Las Piletas

Las Piletas: «La tradición bien entendida»

Por Mentapicada

Las Piletas: «La tradición bien entendida»
Nombre Las Piletas
Dirección Marqués de Paradas, 28 ()
Horario De lunes a viernes de 7:00 a 0:00. Sábados y domingos de 9:00a 0:00
Teléfono 954220404
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza

«Este es uno de esos lugares especiales donde se tapea mejor que se come sentado»

Hay restaurantes donde la vida se ve desde distinta forma según te sientes en sus mesas o te acodes en su barra. Justo eso es lo que nos pasa en Las Piletas. Cuando hemos ido a mesa y mantel (porque aquí afortunadamente todavía hay manteles y servilletas de tela) y hemos comido sentados, nunca nos ha entusiasmado. Y es que es uno de esos sitios donde se tapea mejor que se come, o al menos a uno se lo parece. Y no han sido no una, ni dos ni tres veces.

También es que en la barra tienes la posibilidad de ver lo que va saliendo de cocina o lo que toma tu vecino de al lado, y eso, claro, ayuda a no equivocarte.

Además, y no es poco importante, tienen una cuadrilla de camareros veteranos (aquí no hay becarios ni estudiantes) que se llevan bien y que disfrutan entre ellos trabajando. Y eso se nota en el ambiente que se respira. Si además le añades el encanto del sitio -que parece mucho más antiguo de lo que realmente es -están cumpliendo 30 años ahora mismo- pues la verdad es que vale la pena acercarse por aquí

La cocina de este restaurante es de las que se denomina “andaluza” que es otra forma de decir “más clásica, imposible”. Tienen hasta sopa de picadillo. En Las Piletas siempre hay que empezar por un poco de chacina porque su jamón serrano y caña de lomo tienen la suficiente rotación para que siempre estén buenos y bien cortados, que las dos cosas son importantes. Mientras esperamos nos tomamos una interesante tapa de mechada con tomate que siendo una combinación tan obvia nunca recordamos haberla visto así (salvo en tostada de por la mañana, que de tostadas aquí también saben -y sirven- un montón). Seguimos con unos boquerones muy bien fritos pero de esos de tamaño mediano tirando para grande, aunque buenos. Mientras esperamos los platos más fuertes pedimos una tortilla francesa por el sólo hecho de ver la que se estaba tomando nuestra vecina y vaya si acertamos. Enseguida llega el plato estrella que es la cola de toro, en el que hay que puntuar con un diez la salsa, con un ocho la carne y con un cinco las patatas fritas que le acompañaban. Terminamos la comida con un más que correcto solomillo al whisky. Los postres son tan clásicos como la carta. Ya se pueden imaginar: flan, tocino de cielo, arroz con leche, natillas…o fruta del tiempo.

En definitiva, una buena barra, entretenida y adonde acudir cuando no quieres correr riesgos.