Reportaje Córdoba

El Botijo Blanco (La Rambla), la marca singular en la tradición

Por Rocío Linares,

El éxito de El Botijo Blanco en La Rambla les llega de la ilusión y la constancia que ponen Trinidad Acosta y Alfonso Gómez. El matrimonio, propietario del negocio, se embarcó en esta aventura «cuando otros muchos también lo hicieron. Se recuperaba la economía y hacía falta en el pueblo», relata Trinidad, y desde hace tres años tienen abierto su restaurante donde las recetas de siempre se transforman con la creatividad de la jefa de cocina.
Es la misma Trinidad la que está detrás de la carta y los fogones, mientras que Alfonso atiende la barra y la sala. Sus especialidades se han convertido en favoritos a golpe de «casualidad». «Hace un par de años probamos a servir una ensaladilla de gambas al ajillo y ahora no podemos dejar de hacerla. En otra ocasión experimentamos con una lubina, que servimos con salsa de cangrejo y ajo negro, y es uno de los platos favoritos. Para Semana Santa también experimentamos con albóndigas de choco y hemos descubierto que gustan mucho. Ahora está en la carta», explica Acosta. Y así surgen los «toques que diferencian» sus platos.
Para Trinidad y Alfonso es fundamental estar al día y por eso han empezado a incorporar en sus elaboraciones nuevas técnicas como el cocinado a baja temperatura, con el que ofrecen un costillar de ternera «que tarda unas doce horas en hacerse» y que se ha convertido en un reclamo. También destacan sus flamenquines, particulares porque son de berenjena o salmón y queso. Y compiten con las croquetas, que triunfan en su surtido ya que combinan la de bacalao y gambas, la de espinacas y piñones, la tradicional de cocido y la de rabo de toro. Todo esto se elabora de lunes viernes, «cuando todo está más tranquilo en el pueblo», para darle salida en el fin de semana.
Generalmente poco agraciadas, las ensaladas en El Botijo Blanco son «muy demandadas». Las hacen con muchos y variados ingredientes, como la de pollo en escabeche con frutos secos y confitura de manzana o membrillo «según haya en el mercado», añade la cocinera. Y es que para ellos el respeto a la temporada y a los productos que tocan en cada estación es fundamental. «Nos vamos al mercado y con lo que hay, cocinamos. Ahora por ejemplo traemos las alcachofas, las habas… todo en su momento de máxima calidad». Por eso cambian la carta con frecuencia.
El Botijo Blanco es un espacio rústico con vigas de madera y suelo de barro pero decoración moderna. «Con la misma idea que tenemos en la cocina», apunta Trinidad, rompiendo así lo más tradicional con su sello de identidad.