Recoveco

Recoveco: «Una cocina de altura»

Por Mentapicada

Recoveco: «Una cocina de altura»

Recoveco

Nombre Recoveco
Dirección Esquina de las calles Ortiz de Zúñiga y Morería (  )
Horario De 12:30 a 23:30
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza

«Un espacio distinto, una carta original y un servicio que, milagrosamente,
funcionó teniéndolo casi todo en contra»

La sorpresa fue mayúscula. Fuimos a comer al restaurante de este hotel boutique, que es como se les llama ahora y en vez de entrar en el comedor que se antoja desde la calle nos dirigieron al ascensor para subir a la última planta. Allí nos aguardaba una vista 360º de Sevilla con mesas distribuidas en varios espacios, algunas de ellas resguardadas -afortunadamente- del sol en una de esas nuevas estructuras de cristal panelable que están cambiando la forma de aprovechar las terrazas.
Tras unos segundos valorando la situación estuvimos a punto de darnos media vuelta. No era eso lo que buscábamos, no se veía mucho personal y todas las mesas estaban ocupadas. Pero mirando la hora decidimos que no íbamos a encontrar fácilmente donde ir. Menos mal. Porque sin querer descubrimos un espacio distinto, una carta original y un servicio que, milagrosamente, funcionó sin demasiados problemas.

Aterrizando en la cocina, tomamos contacto con unas tostas de anchoa con guacamole sobre un pan de maíz al que le sobra la mermelada de tomate (al menos la deberían poner a un lado). Enseguida llegan unas correctas croquetas de rabo de toro con un toque picante gracias a la mayonesa de siracha. Le sigue el mejor plato que tomamos ese día, un sashimi de lubina con una vinagreta de yozu y unas huevas de salmón, sencillamente excelente. Nos acercamos con prudencia a la carta de atún que preparan de hasta nueve formas distintas. Y triunfamos con una tosta de atún macerado y huevas de salmón sobre pan de coca y repetimos el éxito con una tempura de tarantelo de atún hecha con tinta de calamar y con mayonesa de wasabi y que sirven sobre un fondo de wakame.
En el apartado de carnes nos decantamos por un cochinillo confitado servido ya deshuesado con un cremoso de manteca colorá que se nos queda algo flojo, sin fuerza. Eso sí, el cochinillo “per se”, perfecto. Terminamos con un chateaubriand de retinta a la parrilla, una carne tierna y muy buena, bien acompañada de pimientos y no tan bien de patatas.
Tras este festín, cerramos con una rica hamburguesita con helado de macadamia que pone el dulce punto y seguido a una carta que nos ha sorprendido y que nos pide volver para seguir probando. Eso sí, a ver si para entonces podemos hacerlo en el comedor principal para darle la importancia que una experiencia así se merece.