Reportaje Córdoba

De compras por… El Mercado de Ciudad Jardín

Por Rocío Górriz,

Apenas amanece, se levantan las rejas del mercado ubicado en la Glorieta de Cisneros. Los más madrugadores emprenden su camino a este auténtico templo del, como lo llaman los creadores de tendencias, «slow food». O lo que es lo mismo, consumir en función de una lista de la compra marcada por los productos de cercanía y el respeto absoluto a la temporalidad de cada alimento.

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Un buen ejemplo son las dos fruterías que hay nada más entrar al Mercado de Ciudad Jardín: Frutas Manolo y Frutería Pedro y Carmen. El responsable del primero es Manuel Rosa, quien coloca con esmero las setas tan típicas del otoño (shitake, boletus, portobello, níscalos y setas de ostra, entre otras variantes). Aunque consciente de que ya casi cualquier tipo de fruta o verdura está disponible a lo largo de todo el año (gracias a la importación), da los mejores consejos para comerla en su mejor momento. «El otoño es la estación de los caquis Persimón, las chirimoyas, las últimas uvas buenas del año, las nueces y las castañas», asegura. También tienen mucho éxito sus boniatos, que vende tanto asados como crudos. Y es un maestro del pimiento y de su grado de dulzor, ya sea rojo, verde, amarillo o naranja.

En el puesto contiguo, Pedro Serrano y Carmen Luque montan cada día una auténtica «cabalgata» frutera y vegetal. «No nos faltan la acelga fina, de penca, la col de Castro del Río, que se la llevan para ensalada, o bien para tomarla con ajito frito o esparragada», advierte Carmen. Igualmente orgullosa está de sus pimientos carloteños, «perfectos para asar porque tienen mucha carne» y de sus naranjas de mesa de Palma del Río («aunque cuando más ricas están es en Navidad»). Resuelta como pocas, en un momento monta un frutero espectacular con piezas de temporada: granadas, piñas, mango, aguacate chirimoya y manzanas (Golden, Fuji y Royal Gala).

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Más contundentes son los alimentos que comercializas Rafael Rodríguez en la Charcutería El Rincón de Rafael. No es fácil decantarse por una de sus 50 variedades de queso, que proceden de Cádiz, Zuheros, Sansueña, Ocaña, Palencia y Zamora. «Los preferidos de mis clientes son los de oveja y cabra», destaca.  También es amplia su gama de jamónes ibéricos de cebo y de campo, que llegan desde el Valle de Los Pedroches, Salamanca y Granada y que es posible adquirir por «patas enteras o en cortado en lochas en pequeños paquetitos al vacío».

En su particular «despensa cordobesa» reposan generosas piezas de bacalao de Albacor (Castro del Río) y litros de AOVE de Montoro, Baena y Montilla.

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Seguimos nuestro paseo por este laberinto «foodie» y nos encontramos con Carnicería Pepe, con José Antonio Pérez al frente. Lo suyo es una auténtica oda a la casquería de cerdo y ternera. Una oferta amplia, fresca, variada y lista para llegar a manos expertas que le den el punto perfecto: callos, hígado, sesadas, oreja, morro, codillos y manitas…

Su clientela también viene atraída por sus piezas de panceta ibérica y blanca, presa, lomo, chuletitas ibéricas y rabos de toro. Y si alzamos la mirada, podemos encontrar chorizos y morcillas de Espejo, así como Jamones de Valdepeñas.

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En un recodo del mercado trabaja Rafael Santiago, en el puesto que lleva su mismo nombre (Alimentación R. Santiago). A su mostrador ya ha llegado la Navidad. ¡Cualquiera se resiste a clásicos como las hojaldrinas, bolas de coco, roscas de vino, polvorones, mantecados… Treinta variedades de dulces desde los más económicos a las especialidades premium!

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Al margen, y durante todo el año, vende legumbres, ibéricos (sobre todo jamones), arreglos para el cocido, migas y lomos de bacalao, frutos secos, conservas y salsas. Y aceite de oliva virgen extra de Nueva Carteya, concretamente, de Olivarera Nuestra Señora del Rosario.

Justo en frente está Casa Manolo Aceitunas y Encurtidos. Manuel Ruz y Loli Pérez traen desde Montalbán productos de la marca El Mesto, de elaboración propia. Es complicado no salivar ante tamaño muestrario de chupadedos, rallada, gazpacha, lejía gorda, etc

También han creado un lenguaje propio para bautizar a sus encurtidos. Sus «kimbos» y «kimbitos» no son otra cosa que aceituna grandes y pequeñas rellenas de pepinillo. A ellos se suman las guindillas, ajos blancos, coloraos, coliflor, banderitas y berenjenas.

En su día a día también venden conservas de Navarra (sardinillas, habas, pimientos y setas, entre otros), sardinas arenques al estilo tradicional y huevos (ecológicos, camperos y normales. Igualmente, sus estanterías están a rebosar de especias para comprar a granel. «Últimamente están teniendo mucho éxito el lino marrón y amarillo, que se lo llevan para elaborar panes y repostería casera», reconoce Loli. Aunque entre las más originales estén algunas como ajedrea, espliego, pebrella o cebolla en escamas.