Entrevista

José Luis Gutiérrez: “El escaparate de La Isla seguirá siendo su seña de identidad”

Por Isabel Aguilar,

Aunque lo habitual en estos tiempos en anunciar cierres de restaurantes también hay lugar para la esperanza con noticias como la del regreso de La Isla esta primavera de la mano del hostelero Luis Millán (Puerta Caleta). Tras más de 70 años de historia, este emblema de la restauración de El Arenal merece que nos detengamos un poco más en él, para lo que acudimos a José Luis Gutiérrez, actual propietario del negocio e hijo de su “alma mater”. O más bien acude él a nosotros con la intención de dar su sitio a la familia que durante casi siete décadas ha estado detrás de este restaurante y se ha encargado de preservar su alma marinera.

Esta será la tercera vez que se traspase un negocio nacido a mediados de los años 40, cuando un joven José Luis Gutiérrez (padre) llegaba a Sevilla desde Cantabria buscando nuevas oportunidades. Después de pasar por El Barril, en la calle Tomás de Ibarra, y por el Bar Europa, en la Plaza del Pan, entró a formar parte de La Isla, que llevaba apenas unos años abierta por Luis Villar, un hostelero que también tenía la freiduría de García de Vinuesa y que bautizó con ese nombre a sus negocios porque su mujer era natural de San Fernando.

La Isla en los años 50 / Foto cedida por la familia Gutiérrez Alonso

En el año 55 José Luis Gutiérrez se quedó con La Isla, que por aquel entonces era un espacio pequeño y humilde, y a partir de ahí comenzó una época de crecimiento en la que fue añadiendo pequeños locales contiguos hasta que en los 60 ya toma la dimensión que actualmente conserva.

La Isla en los años 70 / Foto cedida por la familia Gutiérrez Alonso

“Para mí con la hostelería pasa como con los toreros, cada década está marcada por uno que sobresale del resto y que marca el camino a los demás y los 70 fue sin duda la década de La Isla”, señala Gutiérrez hijo. A su parecer, previamente lo fue Los Corales y ya en los 80 le tocó el turno a La Dorada para dejar paso en los 90 a Oriza con José María Egaña al frente.

Esa época cercana a la Expo’92 dio años de gloria a este espacio, por el que pasaron personajes de la sociedad, la cultura y el espectáculo como Sofía de Hasburgo, Richard Gere, Pilar de Borbón o Alfredo Kraus, entre otros. Precisamente en esa década, en el año 95, se produjo el primer traspaso y la familia Gutiérrez Alonso dejó de estar al frente de la gestión de La Isla, que pasó a manos de dos de sus empleados de toda la vida: Antonio Nogueira y José Alvariño. Tres años después fallecía José Luis Gutiérrez. “Mi padre supo combinar unos magníficos productos con un servicio elegante e introdujo la novedad de traer pescados del norte además de los de las lonjas cercanas”, indica José Luis. Lenguados, meros, rodaballos, corvinas, merluzas, nécoras, gambas, ostras y percebes daban vida a la vitrina que da a la calle Arfe y que siempre ha sido el emblema del negocio: “El escaparate de La Isla ha sido y seguirá siendo su seña de identidad”, añade Gutiérrez, representante de la familia propietaria del negocio, integrada por su madre, María Jesús Alonso, y dos hermanos (María Jesús y Fernando) que viven actualmente en Cantabria.

José Luis Gutiérrez Alonso con su mujer María Jesús Alonso

Esencia garantizada

Con la llegada de Luis Millán, quien está reformando íntegramente el local antes de abrir la próxima primavera, La Isla entrará en una nueva etapa en la que seguirá manteniendo su filosofía. “Como representante de la propiedad, siempre procuro que quien llega sepa mantener la esencia que siempre ha caracterizado a La Isla y me consta que el proyecto que trae Luis Millán así lo hará”, indica José Luis Gutiérrez. “Ha habido otras ofertas pero tenía muy claro que la de Luis Millán era mi apuesta porque es un hostelero de extraordinaria experiencia profesional”, añade.

Entre el primer traspaso y este tercero fue el empresario Emilio Guerrero, actualmente al frente de La Alicantina, quien llevó las riendas de La Isla durante siete años. “El contrato que teníamos era de diez años y fue él quien voluntariamente y sin relación alguna con el Covid-19 decidió no cumplir los años de arrendamiento que aún tenía por delante”, concluye José Luis Gutiérrez.