Actualidad Córdoba

Raquel Carmona, estilista gastronómica: «También se come con los ojos»

Por Rocío Linares,

Descubrimos a Raquel Carmona en el mundo de las redes sociales, con una comunidad de casi 85.000 seguidores. Domina dos de las herramientas más poderosas de venta de la actualidad: la imagen e internet, con su blog y su perfil en la red social. Y con estos dos ingredientes ha logrado hacer de su pasión, su trabajo: la fotografía con la cocina y el juego de la luz y los espacios.

Es «home economist», una profesión que no nace aquí y que apenas cuenta con profesionales en España, nos dice ella misma. Traducido es estilista gastronómica, que tiene que ver con comer, pero de otra forma. Trabaja como fotógrafa para la empresa cordobesa La Carloteña y la marca de menaje Bra, y ha hecho proyectos para importantes conserveras, lácteos del país vasco y marcas de cerveza. También es «influencer», aunque no quiere quedarse sólo con esta etiqueta. La combinación de ambas cosas le ha llevado a publicar el libro «Foodie.El festín de la fotografía y el estilismo gastronómico», a estar presente en una exposición de fotografía en la Fundación Telefónica y a conseguir algunos premios del entorno «blogger».

–¿A qué se dedica exactamente?

–Como estilista gastronómica me encargo de montar y capturar imágenes en las que se le saque el máximo partido a los alimentos y los platos, ya sea en fotografía o en vídeo. Mis clientes me cuentan la idea de imagen que tienen: para un catálogo, una promoción, y yo preparo una escena que vaya acorde al producto y a lo que se quiere contar.

–¿Cómo descubrió esa profesión? 

Es muy curioso porque todo empezó cuando me regalaron una máquina de procesar alimentos. Empecé a buscar recetas, descubrí algunos blogs cuando ese mundo aún era muy desconocido, y pensé que yo podía hacer lo mismo. Entonces tenía un equipo de fotografía muy básico y no sabía nada de técnica pero me aventuré a crear mi propio blog. Luego vino el momento de comparar y pensaba que mis fotos eran muy feas y que la comida que hacía estaba riquísima. Tenía que mostrar eso en la imagen y así empecé a profesionalizar  el material y a encontrar un estilo propio. Hasta que un día una empresa me contactó para que les hiciera unas fotos.

Raquel Carmona fotografía

Foto: Raquel Carmona

–Entonces ¿internet ha sido su lanzadera?

–En parte sí, ha sido la herramienta. Yo he sido muy constante con las publicaciones del blog y muy cuidadosa con lo que subía a las redes sociales. Y aunque al principio cometiera errores, he logrado descubrír el lenguaje no escrito del mundo digital, que es muy curioso. Pero sin duda la exposición y el alcance que me ha dado tanto el blog como mi cuenta de instagram han sido claves. En seis años que llevo trabajando en esto, no he tenido que buscarme ni un cliente.

–¿Cómo llega de fotógrafa a «influencer» y qué ha cambiado esto en su día a día? 

–El cambio de nivel se produjo hace dos años, cuando Instagram me propuso como cuenta sugerida porque valora la calidad del contenido, te considera una cuenta inspiradora y con una comunidad fiel. Entonces en 15 días pasé de tener 10.000 seguidores a 80.000 y muchísimos comentarios y mensajes. Ya con esos números se te considera influenciador y empezaron a contactarme empresas para que sacara su producto en mi perfil. Y aunque esto está muy bien pagado, hay propuestas que no acepto porque no me guste la marca o el producto en sí. Incluso hay recomendaciones que hago sin cobrar, simplemente porque algo me gusta.

–La gastronomía tiene en internet una gran comunidad conocida como «foodies», ¿cómo es esa otra dimensión?

–Es un mundo exigente en el que se mira mucho qué haces y qué dices y además es un mundo con el poder de hacerte llegar sus opiniones. Para mí eso es muy importante, recibir comentarios ya sean críticas o aplausos sobre mi trabajo. Es lo que me ha hecho llegar hasta donde estoy hoy.

–La imagen es muy importante como herramienta para vender en el mundo de la empresa, pero ¿qué hay de los restaurantes?

–La imagen es igual de importante porque también se come con los ojos. Ellos venden sus platos y mientras antes sólo tenían su local para mostrarlos ahora tienen muchos escaparates en los que enseñar su trabajo, ya sea una web, un perfil social, un blog o un foro. Aunque todavía no le sacan el máximo partido.

–Teniendo en cuenta la estética del local y sus platos, ¿en qué restaurantes de Córdoba se come con los ojos? 

–El primero que diría es el restaurante Noor, de Paco Morales, donde el ambiente y hasta los utensilios que ponen en la mesa aportan a la experiencia gastaronómica. El sabor es muy importante pero lo que ves también suma. Y también El Aura, que es un espacio blanco con una decoración minimalista que impacta y sus platos están cuidados, o La Regadera. Aunque para mí por ejemplo también tiene gran fuerza la imagen de La Bodega, una taberna de toda la vida con típica barra de madera y sus barriles porque es un espacio que me trae recuerdos de infancia. Cada imagen sugiere sensaciones diferentes.

–¿Y qué foto montaría para mostrar la esencia gastronómica de Córdoba?

–Sin duda una foto con un salmorejo, en la que tienen que salir unos buenos tomates, una telera y aceite de oliva. En mis fotos de platos siempre intento que aparezca el ingrediente principal. Me gusta ir a la esencia del plato.