Reportaje

Un mediodía en el Mercado del Tiro de Línea

Por Luis Ybarra Ramírez,

Barrio, barrio. Con esa sensación entra y sale el aire de estos pabellones donde se confunden vencejos y gorriones. Barrio en los hombres y mujeres que esperan su turno en los bancos que están junto a las colas. Barrio en las barras donde camareros y clientes están a un nivel parecido. Son lo mismo. Barrio cuando el saludo es una rutina porque se conocen desde hace años. También barrio en la zapatería que se encaja en el mercado de abastos entre frutas y aceitunas o en el puesto de podología que está frente al de pescados. ¿No es eso el barrio? Lo práctico. La convivencia. El hábito. La amistad de diario. Un punto de encuentro que de lunes a sábado reúne a los vecinos del Tiro de Línea.

Una mujer espera su turno en uno de los bancos del Mercado del Tiro de Línea | Foto: Tomás Muruaga

Una mujer espera su turno en uno de los bancos del Mercado del Tiro de Línea | Foto: Tomás Muruaga

Llega el mediodía y las bolsas de plástico se apoyan sobre los taburetes. Es el momento de la parada. «Zumito de cebada», lo llama uno. Y todos juegan a resolver grandes conflictos. Aquí se habla de alcaldías, jefes de estado, fútbol y posesión. Tácticas de enorme complejidad explicadas de la forma más sencilla. Se charla sobre equipos, con guasa. De fenómenos musicales y problemas compartidos. La vida, en un bar. O en dos: el Bar Mercado y el Mijita y Compañía.

Bar Mijita y Compañía

Tal vez lo más justo sea comenzar por el principio. Y resulta que este establecimiento abrió sus puertas hace 51 años. José Antonio Lérida, hijo del primer propietario, despacha chistes a la plancha y tapas con chanza desde hace… ¿cuánto? Pues «51 años. Yo me he criado debajo del mostrador. También he visto cómo ha cambiado el mercado con el tiempo. Al principio, solo había fruterías y alguna pescadería y puestos de carne. Como todo era lo mismo, mi padre convirtió su frutería en bar. Y aquí estamos». Se gira para continuar con sus labores y nos muestra el dorsal de su camiseta: «Si la quieres fresquita, ven al Mijita».

José Antonio Lérida, propietario del Bar Mijita y Compañía| Foto: Tomás Muruaga

José Antonio Lérida, propietario del Bar Mijita y Compañía | Foto: Tomás Muruaga

¿A qué hora se sirve aquí la primera caña? Atención: a las 8 de la mañana. No es una cuestión de alcoholismo, sino que Javi, el frutero, se despierta a las 2 de la madrugada para asistir al trabajo y, seis horas después, el cuerpo le pide líquido: «Es lo que apetece a esa hora. Helada, siempre», comenta este cliente. ¿Y el primer café? Pues «a las 6 menos cuarto ya tengo a gente esperando», sentencia el señor Lérida.

Javi, el frutero de, en el Bar | Foto: Tomás Muruaga

Javi, de Frutería Salud, en el Bar Mijita y Compañía | Foto: Tomás Muruaga

El perfil de quienes se agolpan en esta barra es variado: hay políticos y abogados. También jubilados y gente que vive o trabaja cerca de la zona. Otros, sin embargo, vienen de lejos. ¿Por qué? La respuesta está en las sardinas. «Son de esta plaza y entre los meses de mayo y agosto van a estar estupendas. Míralas». Los garbanzos con menudo y los boquerones en vinagre son sus otros dos reclamos.

Sardinas a la plancha| Foto: Tomás Muruaga

Sardinas a la plancha | Foto: Tomás Muruaga

Unos gritan con respeto lo que quieren almorzar mientras a otros les sobra con un gesto sutil pero repetitivo: la fuerza de cada día. Hay quien no pierde la vista de las páginas de su ABC a pesar de los múltiples estímulos y también aparecen los que se aceleran y reclaman su foto ante la cámara. De todo. Esa es la mayor virtud de este bello ecosistema en el que las cosas suceden de una forma natural.

Clientela del Bar | Foto: Tomás Muruaga

Clientela del bar | Foto: Tomás Muruaga

Bar Mercado

El otro rincón en el que tapear en el Mercado del Tiro de Línea se encuentra justo al lado opuesto de la plaza. Estamos ante el puesto número uno. Se llama El Mercado y Pepe Moreno («Y bueno», apostilla), su propietario, lleva 20 años apostando por el producto vecino en su pequeño pero atractivo establecimiento. Antes estuvo en el Bar Pepe, junto al Postigo, y en el Blanco y Negro del Parque Alcosa, pero durante las últimas dos décadas su bandera se ha clavado con firmeza en este templo temprano de la comida bien hecha: «A las 7 y un minuto, arrancamos la jornada con el primer café. A las 11 y 30, ya sirvo cerveza».

Pepe Moreno, propietario del Bar Mercado| Foto: Tomás Muruaga

Pepe Moreno, propietario del Bar Mercado | Foto: Tomás Muruaga

 

Más tarde, llegan las tapas y los clientes que se acercan desde otras partes de la ciudad. ¿A qué se debe este peregrinaje? Pues parece que eso de «barrio, barrio» convence a cualquiera. Nos lo confirma Antonio Luis López Martínez, antiguo profesor de la Universidad de Sevilla que, al menos una vez a la semana, cruza las calles de El Porvenir para sentarse en esta barra que cruje bajo sus codos como una prolongación de su propia casa.

Mollejas de ternera fritas del Bar Mercado | Foto: Tomás Muruaga

Mollejas de ternera fritas del Bar Mercado | Foto: Tomás Muruaga

¿Qué debemos probar en el Bar Mercado? Aquí todos lo tienen claro: las mollejas de ternera fritas. Algo que ha restado protagonismo a sus excelentes boquerones abiertos y sin espinas o la tortilla de patatas. Sentencia de tubérculo y huevo con la que nos despedimos de esta plaza grande con el paladar cargado de preguntas y tan solo una idea en claro. Que vamos a volver.