Fluvial

Fluvial: «Un oasis en el paseo»

Por Mentapicada

Fluvial: «Un oasis en el paseo»
Nombre Fluvial
Dirección Paseo de Colón, 3 (  )
Horario Lunes a domingo de 12:30 a 23:30
Teléfono 955953387
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza

«Una sorpresa más que agradable con todos los ingredientes para convertirse en un lugar de referencia en la zona»

¿Un hotel moderno con buen servicio? ¿Es eso posible?¿Y con buena cocina? Bueno, pues parece que hay otro más que se unen al grupo de hoteles que están apostando por la gastronomía. En este caso se trata del restaurante del hotel Kivir, situado como un oasis entre los bares de copas que inundan el paseo de Colón.

Acudimos a comer aquí avisados de que su jefe de cocina procedía de Velouté y, aunque anticipemos el final, creemos que ha superado la cocina del conocido restaurante de La Buhaira.
El espacio es amplio y luminoso, una galería que da al paseo de Colón y donde tienen cabidas la larga barra, unas mesas altas y unas mesas bajas quizás demasiado juntas, como hoy es signo de los tiempos. La amplia carta tiene un apartado de tapas, generosas y a buen precio, que recogen muchos de los platos y te permiten aproximarte a su cocina. Y un servicio atento y cómplice redondea la experiencia.

Todo lo que hemos tomado estaba bueno y, algunos platos, sobresalientes. Por empezar por lo más normalito, la ensaladilla de pulpo con mayonesa de pimentón, que debería ser santo y seña en esta ciudad y que tiene camino de mejora.

Bueno estaba el canelón de carrillada con unas acertadas tejas de parmesano, y también el ravioli gigante relleno de carne de centollo y langostinos con crema de mariscos que quizás se queda algo pesado. Algo parecido a lo que le ocurre a los espaguetis, demasiado poderosos (son negros, de sepia, y llevan tagliatelle de calamares al ajillo, langostinos, sopa de tomate…)

Y de todo lo tomado sobresalen para nosotros en primer lugar las croquetas de puchero con alioli de hierbabuena, con una bechamel y una carne de esas antiguas que ya ni recordábamos; la bomba de cola de toro y patatas trufadas con su jugo de cocción, la original y atractiva ensalada César (con milanesa de pollo, tomates cherry, cebolla crujiente y una vinagreta lograda de miel y mostaza), un plato tan sencillo o complicado como los buñuelos de bacalao, que lo bordan y una morcilla de arroz bien hecha , acompañada de jamón y huevo de codorniz y a la que sólo le sobra la crema de puerros.

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Terminamos con una milhoja de toffee, plátano con helado de cookies, al que, una vez más, le sobra un ingrediente para estar redondo, en este caso la nata.

En resumen, una sorpresa agradable en una zona de la ciudad que llevaba tiempo sin aportar novedades, una apuesta gastronómica sólida y acertada pero con su riesgo -quizás hay que aligerar de ingredientes algunos platos- y un servicio y espacio agradables y con futuro. Sólo nos tenemos que olvidar que es un hotel -a los sevillanos nos cuesta- y entrar.