Entrevista

Jeanine Merrill (La Azotea) visita El Algabeño: “Es una esquina muy especial”

Por Isabel Aguilar,

Aunque la visión gastronómica que aplica en su negocio es contemporánea y sofisticada, Jeanine Merrill (La Azotea) disfruta en el día a día acudiendo a un espacio de toda la vida en el que se siente como en casa. Vecina de la zona, no duda en pedirles una caja de leche cuando lo precisa o que vigilen a los niños cuando bajan a la esquina a jugar

En California, reconoce, no hay ningún sitio parecido a El Algabeño, un establecimiento de toda la vida donde Jeanine Merrill suele desayunar o picar algo al mediodía. Le cae justo al lado de casa y eso hace que se haya convertido en su parada de referencia, donde se detiene a comer algo entre las idas y venidas a La Azotea o al cole de los niños. Nolo Fernández está al frente de un negocio que no ha querido rendirse a las tendencias gastronómicas que imperan en la zona y que mantiene con orgullo el sabor de los bares de siempre.

Fotos: Tomás Muruaga

¿En qué momentos visita El Algabeño?

Me gusta venir a desayunar y a picar algo al mediodía. Por el horario de mi trabajo y del colegio la mayoría de las veces como sola, con lo que me gusta venir aquí porque sé que me tratan como en casa.

¿Desayuna al estilo sevillano o le sigue gustando más el americano?

En California siempre desayunaba huevos y aguacate y ahora que los servimos en Casa Dimas a veces los tomo, pero la verdad es que estoy ya muy acostumbrada a mi tostada con aceite y tomate triturado y mi café con leche sin lactosa. Cuando entro por la puerta de El Algabeño no tengo ni que pedirlo, me lo sirven porque me conocen.

¿Le gusta el ambiente auténtico de un bar como éste?

Me encanta. Esta es una esquina muy especial y los vecinos del barrio venimos mucho, aquí nos conocen y conocemos a Quique y a Nolo y todos nos llamamos por nuestro nombre. Es un bar muy familiar y el trato es siempre cercano. David, el hermano de Nolo, falleció en pleno confinamiento y toda la fachada se llenó de flores de la gente del barrio que quiso despedirle.

¿Hay en California algún bar de este corte?

Esto no se puede comparar con nada de lo que hay allí, donde abundan los Starbucks y aunque chiringuitos donde el trato sí es algo más cercano nada tienen que ver con este tipo de establecimientos que hay en Sevilla. El Algabeño es para mí mucho más que un bar donde desayunar, es el sitio donde vengo cuando necesito con urgencia una caja de leche o unas pinzas para el hielo. Tengo mucha confianza con ellos y cuando mis niños bajan a la esquina a jugar estoy tranquila porque sé que está el bar ahí para lo que necesiten.

¿Qué tapas le gusta pedir?

Al mediodía me gustan unos boquerones en vinagre con una cervecita. Las albóndigas de ternera están increíbles, hechas por la madre de Nolo que es una gran cocinera.

¿Y cuál es su rincón favorito?

Cuando se podía usar me encantaba la barra pero ahora me acomodo en alguna de las mesitas que vea libre. Las de fuera es casi imposible cogerlas, hay una auténtica pugna entre los vecinos del barrio por hacerse con una de ellas porque es una esquina muy animada. Los fines de semana incluso hay quien se pone junto al mercado a cantar o con la guitarra y cuando da el sol estás ahí y es una gozada.

¿Le gustan más los espacios modernos o los de toda la vida como El Algabeño?

Cada sitio tiene su momento. Para el día a día nada mejor que un sitio como éste, pero si es para cenar un viernes me gusta un sitio con música, decoración y cocina moderna porque lo que busco es una experiencia gastronómica.

¿Conoce a la clientela que acude a El Algabeño?

Siempre solemos ser los mismos, gente del barrio. No tiene nada que ver con el público que viene a La Azotea, aquí casi todos somos vecinos. Viene la típica señora con el carrito de la compra que se toma su tapa y su copita de anís. El trato es muy especial, es familiar y entrañable. Los fines de semana suelen estar los padres de Nolo y me gusta esa relación tan bonita que tienen.

¿Ha traído a El Algabeño a algún familiar o amigo de California?

A mi madre, y le encanta. Ella se pone a hablar con Quique y él le sigue la conversación como si la entendiera (risas).

Quién es

Esta californiana vino a nuestro país en 2002 con la intención de reforzar sus conocimientos del castellano y vivir una experiencia diferente. Había estudiado Económicas y quería hacer un curso universitario de tres meses en alguna ciudad de España. Pensó en Barcelona, pero las fechas del curso no le cuadraban y eligió Sevilla por puro azar o capricho del destino. No imaginaba que esa decisión cambiaría su vida para siempre. El autobús la dejó en Plaza de Cuba y en esos primeros minutos ya supo que había encontrado la ciudad de sus sueños: el río, la luz, el ambiente… Un cúmulo de sensaciones que la cautivó a primera vista. En esa primera estancia conoció a su actual marido, Juan Gómez, y en 2008 regresó para instalarse y abrir La Azotea. Hoy tiene claro que éste es su sitio en el mundo, una ciudad a la que le unen sus hijos, sus gentes y, por supuesto, sus bares.

Detrás de la barra

Nolo Fernández Escudero: “Tener un puntito cutre es síntoma de autenticidad”

El Algabeño es de esos bares en los que uno nunca se siente extraño ni solo. Nolo Fernández lleva las riendas del negocio y recibe con hospitalidad a todo el que llega, aunque reconoce que la ausencia de su hermano David aún es demasiado palpable en el día a día. “Él era la alegría”, lamenta aún emocionado. A su lado sigue Quique Elvira, un fiel camarero que cada jornada sirve tostadas y tapas con la agilidad de un espadachín de primera.

¿Cuáles son las especialidades de la casa?

Las tapas clásicas, como guisos y potajes, pisto, albóndigas, espinacas, carne con tomate…

¿El público se extraña de encontrar un bar de siempre junto a la Alameda?

La gente de esta zona no está acostumbrada a los bares de toda la vida, porque la mayoría de sitios que hay tienen tapas modernas. Esto es distinto, es como comer en casa y nuestros clientes nos lo dicen: ‘esto sabe como cuando cocina mi abuela’. La comida casera y el trato cercano es lo que hace volver a nuestro público.

¿Nunca ha pensado modernizar el espacio?

Más de una vez he estado a punto de quitar la reja de la ventana o cambiar los azulejos pero en el fondo pienso que tener un puntito cutre puede ser un reclamo, porque es un síntoma de autenticidad. La gente quiere estar cómoda y comer cocina casera a buen precio.

¿Llegan (llegaban) muchos extranjeros?

Claro, porque estamos tan cerca del mercado y la calle Feria que muchos venían y quedaban encantados. Teníamos incluso la carta en inglés.

Quién es

Manuel, más conocido como Nolo, trabajaba en el campo siendo apenas un adolescente cuando acudió a una entrevista de trabajo en el bar que hoy regenta. Su madre (Rosa Escudero) solía desayunar allí cada mañana antes de ir a trabajar a una casa del centro y el dueño del entonces bar Fran-Mar buscaba un nuevo camarero. Se quedó y aprendió el oficio de manos de su jefe, Gabriel Simois, quien al cabo de los años decidió traspasar el negocio y Nolo no dudó en quedárselo. Lo hizo con el apoyo de su familia (su abuela puso de aval su propia casa para que le concedieran el préstamo). Casi 25 años después está orgulloso de haberse convertido en un puntal gastronómico para los vecinos de la zona y mantener la esencia de un auténtico bar de siempre.