Nombre Mesón Los Gallegos
Dirección Calle Capataz Rafael Franco, 1 (  )
Horario De 9:00 a 23:30
Teléfono 954214011
¿Tiene barril de Cruzcampo? No
Terraza

«Un negocio familiar de emigrantes galaicos con un genuino aroma a casa de comidas de pueblo norteño»

A veces lo verdaderamente complicado y complejo en esta cosa de la gastronomía es ser auténtico. Verán, corren tiempos en los que, para dar de comer medio bien, las barandas del sector lo envuelven todo en una estrafalaria parafernalia de decoración, diseño, comunicación, marketing y otros mil recortes de cuernos con los que renovar algo tan simple y consustancial al hombre como es la alimentación. Al final resulta que encontrar alguien que te sirva una sopa de picadillo en un plato de Duralex un día frío y lluvioso, con una viena y un vaso de vino es más difícil en Sevilla que en Londres. Y sin embargo aún quedan sitios en la mismísima zona cero de la Híspalis turística como la casa de Rafael. En una calleja entre la Campana y la Plaza del Duque tiene el mesón Los Gallegos toda su verdad. Porque se llama mesón, lo parece y lo es. Porque se apellida gallego y es de un tipo de Vigo. Y sobre todo porque lo que dan allí es tan sincero como lo son ellos mismos, que esa y no otra es la madre del cordero de la verdadera hostelería.

Los Gallegos es un negocio familiar de emigrantes galaicos con un genuino aroma a casa de comidas de pueblo norteño: muebles rústicos de estilo provenzal, cubremantel de papel, mostrador de madera y maneras en el servir de las de antes. Camareros, parcos en palabras, eficaces y atentos a lo suyo, no a lo nuestro. Al frente de la barra suele estar la hija de Rafael, Mari Carmen, una gallega-sevillana o viceversa, a quien hace poco el destino metió un gañafón traicionero donde más puede doler a una madre. Olvidó ese maldito tocayo del signo zodiacal de los nacidos en Julio que el pulpo mejora con los golpes y que a los gallegos no se les dobla con miedo. Amainada la galerna, esta familia de padres, hijos y yerno siguen a lo suyo: dar un soberbio pulpo con cachelos, el lacón con grelos o la clásica empanada. La única cocina fusión que aquí se estila es la que funden con la sevillana: un menudo de gloria bendita, ‘pescao’ frito en aceite limpio (ojo a sus boquerones), unos riñones al jerez tremendos o la ensaladilla bendecida por Fray Casado y toda su casta monástica ODER. Tampoco se pierdan su arrolito en paella, y es que tienen un menú diario tan solo ajustado en precio que quita las penas y… las ganas de volver al trabajo. Porque sus raciones son tan abundantes como sincera es la cocina de cuchara de esta casa: fabada, sopa gallega de pescado o de picadillo. Y todo esto con Ribeiro, Rías Baixas, o Albariño. Y es que si usted sale de lo de Rafael con hambre es que tiene un problema grave.