La Colonial Ultramarinos

La Colonial Ultramarinos: «Un negocio curioso y nada oloroso»

Por Euleon

La Colonial Ultramarinos: «Un negocio curioso y nada oloroso»
Nombre La Colonial Ultramarinos
Dirección Calle Ángel María Camacho, s/n. Esquina con Plaza Pescadería (  )
Horario De martes a sábado de 13:00 a 16:00 y de 19:00 a 23:00. Domingos de 13:00 a 16:00. Cierra los lunes
Teléfono 954626851
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza No

«La Colonial Ultramarinos no es un bar, tampoco una abacería típica, ni una tienda al uso…es un negocio donde entran ganas de quedarse a vivir»

Sostiene un buen amigo de este cronista que la verdadera memoria personal reside en la pituitaria. Que son los olores los reclamos de la nostalgia. Este amigo, que vive en el hemisferio sur el exilio laboral, confiesa padecer «espejismos aromáticos». Dice que a veces le sobrevienen -en los lugares más insospechados y en las situaciones menos esperadas- perfumes a pan, a castañas asadas; a puchero y cocido, a tostadas y a calentitos. Que cree oler a adobo en la soledad interior de un populoso restaurante exótico, dice el tipo… Y es que la llamada a la melancolía mas potente es el perfume íntimo de lo ausente. Como pasa con esa colonia o aquellas flores, que son la imagen invisible de nuestro pasado. El caso es que lo que hoy traemos a la sabatina del ABC no huele. Pero sabe. Y es que Álvaro Alonso Burgos se ha sacado de la manga un negocio inclasificable. No es un bar, tampoco una abacería típica, ni una tienda al uso. La Colonial es un negocio de venta de comida para llevar, donde entran ganas de quedarse a vivir. Para empezar está limpio, como dan fe sus aseos. Después porque, mientras le preparan lo pedido, puede ser que ande por allí el mayor de los Alpresa tocando la bajandí por Diego del Gastor. Y, para terminar, porque tiene una carta de cosas para llevar que asusta de buena: sangre encebollá, menudo con garbanzos o espinacas con los mismos trompos, albóndigas en salsa de setas, higaditos o la carrillada al vino. Hablando de vino, el menda se llevó puesta, porque no tenía bolsa, una botella de un Ribera del Duero sencillamente adorable: Chafandín. Y es que la bodega tampoco es manca: Palos Cortados, Amontillados, Jereces, Olorosos, Manzanillas… Pero lo mas curioso del tinglado son sus frituras. Tiene Álvaro una “máquina del demonio” para freír que no necesita extractores ni nada porque no suelta humos ni pestes fritangueras. Es una especie de ‘termomí’ modernísima que permite freír juntos ortiguillas y carne sin que se mezclen los sabores.

-Deje el Chafandín, Euleón, que le está haciendo daño.

Oiga, lo que está leyendo, que servidor probó una sabrosísima presa de paleta frita, a la vez que las anémonas chipioneras mentadas, y cada cosa sabía a lo suyo. El croquetaje es tan bueno como original: de cola de toro, de sepia, camarón, gambas al ajillo, manitas o huevo con trufa. También de la máquina de freír salen impecables los taquitos de bacalao, el gallo empanado, el adobo o los lomitos de merluza. Y todo esto sin salir de allí oliendo a churrero.

Si quiere sorprender a sus invitados en casa quedando como un Arguiñano, ya no tiene excusas. Y deje los olores a comida para los melancólicos de napias antiguas.

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