Reportaje Córdoba

Magaluf: Viaje del tapeo a la mesa y mantel para comer

Por Sandra Núñez,

Hace ya 32 años, corría 1986, María de los Ángeles Párraga subía por primera vez las persianas de su establecimiento de hostelería en Baena. Abría sus puertas la Cafetería Magaluf.
Su dueña y cocinera recuerda que «tan solo teníamos cinco o seis tapas» y explica que «yo era muy joven, apenas 22 años, y no sabía mucho de cocina pero me gustaba mucho». Y este amor y curiosidad culinaria la empujó a aprender más y más. «He hecho muchos cursos» indica y «dedicándole todo nuestro tiempo e innovando poco a poco», el Magaluf, como se conoce en Baena, ha superado dos crisis y tiene una clientela «muy buena y fiel». Tan leal que «tenemos clientes que venían con sus hijos y ahora vienen con sus nietos», resalta su dueña orgullosa.
La clave de esta lealtad estriba para Mari Ángeles en «el trabajo y la discreción». Además de, obviamente, sus tapas y raciones que muchas se sirven desde el día que abrió sus puertas. Asegura esta empresaria que «no podemos tocarlas porque son las que hacen que esos clientes que tenemos de toda la vida sigan viniendo». Así, desde hace 32 años, ningún día han faltado en la cocina las criadillas de cerdo y los chopitos al ajillo. Son el santo y seña del establecimiento. Mari Ángeles cuenta satisfecha que «viene gente en vacaciones a por tomar las criadillas que sólo tengo yo». Las prepara de un forma muy sencilla, «rebozadas y fritas pero tiene su punto», explica con una sonrisa.
Con los años y el arte de hacer que el cliente que venía «sólo» a tomarse una cerveza se quede a comer, el Magaluf ha ido sumando platos a su carta. Ya van por 25, «más las sugerencias que hacemos todos los fines de semana», apunta Mari Ángeles.
La carta, explica, «la variamos muy poco», puesto que los clientes no les dejan hacerlo así como así. Con las criadillas y los chopitos se codean las alcachofas a la montillana o la carrillada ibérica al Pedro Ximénez. Tampoco falta el rabo de toro o el bacalao.
Es en los platos fuera de carta es donde la cocinera da rienda suelta a su creatividad y de así surgen las croquetas de queso de cabra con mermelada de tomate, la tosta de carrillada también con queso de cabra —«que siempre gusta», incide Mari Ángeles— con mermelada de tomare o el bacalao confitado en aceite de oliva virgen extra con crema de espinacas y rollo de patatas.
En resumidascuentas, un ambiente familiar y cocina casera en el Magaluf donde ir a tomar una cerveza significa realmente quedarse a comer.