Reportaje Córdoba

La Bodega (Almedinilla), patrimonio gastronómico centenario

Por Rocío Linares,

El restaurante La Bodega es patrimonio gastronómico de Almedinilla. Los muros de su cafetería, en la plaza de la localidad, son testigos de historias de más de un siglo y la vida de su interior tiene como protagonistas, desde el principio, a la familia Barranco Ramírez. Tienen la licencia más antigua del Ayuntamiento de Almedinilla y ahora son los hermanos los que regentan tanto el restaurante como la cafetería Plaza.
De este negocio familiar nos habla Tomas Barranco, que anda ocupado con el proyecto de reformar la cafetería. «Convertirla en un comedor juvenil» es lo que quieren, para que no sea tan formal como el restaurante. Ubicado en la bodega de la casa, es un espacio con decoración añeja y recetario tradicional «rescatado», esto es, reinventado y adaptado tanto a producto como elaboraciones más actuales.
Sus platos más populares son también los más típicos de la zona, como el remojo de naranja, del que Barranco presume de ser los primeros en sacarlo en la carta. Como estrella, cuenta uno de los gerentes de La Bodega, es su revuelto de cardillos reales, que, según explica, «es una hierba más fina que el espárrago que se comía en la posguerra porque crecía en las cunetas y todo el pueblo tenía acceso a ella», recuerda Barranco. De sabor, detalla, «supera a los espárragos y en su revuelto queda muy jugoso».
Este sería uno de los platos más singulares de su carta, junto con la trucha en salsa de nata y almendras o el salmón con gambas y salsa rosa. «Las croquetas son muy populares porque las servimos en surtido con variedad». Sin embargo, y superando a todo esto, cocinan el rabo de toro, del que sacan pecho.
Al preguntarle sobre el secreto para mantener un negocio abierto tanto tiempo, Tomás contesta que es cuidar mucho el producto. «Las carnes, por ejemplo, ibéricas y de calidad. No me conformo con cualquiera ni con cualquier pescado. Nos preocupamos de la elaboración, del sabor, y por supuesto, de la presentación, pero no cocinamos para la foto, sino para que se disfrute comiendo», apunta Barranco.
En el pueblo valoran su cocina y su puesta en escena de mantel, pero como explica el gerente, también hay mucho público que busca algo más ligero, comer de raciones y más rápido Por eso cubren su oferta gastronómica con la cafetería, en la planta baja, donde sirven desde sándwiches, hamburguesas y pizzas. Y dentro de poco en «un ambiente ‘vintage» pero «renovado», adelanta. Y es que es tanto para los paisanos como para el turismo, siempre pendiente.