La Tortuga

La Tortuga: Sin prisa pero sin pausa

Por Gargantúa

Nombre La Tortuga
Dirección Plaza Marbol de Bañuelos, 1 ()
Horario De 08:00 a 00:00, excepto de viernes y sábado: de 08:00 a 02:00. Domingo: 09:00 a 00:30 horas
Teléfono 957481956
¿Tiene barril de Cruzcampo? No
Terraza

Una de las lagunas que arrastra el Centro de Córdoba es la falta de mayor oferta gastronómica. Ya no les digo los domingos. Salvando determinados templos o firmes propuestas sin horario, ese trajín urbano de otras ciudades en sus corazones se echa en falta. Y aquí tiene su aplicación aquello del huevo y la gallina: ¿no hay más sitios porque no hay más clientes o viceversa…? En la esquina de Barqueros con Diego León —por cierto, insigne militar cordobés del siglo XIX que murió fusilado mientras consumía en forma de puro su última voluntad— habita una Tortuga que hace gala del principio adscrito a la filosofía de este quelonio: sin prisa, pero sin pausa.
Es uno de esos locales urbanitas abierto de sol a sol. Un todoterreno que afronta el desayuno, el aperitivo, el almuerzo, la merienda, la cena y a su vez es panadería y repostería. Ritmo agitado, música que amplifica esa agitación…, pero no venimos a un retiro eremita. Es un gran reto para una cocina que ha de sobreponerse a los diferentes públicos y a las diversas apetencias del paladar según las horas. Así, su carta es ambiciosa en este contexto, que es donde debemos juzgarla. Prefiere ensanchar por los entrantes (más compatibles a cualquier horario). Predomina la verdura y las hortalizas como trazabilidad sin caer en veganismo (hasta once tipos de ensaladas), aunque con ese toque exótico (couscous, pastelas, etcétera…) que hoy se pretenden en casi todos los lugares análogos. No faltan las buenas carnes: entrecot del Valle de los Pedroches o una hamburguesa de buey óptima. Ojo, tampoco los guiños al «abc» patrio: salmorejo, flamenquín y rabo de toro, y me resulta interesante la propuesta de pescados, adoleciendo de cierta plancha: pastela marinera, wrap de espinacas o salmón al papillote.
Abrimos con un Tierra y Mar que enrolla salmón con berenjenas de manera jugosa y una salsa a la que tal vez le sobre el punto caramelizado. Seguimos con unas croquetas de setas, metidos en temporada, más que aceptables habida cuenta las tropelías que uno puede llegar a encontrarse bajo este plato universal. Y cerramos con una influencia magrebí: la pastela marinera, en esta ocasión de pez espada, mejillón y langostinos. Clave el hojaldre, crujiente pero no en el punto perfecto, aunque de buen trato.
No se vuelca en la carta de vinos. Este tipo de establecimientos no está para eso, aunque no estaría de más algún guiño con tres o cuatro referencias selectas que nunca vienen mal. Ahora bien, para el final, lo mejor. El postre no hay más que levantarse, irse al mostrador de tartas, e interiorizar el festín dulcero. Apuesta segura y exitosa: portuguesa, de queso, manzana….