La Barra de Cañabota

La Barra de Cañabota: «Orfila, puerto de mar»

Por Euleon

La Barra de Cañabota: «Orfila, puerto de mar»
Nombre La Barra de Cañabota
Dirección Calle Orfila, 5 (  )
Horario De 12:30 a 16:00 y de 19:30 a 23:30
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza

«Una magnífica recreación, decorativa y gastronómicamente hablando, de la cervecería-marisquería clásica»

Se dice que antiguamente una ardilla podía cruzar España de norte a sur sin pisar el suelo, de la cantidad de árboles que había. Independientemente de que por entonces no hubiera tanto alcalde de motosierra fácil como ahora, a mí esa frase siempre me ha parecido un camelo gordo. Parafraseándola, podemos decir que un sevillano canino puede subsistir los 365 días del año comiendo de balde en los múltiples y variados eventos que hay por toda la ciudad.

Desde el llamado desayuno informativo donde -a cambio de encajar una charla plomífera- puede uno aplicarse al acartonado cruasán con café y zumo, o esas presentaciones de libros rematadas con el inefable vino español, hasta el cabildo freidor cofradiero. Y sin olvidarnos de todas esas entidades variopintas con sus entregas de premios de rigor. Sevilla es la ciudad del canapé, mañana, tarde y noche. Siendo una cara conocida, teniendo la misma como el mármol (o ambas cosas a la vez) usted puede llegar por la noche a casa bastante nutrido e hidratado sin haber abierto la faltriquera en todo el día.

Ahora bien, el que pueda que se acerque a lo nuevo de los Tribeca (Fernández y Guardiolas) junto a su exitoso Cañabota. Aprovechando el tirón del restaurante revelación de los últimos tiempos han cogido el traspaso del local colindante para recrear allí, decorativa y gastronómicamente hablando, la cervecería-marisquería clásica: camareros de punta en blanco, azulejos ídem y mucho acero inoxidable. La carta de peces depende de cómo se le haya dado a Eduardo la redada por esas lonjas de Dios: ostras, berberechos, almejas, navajas; o los pescados del día. Pero uno viene aquí al tapeo cervecero y por tanto recomienda su comanda al efecto: la eminente ensaladilla de langostinos, huevas de bacalao al pimentón, los huevos de choco en colorao o su soberbio menudo de bacalao, valga el ripio. Todo ello empujado con una Cruzcampo de grifo correctamente dosificada y fría. Puestos en manos del camarero, eficaz y eficiente, cayeron con honor en su día unos gloriosos chocos y ortiguillas al frito modo. Excelentísimos.

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Mar adentro tienen un comedor imitando una cámara frigorífica con su puerta gorda y su suelo pintado y hasta sus cajas de plástico de atrezo, el cual, como no podía ser de otro modo, resulta más bien frío. Mejor echar el codo cual serviola en su mostrador y admirar su vitrina cefalópoda: pulpo, gamba blanca, roja… y con unas buenas papas aliñas o salpicón de buey de mar atreverse con el tarantelo de atún con la garantía de Conservas Gadira.

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A la media ración la llaman aquí tapa para compartir, un eufemismo ‘quitamiedos’ que no deja tener su gracia y su parte de razón. No es lugar para tiesos, pero yendo con tiento se puede echar en esta barra una velada de tapeo realmente inolvidable.