Bodeguita Romero

Bodeguita Romero: «Todo sigue en su sitio»

Por Euleon

Bodeguita Romero: «Todo sigue en su sitio»
Nombre Bodeguita Romero
Dirección Calle Harinas, 10 (  )
Horario De martes a jueves de 12:00 a 17:00 y de 20:00 a 0:00. Domingos de 12:00 a 17:00
Teléfono 954229556
¿Tiene barril de Cruzcampo? No
Terraza

«Al frente aún permanece don Pedro, mas serio que Juan Belmonte y el Viti juntos, vigilando la barra desde atrás»

Si hay algo a lo que este cronista teme más que a una vara verde -en asuntos tabernarios-, es al llamado ‘relevo generacional’. Cuando llego a una taberna de esas de “todalavidadeDios”, categoría ermita o capilla del tapeo, y el dueño te presenta al hijo con la cantinela de que ha estudiado en tal escuela y le va a dar un giro moderno al negocio, me echo en sal. El acto se repite (lamentablemente es ley de vida) y donde antes te daban unas espinacas con garbanzos, ajustadas de todo, ahora te endiñan unas algas; una piruleta de atún donde antes iban tres trozos de crujiente y a la par jugoso pollo frito; o un rulo de queso de cabra con mermelada donde una mojama de Ayamonte o una lasca de sudado queso manchego. Por todo esto, el menda Lerenda, visita periódicamente esos templos románicos y románticos de la tapa para la complacencia de que todo sigue en su sitio, que nada ha cambiado gracias a Dios y a su Señora Madre.

Uno de ellos es la Bodeguita Romero, en este caso sucursal de Harinas. Allí se quedó Pedro Romero cuando los hermanos partieron peras, sin que se haya notado una pizca de merma en la calidad que firma el apellido paterno. La calle invita a meter la pata de cara al forastero deambulante, pero Pedro no ha cedido ni tanto así en su comanda sevillana: ensaladilla de gambas, la ‘carrillá’, la cola de toro, las papas aliñás, el menudo de ternera, el ó la pavía de bacalao o el solomillo al whisky. Todo más sevillano que un pésame. Al frente, don Pedro, mas serio que Juan Belmonte y el Viti juntos, vigilando la barra desde atrás, con las manos en la espalda, como los capataces antiguos dirigían un paso: sin voces, solo mirando a los manigueteros y a los contraguías que aquí son los camareros.

Como dice el dogma, el jamón lo corta el dueño y en este caso Romero rebana las lascas de bellota Summum de Huelva con precisión y economía cirujana. Como debe ser en una taberna con pedigrí, Romero tiene una carta de vinos generosos de gran solera, nunca mejor dicho. La Panesa o Maestro Sierra en finos, Xixarito pasada o San León por Sanlúcar; Leonor en palo Cortado o los amontillados El Tresillo, Colosía o Imperial, que pintan el catavino con el color del caramelo de unos ojos virginales. Todos ellos en postura para su taco de bacalao o su imponente montadito de ‘pringá’.

Ahora está sucediéndose el relevo, pero la mano y el sello de la casa sujetan firme la maroma de la tradición para que la novedad solo quede en el placer de la vuelta a la memoria de las cosas bien hechas.