Bodega El Cerezo

Bodega-bar El Cerezo: «Otra ciudad en los labios»

Por Euleon

Bodega-bar El Cerezo: «Otra ciudad en los labios»
Nombre Bodega El Cerezo
Dirección Calle Dr. Fedriani, 30 (  )
Horario De lunes a viernes de 11:00 a 17:00 y de 20:00 a 0:00. Sábado de 11:00 a 17:00. Domingos cerrado
Teléfono 954371005
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza

«Una de las cañas de Cruzcampo más frías y mejor tiradas de la ciudad: grifo bajo y buena muñeca, no hay más»

Anda estos días el ABC entregando en cómodos plazos un excelente serial sobre Joaquín Romero Murube salido del taller de bordados de Julio Mayo, Paco Robles y la compaña. Si usted se lo está perdiendo no tiene perdón de Dios, porque en el “poeta de arriate” -como lo refiriera Villalon- están las claves de la Sevilla que perdimos, incluso de la que nunca tuvimos. Y es que el fino y frío poeta palaciego soñó para sus adentros una ciudad quimérica, casi utópica e ideal, tan bella y perfecta como inalcanzable. Hay otra Sevilla, real en su irrealidad, que está reflejada en sus barriadas. El Cerezo es un arrabal de La Macarena que, como bien definiera la fina escritora sevillana Reyes Aguilar, no tiene ni un cerezo; ni tampoco existen las playas que nombran sus calles. Una Sevilla de sevillanos nacidos en otros mundos. Vecinos con la Arabia en los ojos y el África en la piel; orientales de corazón amable, sureños de las américas… Porque la ciudad también está hecha de riadas de gente; de capas de colores que tiñen el paño de nuestra historia.

En la orilla del barrio con la avenida que da entrada a la Macarena, haciendo esquina está el bar El Cerezo, que se escribe así, pero se pronuncia La Escalerita por el pretil que lo eleva de la cota de la calle. El buen “tabernauta” hispalense que se precie no puede pasar otro día sin conocer los caracoles de esta casa de cristal en la pared y serrín en el suelo, fundada en 1969. Un año muy acorde a la destreza de la succión caracolera…

Heraldos del estío, los moluscos aquí son generosos de romana y alegres de pique. Empezó haciéndolos la abuela, en los inicios de la tasca, y los guisa ahora Juan José, heredero de Pablo, su fundador. Se sirven en platillo con bajoplato para el eterno descanso los cuerpos vacíos, vulgo cáscaras. También tienen cabrillas en salsa y las gambitas del “puñao” que junto a la mojama y al mejillón en escabeche son la excusa perfecta para el gozo de una de las cañas de Cruzcampo más frías y mejor tiradas (valga redundancia) de la ciudad. Sin glacial ni gaitas. Grifo bajo y buena muñeca, no hay más. Y es que hay otra Sevilla en los labios, la de la tapa y el trago con el que aliviar la desesperanza de los desheredados de la suerte.
¿O no les recuerda este verso de” Lugar” de Romero Murube el trasiego de una caña en La Escalerita? A servidor, sí:
La luz agria de tu barrio
me ronda con tus cristales.
Por entre mis manos fluye
el agua añil de la tarde.
El aire queda vencido
en la pared de mi carne.
Las esquinas giran locas
alrededor de mi talle.
..//..
¡Ay, se me corta la vida
en el cristal de esta tarde!