Restaurante Tribeca en el barrio de Nervión

Tribeca: «Clasicismo e innovación»

Por Enrique Pérez

Tribeca: «Clasicismo e innovación»
Premio Gurmé 2015 del Jurado al Mejor Restaurante de Cocina Creativa
Nombre Restaurante Tribeca en el barrio de Nervión
Dirección Chaves Nogales, 3 (  )
Horario De 13:30 a 16:00 y de 21:00 a 24:00
Teléfono 954426000
¿Tiene barril de Cruzcampo? No
Terraza No
Premio Gurmé 2015 del Jurado al Mejor Restaurante de Cocina Creativa

«La búsqueda constante e incansable del producto en su momento óptimo»

Tribeca, el proyecto de los hermanos Pedro Giménez y Eduardo Guardiola situado en pleno barrio de la Buhaira, es un restaurante de fachada sobria con un luminoso interior de mesas de mantel blanco impoluto y ambiente relajado y acogedor.

La propuesta gastronómica de este restaurante la podríamos definir como la búsqueda constante e incansable del producto en su momento óptimo. Una cocina clásica, sutil y elegante, en la que Pedro Giménez trata al producto de manera honesta, respetando los sabores propios y manejando magistralmente los puntos de carnes y pescados.

Tribeca cuenta con una carta bien estructurada y dinámica en la que la temporalidad marca los tiempos y condiciona la oferta gastronómica de este restaurante. Además de su oferta de entrantes, carnes y pescados en carta, encontramos la opción de un menú degustación por 75€, sin duda la elección más recomendable para recorrer y conocer más a fondo la cocina de Pedro. Comenzamos con elaboraciones como los ya clásicos Tartar de carabinero reposado en un pan de ortiguillas y el salmonete a la llama, que aquí es previamente marinado. Les sigue un original chicharrón coronado con un guiso de cresta de gallo y setas. Continuamos con un ensopado o mánfanos castellano con trufa de otoño, la muestra palpable de como una elaboración tan humilde como esta se puede elevar a la alta cocina con un resultado excelente y que fue la antesala de dos de los pases más destacables: el ravioli de huevo, panceta ibérica y ostra a la brasa, cremosidad y untuosidad con un contrapunto de yodo y salinidad indescriptibles; y unos fideos de sepia fermentados y acompañados de yema de erizo que aportaba profundidad y carácter al plato. La parte contundente del menú la protagonizaban una jugosa corvina, perfecta de punto, confitada en su jugo que daba paso a un pato de Chalosse, excelente producto, pero de ahumado algo excesivo e invasivo y ensalada de dátiles.

Tribeca prescinde de postres demasiado golosos, nos quedamos con el bizcocho borracho de maíz y el helado de cacao y huitlacoche.

A mitad de camino entre el clasicismo y la innovación, Tribeca se ha consolidado sin duda alguna como uno de los restaurantes más afianzados en la gastronomía hispalense, donde la temporalidad y calidad del producto es prioritaria e innegociable.