Entrevista

Rocío Fernández (Sol y sombra): «¡Qué ganas de volver al rollo de papel higiénico!»

Por Isabel Aguilar,

Rocío Fernández (Sol y sombra): «¡Qué ganas de volver al rollo de papel higiénico!»

Genio y figura. Así es esta hostelera que lleva media vida al sol y otra media a la sombra de la calle Castilla. Auténtica y espontánea, sabe atender de trianeras maneras y a cada cliente da lo suyo. No le falta simpatía pero tampoco arrojo cuando se trata de decir las cosas claras. Y ahora que se ha tenido que convertir en guardiana de las medidas anticovid, nadie le tose encima a la hora de hacerlas cumplir

Es uno de los establecimientos con más solera de la calle Castilla y de Triana. Sol y Sombra, que este año cumple seis décadas, conserva intacta la esencia de su origen, con una decoración taurina y un mobiliario que apenas se han renovado, como sí ha ocurrido con su cocina. Rocío Fernández es la capitana de este barco desde que su hermano (Antonio de los Santos) se jubiló. Con esfuerzo y paciencia se ha adaptado a las medidas para vencer al Covid y se ha convertido en una auténtica gendarme de la distancia social y el uso de las mascarillas.

Fotos: Tomás Muruaga

¿Cómo han tenido que adaptarse a la nueva situación creada por la pandemia?

Ahora tengo que parar a los clientes en cuanto entran para preguntar si tienen reserva o para ver si prefieren pasar al comedor de al lado o quedarse y aquí y a veces se asustan en cuanto les pregunto. Me he convertido en una acomodadora…

¿Qué busca el cliente de ahora?

Sobre todo seguridad. Solo quieren cerquita de la ventana, y como aquí no hay terraza, se ha notado. También con lo de la barra, que no dejan claro cuándo puede usarse.

¿Echa de menos su público el rollo de papel higiénico que siempre han usado como servilleta?

Claro y tienen muchas ganas de que vuelva pero más ganas tengo yo. Es una costumbre que empezó mi padre y que nosotros hemos mantenido todos estos años, pero ahora con lo de la higiene y la seguridad no los podemos usar. Nuestro público ya está muy hecho a él, es un papel que sirve para todo. Si te vas al campo a tomar unas sardinas te lo puedes llevar porque es lo más práctico que hay.

¿Le cuesta al cliente entender las medidas que hay que cumplir actualmente?

A veces sí. El otro día se fueron unos porque no entendían que no podían estar tan juntos. Me quisieron convencer y hasta fui a por el metro para demostrarles que no había la distancia obligatoria, así que se fueron… Yo sé que el cliente siempre lleva la razón pero hay veces que una salta…

¿Se ha notado aquí la falta de turismo extranjero?

Aunque aquí sigue viniendo cliente del barrio y de Sevilla, que es el de toda la vida de Sol y Sombra, sí que venían muchos turistas porque saben que este es un sitio auténtico.

¿Y cómo se entendía con los extranjeros?

Yo no hablo más que trianero pero a todos les doy de comer y todos salen contentos.

¿Qué le gusta pedir al cliente de fuera?

Los sabores fuertes, como las gambas al ajillo y los pimientos del padrón

¿Y el de aquí, qué pide?

Nuestra comida de siempre: solomillo al ajo, la cazuela don josé (gambas con jamón), revueltos con habitas… Y algunas de las cosas que hemos ido añadiendo, como los arroces, que funcionan estupendamente, o los garbanzos con langostinos.

¿Cómo es su trato con el público?

A mí me gusta mucho estar en el día a día con la gente. Tengo genio pero también mucho sentido del humor, soy muy de Triana. Muchas veces llega alguien y me pongo a hablar con él de lo que va a pedir y acaba diciendo: pon lo que tú quieras.

¿Exige discreción este trabajo?

Igual que los abogados y los curas, hay que ser muy discretos aquí. En la barra: oír, ver y callar, eso me decía siempre mi padre, que más de una vez tuvo que reñirme de pequeña porque soy charlatana y a veces era imprudente. Pero con los años aprende una a no hacer preguntas… La gente viene aquí a comer y charlar con quién quiere y no puedes ser indiscreto porque les puedes incomodar.

¿Qué ha aprendido de psicología en estos años?

Mucho. Cuando entra alguien por la puerta al momento sabes de qué pie cojea. A veces incluso intuyes lo que va a pedir con solo verle.

¿Es frecuente aquí el cliente que busca conversación?

Algunas veces los clientes se abren e incluso hemos hecho amistad con ellos, hasta el punto de quedar fuera de aquí y vernos en la Feria o en otro sitio.

¿Suele venir gente solitaria buscando conversación?

No es lo habitual. Éste es un sitio donde se viene a comer, no una tasca donde uno toma algo y se va.

¿Qué hace cuando entra algún cliente conflictivo?

La verdad es que me pongo nerviosa porque quiero saltar pero intento pegar un capotazo y buscar un término medio. Con la edad he aprendido a callarme, de joven me costaba más.

Quién es

Rocío echó los dientes tras la barra, puesto que su familia vivía en la planta superior de la taberna y ella pasaba las horas en esta taberna de la calle Castilla que abrió hace ahora 60 años. Siendo muy niña comenzó a ayudar en el negocio familiar y con tan solo diez años ya era pinche de su madre en la cocina. Con 12 salió para aprender de su padre cómo debía ser el trato con el cliente, aunque los sabios consejos que recibía chocaban una y otra vez con el carácter jovial y desenfadado de esta niña trianera. Allí conoció a su marido, Mario Martín, quien sigue con ella codo con codo en las labores diarias que genera este negocio, donde sus hijas, Isabel y Rocío, también arriman el hombro cuando su madre las llama. Dice que, de no haber sido tabernera, le habría gustado trabajar como sanitaria.