Reportaje

Un mediodía en el mercado de la Puerta de la Carne, pasillo de aromas compartidos

Por Luis Ybarra Ramírez,

El destino, cargado de ironía, quiso que el nuevo mercado de la Puerta de la Carne, uno de los accesos a la ciudad que conectaba con el matadero de reses y cerdos, compartiera el edificio con un gimnasio. Ahora unos cargan bolsas con frutas y pescados mientras que otros llevan la mochila a la espalda, ropa de deporte y una mirada altiva provocada, seguramente, por la música estimulante de sus auriculares. Entre veladores, puestos y esterillas de goma, llegamos a una plaza de abastos reducida pero en la que no falta nada. Dos bares y un pasillo de aromas compartidos nos esperan en esta visita de fines culinarios.

Casa Hormigo

Si entramos por la puerta principal, en la avenida de Cádiz, la primera barra con las que nos topamos es con la de Antonio Hormigo y su mujer, Mari Moreno. Algunos clientes reclaman algo de paella para llevar. Otros prefieren probarla en sus mesas altas. Y Mari, más orgullosa que presumida, comenta que «si muchos vecinos vienen hasta aquí a llevársela a casa, será porque no está mala, ¿no?». Con una expresión similar, él nos invita a que preguntemos por ahí: «La gente es que se entera rápido con el boca a boca. Ya veréis».

Tomás Muruaga

Propietarios de Casa Hormigo enseñan la paella (Tomás Muruaga)

El arroz es para los viernes y sábados, días en los que la atmósfera crece en número de personas y ambiente, pero también hay tapas para toda la semana. ¿Alguna recomendación? Pues «tenemos cuatro cosillas para que nadie se confunda y todo esté bien. Por ejemplo, el queso en aceite, los boquerones en vinagre, la caldereta o el atún encebollado», explica Hormigo mientras envía a su hija hacia un grupo de extranjeros que acaba de llegar. Es que «ella se defiende mejor con el idioma».

Tomás Muruaga

Queso en aceite (Tomás Muruaga)

En esta arista del mercado, sucede algo especial. Es el punto exacto donde el aire toma unos matices únicos que varían según avanza la mañana. Los cafés huelen a una mezcla de grano y petunias, ya que estas se venden a unos tres metros de aquí, justo en enfrente. Las cervezas se contagian de las fragancias del cártamo y las gerberas, y el sofrito emana algo que recuerda a las cebollas, el pimiento y la celosía al fondo. Parece que todo es comida, bebida y flor en este familiar rincón sevillano.

Tomás Muruaga

Carta de Casa Hormigo frente a la floristería (Tomás Muruaga)

Casa Loli

Un niño quiere rascar en el hielo que se aferra al tirador de Cruzcampo. La madre no deja que lo chupe. «Eso no», le dice. Pero Miguel Álvarez, el propietario, sí que le permite subirse sin problemas para alcanzarlo. Lleva veinte años tras una barra similar y todos lo saludan a su paso. Él se ríe con el chiquillo, atiende nuestras preguntas, charla con los hombres que leen el periódico sentados en los taburetes y carga unos vasos de aquí a allá. También recibe el producto para cocinarlo y tira de la palanca helada que derrama el líquido que todos buscan a esta hora del mediodía. El pequeño sigue ante él, indagando en la escarcha con su uña.

Tomás Muruaga

Niño rascando en el hielo del grifo de Cruzcampo (Tomás Muruaga)

Algunos, a simple vista, pueden pensar que no hay demasiadas opciones en el mercado de la Puerta de la Carne para almorzar, pero en realidad se confunden. Tal vez no saben que en Casa Loli fríen y hacen a la plancha el pescado que al principio del pasillo vende su mujer, quien da nombre al puesto, o la carne de cualquier otro negocio de la plaza.

Tomás Muruaga

Miguel Álvarez tras su barra (Tomás Muruaga)

Pescadería Loli (Tomás Muruaga)

Pescadería Loli (Tomás Muruaga)

¿La especialidad? Lo más fresco. ¿La cerveza más temprana? «A veces, a las 10 de la mañana, porque están los que se levantan muy temprano, como yo, y los que no se acuestan», aclara con una sonrisa cercana. Los mercados son esos puntos de encuentro donde todos se conocen o tan solo hacen falta unos minutos para ser conocidos. Llega la hora de comer y abandono ya las palabras para rascar como un niño en los grifos y los platos de este mostrador.