Reportaje Córdoba

Gran Bar: Un sabor con mucha personalidad

Por Jesús Prieto,

Decir Gran Bar en Aguilar de la Frontera es referirse al nombre de un negocio que todo el mundo identifica como algo propio. No en balde este restaurante ha cumplido ya los 43 años de historia. Una andadura que comenzó con su anterior propietario, Luis Hierro. Pero, apenas dos años después, pasó a manos de Juan Llamas que, hasta entonces, había sido camarero en el mismo establecimiento.
El Gran Bar comenzó a dar empaque a una zona de la ciudad que estaba en expansión. Entre sus primeros clientes, recuerda el actual propietario, estaban los estudiantes del instituto de Bachillerato que, a precio módico, venían aquí a degustar su plato más codiciado: los palillos con mayonesa acompañados de alguna bebida. Por aquellos años apenas había dos locales más en el entorno.
En esa etapa la cocina estaba a cargo de la esposa del propietario, Asunción Morales. Fue ella la que ideó algunos de los platos que perduran aún hoy día en la carta del Gran Bar. Por ejemplo, las cigalas de huerta, las alcachofas rebozadas o el lomo frío. Unos sabores y unos gustos que se ligan de manera indisoluble al establecimiento. Sin olvidar otro plato también muy típico y ya de larga solera como es el huevo al Gran Bar.
En abril de 1986 se hizo cargo de la cocina Rafael Parlón que procedía del restaurante del mítico hotel Las Viñas ya desaparecido. Su llegada supuso un nuevo rumbo en la cocina sin olvidar la tradición que ya se había adquirido. También desde muy al principio está en la plantilla Antonio Morales.
Con la llegada del nuevo chef comenzaron a introducirse los hoy famosos «Torpedos» así como los denominados «Carrasquitos» que vienen a ser un apelativo de Carrasco, el segundo apellido del cocinero. La persona que vaya al Gran Bar no se puede olvidar del rape en salsa verde o del san jacobo en salsa española.
El local nunca ha cambiado de ubicación aunque, eso sí, ha experimentado algunas reformas a lo largo de su ya dilatada historia. La última de ellas fue en el año 1990 y cambió la fisonomía del establecimiento, pero supo conservar un sabor genuinamente clásico. Muchas fotografías antiguas, de pretéritas épocas, atraen ahora la atención de los comensales.
Y precisamente el público que llena sus mesas suele ser un cliente fiel aunque es habitual también ver caras nuevas que llegan atraídos por su buena fama. Son precisamente esos clientes los que han hecho posible que varias veces obtenga premios en la Ruta de la Tapa de Aguilar. Y no es el único galardón, ya que también cuenta con un «Plato de Oro» concedido por Radio Turismo.