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De la cueva al convento: sitios originales donde comer en la provincia de Sevilla

Por Pablo Pozuelo,

Comer en una cueva o un convento puede parecer una locura, pero es más real de lo que parece. Aquellos curiosos que tengan ganas de comprobarlo tienen esa posibilidad sin salir de la provincia de Sevilla, un plan perfecto y cercano para este Puente del Pilar o cualquier fin de semana del otoño.

Las opciones son diversas y están llenas de historia, ya sea de la localidad o de la propia familia que regenta el lugar: una cueva, un palacio, una galería de arte y la hospedería de un convento. Hay para todos los gustos y viene estupendo para hacer una ruta gastronómica por la provincia. En GURMÉ nos hemos adelantado para conocer de primera mano estos sitios con encanto y saber todo lo que tienen guardado y pueden ofrecer al público, tanto por su atmósfera como por su cocina.

Una cueva a los pies de un castillo

Fotos: Tomás Muruaga

Puede parecer el principio de un cuento, en el momento de hablar del refugio de un dragón. Pero en Alcalá de Guadaíra, el dragón ha salido del castillo y está cruzando el río, dejando la cueva para que allí se guarde al auténtico arte flamenco. Allí se encuentra la Taberna de Anita la de San Miguel (San Fernando, 42), que abarca en realidad un conjunto de cuevas que tienen su origen en el siglo XV y rodean la subida al castillo.

Con ese nombre, Moisés Romero decidió homenajear a su abuela, Ana de la Cruz González, y a la taberna que tuvo durante muchos años en la calle San Miguel. La actual se encuentra muy cerca de allí, en una zona más concurrida como es la calle San Fernando, en la puerta de la muralla. Esta segunda etapa surgió con la intención de mantener la solera de la primera, en sus platos y en sus espectáculos, pues hay actuaciones flamencas durante los almuerzos y cenas.

El conjunto está formado por un patio sevillano cuyas paredes son rocas naturales de la ladera del monte, más dos cuevas pequeñas donde se celebran eventos de todo tipo. Como no podía ser de otra forma, el santo y seña de los platos en las Cuevas de Anita la de San Miguel es el pan de Alcalá. Lo más llamativo es cómo se presenta, pues se trata de un pan picado y tostado que se sirve bañado en aceite de oliva y acompañado de chacina, queso y frutos secos.

En la cocina, todos los productos son de mercado y de la temporada en vigor. El pescado y la carne nunca faltan. De hecho, la vinculación que tienen con Barbate les ha llevado a contar con atún rojo de almadraba. El bacalao confitado no se queda atrás y fusiona algunos de sus platos más característicos, pues se cocina con una base de pisto y salsa al pil pil.

Hablando de las carnes, la carta destaca por el solomillo de vaca rubia gallega, la presa ibérica y las chuletitas de cordero con corte francés, algo más grande a lo habitual en España. Tampoco falta el vino de Jerez y un Ribera del Duero que es exclusivo de Taberna Anita la de San Miguel en esta zona: Dominio de Bornos.

Para rematar la comida, los postres harán las delicias de los más golosos. La torrija es de pan de brioche, acompañada de helado casero y natilla. La mujer de Moisés, Sandra Martín, es la repostera y realiza muchos postres caseros. De hecho, hace apenas un par de semanas han abierto un nuevo espacio dedicado a la repostería y las copas también en una cueva: La de la Zarzamora (c/ Blanca de los Ríos, 2)

Un palacio donde sentirse como un conde

Dentro del Palacio de Benamejí, en Écija, no solo se encuentra el museo histórico de la localidad, también el Restaurante Las Ninfas, que abrió sus puertas hace 20 años y es regentado por Écija Gourmet desde hace cinco. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional, es de estilo barroco y tiene su origen en el siglo XVIII. Se trata de uno de los mayores exponentes de la arquitectura civil andaluza durante esos años. Aunque fue construido por los condes de Benamejí, también perteneció a los condes de Valverde.

Es difícil encontrar un restaurante abierto al público dentro de un palacio. Podría decirse que esta es la excepción que confirma la regla. La zona destinada consta de un comedor principal y varios comedores auxiliares, más íntimos. También abarca un patio del palacio que se usa como terraza durante todo el año. Su cocina fusiona los platos mediterráneos con las técnicas contemporáneas, sobre todo de estilo oriental. Aquí entran opciones para los vegetarianos como el wok de verduras, además del tartar de atún o salmón, el tataki o el pollo teriyaki.

La cocina tradicional también tiene su espacio con platos como el bacalao a la musalina, el salmón a la granja y las carnes de ternera tipo angus. Los vinos tienen un papel protagonista en Restaurante Las Ninfas, donde se incluyen la mayoría de D.O. Hay donde elegir y ello da lugar a que se realicen maridajes para el público cada 15 días.

La oferta gastronómica es amplia y el sitio es especial, por lo que reciben numerosa clientela, en especial los fines de semana. Por eso, la recomendación es reservar mesa previamente antes de desplazarse hasta allí.

El arte como inspiración gastronómica

Los hermanos Fernández Mayo son la segunda generación de hosteleros de la familia, a la que ya han seguido sus hijos. Pero uno de ellos también es artista. Lo que muchos no esperan es que ambas profesiones puedan unirse y dar lugar a una galería de arte que también es taberna. La Bomba, en la calle Federico García Lorca de Gerena, está decorada con las obras de Juan Fernández Mayo, realizadas con raíces de los árboles y cuyos significados son muy simbólicos, ya sean personajes o animales.

La taberna se compone de un patio que se adapta a la época del año. De hecho, tiene hasta una chimenea antigua. El salón interior está dividido en dos partes y tiene un piano y poesías anónimas que el público deja allí, para seguir aumentando el valor artístico del lugar. Por supuesto, cada una de las estancias tiene esculturas expuestas, algunas de ellas sin terminar para comprobar en vivo cómo una raíz se convierte en arte. Los visitantes más afortunados tendrán la oportunidad de encontrarse allí con el mismo Juan Fernández Mayo para explicarles el significado de cada escultura.

Aunque la taberna no tiene cocina, eso no es excusa para saborear su catálogo de chacinas, quesos y montaditos. Los más destacados son el bacoli, de bacalao macerado en aceite, perejil, ajo, salsa alioli y cebolla crujiente o el bomberito, con carne mechada, jamón y salsa al whisky casera. Eso sin olvidar panes como el conocido “el marqués”, de jamón y salmorejo.

La hospedería donde se cocinan platos caseros

Otro palacio donde comer, pero esta vez yendo más allá, pues se reconvirtió en un convento. En el siglo XVII, el duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, cedió unas casas de su Palacio Ducal en Marchena a las Clarisas de Santa María Purísima de la Concepción. Desde entonces tienen allí un convento que cuenta con una hospedería donde alojan huéspedes o dan de comer al público, siempre que se reserve previamente.

El encanto reside en que las monjas elaboran unos menús totalmente caseros, que venden al otro lado del torno a unos precios muy económicos que varían según lo que se elija. Además son muy completos, pues constan de bebida, entremeses, primer y segundo plato y postre, con café incluido.

Los platos principales incluyen opciones como sopa de picadillo, pollo al horno con patatas o tortilla de patatas. Para el postre, no se pueden olvidar los tradicionales dulces de convento.