Reportaje Córdoba

Fino CB Alvear: uno de los nuestros

Por José Ignacio Santiago,

Uno de los vinos Montilla-Moriles más conocidos fuera de nuestros límites es Fino CB, que también a los jóvenes les sonará, y que no plagia la marca de ningún whisky de sonoro parecido, sino que homenajea a Carlos Billanueva, el capataz que velaba la crianza de estas soleras y criaderas marcando con sus iniciales las botas del sistema que iba seleccionando.  El gran secreto de un fino estable en su calidad no es otra que tener las espaldas bien cubiertas, con una gran numero de litros inmovilizados en los distintos estadíos de crianza, y el otro puntal, la selección de botas cada vez que se va bajando las escalas. Por eso es tan necesario un capataz que conozca a cada una de sus botas, aparentemente todas iguales, pero con sutiles matices que las difieren y solo él conoce, como un pastor a las ovejas de su rebaño, a las que incluso pone nombres.

Fino CB AlvearEs un vino fino de libro, homogéneo en el tiempo, a diferencia de otros en los que cada saca parece vinos diferentes, y que precisamente ahí reside su encanto, sobre todo para un público más friki, que espera verse sorprendido por la novedad de cada saca puesta al mercado. Pero lo verdaderamente plausible por su dificultad es conseguir que el vino sea siempre el mismo cada saca y año.

En fase visual, impecable. Limpio y brillante, de color pajizo con tonos verdosos y acerados apreciables al tumbar la copa hacia delante y observar los laterales que forman una «u». Lagrima rápida y abundante, delatora de los 15 grados y vejez del vino.

En fase olfativa es intenso. Punzante en su primer ataque, almendrado, algo floral y frescor herbáceo junto con un marcado aroma a pan, aunque obviamente menos que el CB en rama que se cató en Vinoble en un magistral mano a mano, y que al no tener tratamientos alcanzaba un notable protagonismo del aroma de levadura, la «fábrica» del vino fino, Bernardo Lucena dixit. En boca es seco, fresco y ligero en su paso debido a sus 5-6 años de crianza, que resta untuosidad y que suma un elegante amargor final de persistencia media, con limpio aroma retronasal a fruto seco y ahumado y con aparición progresiva de la salinidad, que ayudará a realzar el sabor de las tapas con las que acompañarlo adecuadamente, a unos 7 u 8 grados y más en el recién llegado verano. ¡Salud!