Reportaje Córdoba

Pepe Jiménez, el bar de las brochetas gigantes

Por Rocío Linares,

Pepe Jiménez, el bar de las brochetas gigantes

Pepe Jiménez avisaba a su mujer de que pondría un bar. Ella lo tomaba a broma, «era muy parchoso», recuerda Teresa Mengual, hasta que un día lo hizo y «ni él mismo pensó que iba a tener tanto éxito», reconoce la esposa. El bar Pepe Jiménez, o «el de Pepín», como le conocen cariñosamente en Ochavillo del Río, siempre será el bar de las brochetas porque «son gigantes». Y aparte de su tamaño, su peculiar presentación, colgadas en vertical «Lo mejor que hicimos fue comprar esos soportes», explica Mengual.
Las brochetas llegaron tras un año de funcionamiento del local y revolucionaron para siempre la vida de esta barra de pueblo, de parroquia y platos caseros. «Un kilo de carne cerdo adobado con un aliño especial de la casa que se mantiene en secreto, atravesado por casi un metro de alambre que después se cuelga», detalla la dueña de la cocina de este bar. «Este mecanismo vino de Barcelona y está patentado», para más detalles del artilugio.
Y aunque las brochetas son el reclamo y el atractivo de locales, provincianos y turistas también de fuera de las fronteras, la carta sigue con una lista de platos «de las casas de siempre, caseros y contundentes», dice Mengual, que ha seguido elaborando recetas que aprendió de su madre y ésta de la suya. Unos sabores de tradición y una forma de hacer «al estilo antiguo» como le gusta reconocer.
Croquetas de sabor intenso a cocido, flamenquines de talla grande, sanjacobos y frituras de pescado son opciones que casi siempre se encuentran en la mesa. Para los que quieren algún guiso, la carne con tomate o los callos son también una opción de éxito. Y como recomendación para compartir, también con fama y popularidad, su plato campero con un taco de lomo frito en manteca, «que pesa más de medio kilo», aclara Mengual, un trozo de chorizo, dos huevos, patatas y pimientos. «Para dos, como mínimo», insiste la cocinera.
En su cocina todo lo hacen grande y sirven en abundancia. «Somos de buen comer y por eso el que viene la primera vez, repite», dice orgullosa la madre de esta familia. El sello casero se percibe en los primeros y segundos como en los postres, una «materia» en la que Teresa deja a su hija experimentar. «Está haciendo unas tartas muy buenas, como la de tres chocolates y el flan con nata, con mi receta, también lo hace muy bien», admite. Las dos están al pie de la barra y la cocina desde que Pepe se jubilara. Y de hecho Teresa espera su turno para dejar el bar de las brochetas a su hija, Rosario, cuando le haya enseñado todos sus secretos.