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Apertura: Taberna El Lindero, cocina de siempre «non-stop»

Por Rocío Górriz,

Sus creadores, los Hermanos José y Antonio Candelario, aún se muestran emocionados por la acogida que ha tenido su apuesta más personal en una zona muy poblada de bares, tabernas y restaurantes, que presentan justa batalla a diario sobre el mantel, como es el Centro de Córdoba (Gran Capitán,35)
Lo bautizaron así en honor a una linde que encontraron durante las labores de reforma del local. El resultado es un espacio diáfanos, sencillo y acogedor, de tonalidades claras y luces cálidas,
Su cocina es un auténtico laboratorio de ideas que se plasman en el plato gracias al chef Juan Marmolejo. Su trabajo se centra en una cocina de siempre, clásica pero en la que se busca la excelencia. «Y eso sólo se consigue con el mejor producto y aplicando una dosis de justa creatividad», asegura.
Taberna El Lindero cubre la demanda de sus clientes de la mañana a la noche. Comienza con desayunos rotundos y bien planteados, en que no falta café de calidad, zumos naturales recién exprimidos, y generosas tostadas. La variedad es amplia, desde la clásica con aceite o la de pizcos de jamón, a la de crema de York o paté, pasando por la sempiterna mantequilla o tentadora sobrasada.
El otro punto fuerte del día es la hora del aperitivo, que bien se puede solventar con algunas de sus tapas, raciones o medias raciones de clásicos como los boquerones en vinagre, ensaladilla rusa, salmorejo, huevas de merluza, tortilla de patatas o salpicón de mariscos.
A diario también ofrece un menú del día, que incluye la opción de escoger entre tres primeros platos, tres segundos y se redondea con pan, bebida y postre a un módico precio.
La otra posibilidad es decantarse por algunas de las especialidades que incluye la carta o bien por las sugerencias que se presentan durante los fines de semana y que cambian bastante a menudo (mejillones rellenos «Mar y Tierra», pimientos del piquillo rellenos, canutillos de salmón con bacalao, entre muchas otras).
A pesar de llevar sólo dos meses en funcionamiento, su clientela, mayoritariamente familiar y vecinos del barrio, se han decantado ya por su revuelto de bacalao, rabo de toro, carrillada, riñones y mollejas y unos ricos boquerones al limón.
No obstante, su carta incluye chacinas ibéricas para ir abriendo boca. Así como platos frescos de la talla de los cogollos de Tudela con ventresca o la ensaladilla de bogavante e incluso la mazamorra.
Otro de sus puntos fuertes es la carne: lechón de Cardeña, solomillo y presa ibérica a la parrilla o un imponente solomillo de ternera con foie. En el apartado de pescados, conquistan a sus parroquianos gracias al punto que le dan al pulpo, el bacalao o los calamares en diferentes elaboraciones. Y merece la pena comer las tortillas de camarones.