Nombre Sabina Los Remedios
Dirección Av. Presidente Adolfo Suarez, 26 (  )
Horario De martes a sábado de 12:00 a 17:00 y de 20:30 a 0:00h. Domingos de 12:00 a 17:00. Lunes, cerrado.
Teléfono 954453807
¿Tiene barril de Cruzcampo?
Terraza No

«Menos mal que existen restaurantes más preocupados en dar de comer bien y a gusto, que en cambiar por cambiar»

Hace pocos días nuestro “jefe” en ABC nos llamó para contarnos que acabábamos de cumplir los diez primeros años mandando estas críticas que, cada quince días, intentan ofrecerles un resumen objetivo y ameno de nuestras visitas a los restaurantes de Sevilla. Y nos recordó que el primer artículo que apareció fue sobre Sabina Cartuja -lugar donde, por cierto, donde nos convenció para empezar con esto- y que se tituló “Cordialidad a la carta”.
Y como quiera que teníamos pendiente una visita al nuevo Sabina Los Remedios allí que nos hemos ido, junto a la portada de la Feria. En realidad, lo que ha hecho Sabina es volver a Los Remedios como un acertado titular de GURMÉ indicó hace pocos meses. Y lo hace introduciendo, por primera vez, algunas variaciones a su carta intemporal (porque lo que sí han manejado siempre estupendamente es sus “fuera de carta”, en donde el arroz en cualquiera de sus guisos siempre es un fijo).

Comenzamos nuestra comida con una refrescante y sabrosa ensalada de tomate, burrata y pesto que, para variar, no estaba en la carta y merecería estarlo. De la carta sí tomamos un plato tradicional, las croquetas, que siguen siendo buenas, pero no entendemos porqué tienen que ser “variadas”, es uno de esos misteriosos universales sin resolver. Lo que sí han introducido en la carta, y de ellas nos habían hablado – y con acierto- es de sus tostas de atún con mayonesa de soja. Magníficas. Ahora que -gracias a Dios- vuelve a estar de moda la casquería no podíamos dejar de pedir sus sesos de cordero ligeramente rebozados, una delicia.

Entramos en palabras mayores con una de las mejores colas de toro que se preparan en Sevilla, acompañada de unas patatas fritas sabia y delicadamente cortadas, que servían para rebañar ávidamente la salsa. Y rematamos con un plato que aún se ve poco por nuestras mesas que es el codillo de cerdo, que no recordábamos haber pedido nunca aquí y que remata con nota el apartado salado de la comida.

El final no puede ser más dulce con dos de sus postres de siempre que dominan a la perfección: milhoja de nata y manzana, y, sobre todo, la tarta de chocolate y galletas. Y es que esa es la parte buena de cartas que no varían mucho-.

Como el ambiente es familiar, el personal amable y pagamos por la comida menos que hace diez años, nos vamos con la sensación de haber celebrado nuestro cumpleaños con ustedes de la mejor manera posible.