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¿Dónde comer como un rey en la provincia de Sevilla?

Por Luis Ybarra Ramírez,

«Comer como un rey» es una novela de Sella de Montserrat, periodista y crítico gastronómico. Un deseo compartido y algo al alcance de muchos si nos acercamos a los espacios que aquí les presentamos. No son restaurantes al uso. Jamás podrían serlo. Por su localización, sus vistas y su historia. El patrimonio en el que se envuelven supera incluso a sus fogones, que también están a la altura, y se diferencian con todo ello de otros establecimientos. En los pueblos de Carmona, Écija, Osuna y Cazalla de la Sierra está nuestra cita con la gastronomía y la historia. Cuatro restaurantes en los que jugar a ser reyes.

El Parador de Carmona

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Carmona es uno de los municipios más bellos de la provincia de Sevilla. La Puerta de Córdoba, la necrópolis romana o los palacios que se levantan entre sus callejuelas son algunos de sus mayores atractivos. En lo más alto, cuando la tierra se cae y solo quedan vistas para la profundidad de la campiña, se ubica su parador. Una de las primeras paradas que se ha de tener en cuenta si buscamos tranquilidad y lujo en nuestro almuerzo.
El empedrado de la calle Alcázar nos recibe. La fachada que separa al pueblo del precipicio es de origen árabe y data del S. XIV. Casi 700 años de historia guardados en un enclave único donde la gastronomía se trata con mimo y el servicio es excelente. El patio interior, la cubertería, los azulejos. Todo acompaña para continuar con nuestro juego: la búsqueda de un lugar irreemplazable.

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Si cruzamos los pasillos para hablar de su cocina, Carmona cuenta con platos y postres locales como la torta inglesa o la alboronía, considerada como padre del pisto. Y en El Parador podemos disfrutar de parte de esta comida autóctona, además de carnes, pescados y numerosos entrantes. La receta más emblemática en este restaurante, quizá, es el secreto ibérico glaseado al Jerez con emulsión de chirivías. También las espinacas o el bacalao confitado al romero sobre patatas rotas al pimentón. Como el Alcázar del Rey Don Pedro en el que se ubica, eso es parte de su patrimonio. La comida y el entorno, el entorno y la comida. Cada uno mejor que el otro y juntos conforman lo que anunciamos en el titular. Aquí se come como reyes.
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Las Ninfas (Écija)

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En Écija, la de los siete niños y once torres, han guardado una joya dentro de otra para que quien vaya se encuentre con las dos. El restaurante Las Ninfas se localiza en el Palacio Benamejí, también conocido como el Palacio de los Condes de Valverde. El edificio está declarado como Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional, ya que es una muestra excelsa de la concepción del estilo barroco en la Baja Andalucía, y, por supuesto, merece una visita.
El suelo por donde un día paseó la nobleza lo ocupan hoy veladores de ensueño. Sus arcos son de piedra y en el patio, de planta rectangular, el ambiente invita al recogimiento, aunque a veces haya música en directo, se celebren eventos y espectáculos con monólogos. Juegan al contraste con las columnas de mármol, las bóvedas y las caballerizas. Y lo siguen haciendo en la cocina.

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La decoración está cuidada al detalle y todo nos recuerda que estamos en el museo municipal de Écija. Si atendemos a la carta, destacan los productos de la dieta mediterránea pero concebidos desde una postura global. Hay tradición y vanguardia. Neologismos que conviven con la morcilla al Pedro Ximénez. Clasicismo y lingotes de magret con toque de cítricos que se reparten el espacio. Algo para convencer a cada paladar de que este rincón está lleno de encantos, y en los fogones solo encontramos algunos de ellos. Miren si no a su alrededor.
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El Rincón de Tarín (Osuna)

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Y si hablamos de rincones, la visita al de Tarín se plantea casi como una obligación. La calle San Pedro, donde está el Hotel Palacio Marqués de la Gomera en el que se encuentra este restaurante, fue declarada por la UNESCO como «la segunda más bella de Europa» y es una de las principales arterias de esta población. Las gárgolas de su fachada apuntan con cañones. Todo luce barroco y colonial. El pórtico, el león del patio interior o la imponente fachada del S. XVIII cuentan leyendas sobre este edificio que debemos escuchar.

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La carta, por su parte, camina de la dehesa al mar y termina con una amplia variedad de postres de profunda tradición, como la leche frita o la panna cotta. También resulta suculenta la oferta de arroces, donde los chefs José Luis Fernández, conocido como «Tarín», y José María García nos proponen el «socarrat del señorito» o la paella clásica valenciana. De nuevo, lo culinario no queda en una mera promesa de los que las paredes de alta cuna pueden llegar a proclamar. A los reyes hay que conquistarlos con todo. Y aquí no se han conformado con mostrar la historia, que ya era suficiente. Hay mucho más.
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Posada del Moro (Cazalla de la Sierra)

Julia y Lucía en Cazalla de la Sierra

«Al moro me voy», cantaba Antonio Mairena en una de sus seguirillas estelares. Quizá en vez de cruzar el estrecho cogió el camino hacia el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, donde se ubica esta posada. Quizá también soñó con nuestro juego y buscó la naturaleza y la calma que este enclave le podía ofrecer. Los jardines, la fuente, el salón, la decoración que justifica el nombre del negocio. Cualquiera se iría al moro a comer o a descansar.
La maleza rodea a este complejo y lo convierte en un oasis. El campo, las matas, la montaña. La Posada del Moro no podía brindar otra cosa sino sosiego. Además, las alfombras que decoran algunos suelos, las teteras árabes o las lámparas que pintan de cetrino los atardeceres la convierten en una parada más que sugerida.

Julia y Lucía en Cazalla de la Sierra
No importa si se pretende ser jeque o rey. Ambas opciones son válidas aquí. Y, en cuanto a su cocina, la tradición ha sido la que ha ganado un mayor terreno y la que ha cortejado a quienes fueron a conocerla. Las hermanas Piñero, Julia y Lucía, aseguran que «los sabores de la sierra siempre tienen algo especial». Las carnes, pescados o productos de temporada como los gurumelos completan la carta de este lugar en Cazalla, situado a poco más de una hora en coche desde la capital.
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Los cuatro restaurantes ofrecen la posibilidad de alojamiento. Tienen el atractivo de la exclusividad pero están al alcance de muchos. Tanto Carmona como Écija, Osuna y Cazalla, además, tienen una oferta cultural, artística y monumental que seduce de por sí. No hace falta ninguna excusa para visitarlos pero, aún así, los establecimientos que hemos mencionado también se plantean como un pretexto para acudir a estos pueblos. Naturaleza, gastronomía e historia a raudales y por momentos. Que no cuestan tanto unas horas como reyes.