabras del premiado tuvieron réplica en el consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano, otro gran aficionado a los toros que reclamó «mantener una tradición centenaria y afrontar con valentía el futuro de la fiesta».

Usó también el capote el alcalde para «defender con firmeza la fiesta de los toros» y, de paso, seguir ganando terreno en sectores tradicionalmente poco propicios para el socialismo pero en los que sus rivales cada vez aparecen menos. Baste el ejemplo de ayer con los premios taurinos, la recepción posterior al Consejo de Hermandades y Cofradías o el encuentro en la caseta del Círculo Mercantil, donde estuvo el regidor con sus principales delegados; donde también tuvo sitio el portavoz de Ciudadanos con los suyos comentando el paseo triunfal de Rivera de la jornada previa; donde también llegó a estar la responsable local de Participa; pero donde no apareció ningún portavoz municipal más.

Esa Feria «oficial» que aún permanecía ayer viva tuvo otro punto de encuentro relevante en la citada recepción a las autoridades por parte del Círculo Mercantil e Industrial con motivo de su siglo y medio de existencia, efeméride por la que se le ha dedicado este año la portada del recinto. Al ágape se sumaron no sólo los responsables municipales que procedían de los premios taurinos sino también el delegado del Gobierno, Antonio Sanz, y el subdelegado en Sevilla, Ricardo Gil-Toresano, quienes recibieron felicitaciones diversas por el saldo positivo en cuestiones de seguridad de la Semana Santa y de lo transcurrido de la semana de farolillos (pese a que éstos apenas aparecen en varios tramos del real) tal y como ocurrió con el delegado municipal, Juan Carlos Cabrera. Este último, no obstante, va cargando con crecientes críticas por la cobertura de la fiesta que están realizando los taxistas.

Porque también hay otra Feria en las paradas del taxi, convertidas en purgatorios a partir de la medianoche, o en las lanzaderas del bus repletas de familias. Y también la hay en los aledaños del recinto bajo el aroma de los churros de Flota de Indias. O en las inmediaciones del Náutico, aunque allí el aroma es más bien norteafricano. Pero también eso lo es. O en el camino de vuelta a pie por el puente de las Delicias. O en los últimos besos robados en el Tardón antes de subir al metro. Como hay también una Feria de transición entre la apoteosis de la bulla y la llegada de los visitantes, con sus rutas guiadas. Hay una Feria para oír y bailar sevillanas y otra para mirar de refilón el partido de anoche del Betis. Hay una Feria en la que el alcalde se hace fotos con un enrojecido británico con kilt digno sucesor de «Pepe el escocés». O una en la que el paseante es incluso capaz de encontrarse a un feriante con un libro en la mano; así iba ayer por el real el periodista y escritor Francisco Robles, de verdad. Quizás porque ayer era ayer. O porque la Feria tiene mil caras. Y todas caben en un jueves.