Nombre Manolo Vázquez
Dirección Baltasar Gracián, 5 ()
Horario De 13:30 a 17:00 y de 20:30 a 00:00
Teléfono 954572146
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza No

“guisos caseros y buen pescado para hacer más placentero cualquier viaje”

El mundo -gastronómicamente hablando- se divide en dos: los que aprovechan el tiempo y comen en el tren camino de Madrid y los que ajenos a la ¿comida? de Renfe preferimos buscar un sitio cerca de la estación para almorzar y llegar al AVE de las 15.45 ya comidos y prestos para la siesta.
Un reciente artículo de GURMÉ nos recordaba cuáles son esos restaurantes cercanos a la estación donde se puede parar: Casa Paco, La Flor de Azafrán, Malambo´s, … Y volvió a nuestra memoria Manolo Vázquez, así que decidimos volver para saber cómo seguían. Para empezar Manolo sigue sentado en el mismo sitio, al final de la barra, controlándolo todo. Todo gira en torno a él en un restaurante donde cada uno tiene su papel bien asignado e incluso hay una persona sólo para las cuentas y proveedores.
La visita la empezamos con una ensaladilla de gambas que es el referente para muchos pero que a nosotros nos parece quizás demasiado pesada para elevarla a los altares. La coquinas que tomamos demasiado pequeñas para que las ponga un restaurante de un choquero. El buen pan y la exquisita ejecución no llegan a compensar el mal trago. Después nos ha llegado una ensalada de colas de cigala que ya sí compensan. Original plato y bien ejecutado. Si sus albóndigas de choco son otro de sus referentes, pero hoy hemos probado unas albóndigas de carabinero difíciles de superar. Lo fácil es que todos los platos que llevan esas salsas marisqueras se te queden pesados pero estas albóndigas son ligerísimas, y con el arroz de guarnición, perfectas.
Terminamos con los pescados: un pez espada y un rodaballo frescos y, sobre todo, perfectos de punto, que es lo más difícil, y que un tal Paco en la cocina lo ha logrado.
Nos vamos sin espacio para más. Hemos comido muy bien en este restaurante que nos atrevimos una vez a definir de estilo “barroco-rociero”. Siguen prefiriendo no mostrar la carta con lo que siempre llegas a la cuenta con el corazón encogido y quizás echarle en cara al camarero que nos atendió, que no nos advirtiera de que pedíamos de más o haber reducido las raciones a medias. Ya se imaginan la siesta en el tren.