Puerta Sevilla Taberna Restaurante

Puerta de Sevilla: El aire de la muralla

Por Vicente Sánchez

Nombre Puerta Sevilla Taberna Restaurante
Dirección Calle Postrera, 51 (  )
Horario De 13.00 a 16.30 horas y de 20.00 a 23.30 horas.
Teléfono 957297380
¿Tiene barril de Cruzcampo? No
Terraza

La Puerta de Sevilla está situada en el extremo occidental del recinto amurallado del Alcázar Viejo de Córdoba. La puerta de entrada a un barrio señero por la estela de los patios, hito cordobés. La muralla que parte hacia el río y que luego continúa paralela a él, es obra cristiana del siglo XIV aunque fue casi rehecha por completo bajo la dirección del arquitecto municipal José Rebollo Dicenta en 1958.
Adosada a ella por su parte interior se encuentra la casa que alberga este restaurante desde el año 1999, regentado por la familia Rosales, de larga tradición en la restauración cordobesa. En su patio central se encuentra el más genuino de sus comedores con sus paredes repletas de plantas y con una decoración de enorme respeto por la tradición.
Los platos se van generando sin demora alguna, acorde con las exigencias y cadencias de cada grupo de clientes. El panaché de verduras con almendras y salmorreta es muy agradable y donde las verduras vienen crujientes y rutilantes de color. Aquí la salmorreta (salsa espesa típica de la gastronomía alicantina que suele acompañar a los arroces de pescado) es más bien un caldito, por cierto muy rico, de ajo, aceite, vinagre y pimentón que trae recuerdos de aquellos con los que antiguamente se aderezaba la ensalada de lechuga en algunas mesas de esta ciudad.
Las alcachofas salteadas con vieiras del Cantábrico es un plato resultón aunque la alcachofa (con su rabo como es de rigor) bien cocida y tersa, se queda insulsa y acuosa, desconectada del bivalvo. Por otra parte el tartar de salmón aderezado con encurtidos y especias está perfecto, aliñado en su justo término y en el último instante para permitir respirar al pescado.
Casi al mismo nivel está la merluza a la parrilla con jugo de guisantes y espinacas que tomamos después, donde su lomo, bien tratado, se acompaña de una tenue y sutil salsa de verduras. Y para terminar una espuma de crema catalana con gel de avellanas y helado de canela en la que el frío del helado con lo etéreo de la espuma crean una armonía de contrastes muy gustosa.
En resumen una comida clásica, puesta al día, sin sorpresas de vanguardia, que se sustenta en una encomiable profesionalidad, tradición y trabajo.