Reportaje

Un mediodía en el Mercado del Arenal, una plaza de abastos del siglo XXI

Por Luis Ybarra Ramírez,

El pueblo se despereza y el aire huele a pan nuevo en la plaza de abastos del Arenal. Ha llegado la mañana. Y los mercados, de pronto, son lugares absolutamente distintos a lo que un día fueron. Los puestos de frutas, carnes y pescados se cuentan con los dedos de una mano mientras que los viandantes caminan entre barras, espacios de difícil definición y lavadoras apiladas en las que los clientes esperan su turno para dejar la ropa. Todo parece ajeno al lugar donde se encuentra. Fuera de contexto. Cuando, de pronto, se desliza ante nosotros una corriente de conceptos que resultan novedosos e interesantes. Atípicos, pero posibles. Así sucumbimos a los encantos de seis propuestas que a nadie dejarán indiferente.

The Food Club, pequeño paraíso

Joven cheff en The Club | Foto: Tomás Muruaga

Joven cheff en The Food Club | Foto: Tomás Muruaga

Las luces tenues, los «chill hits» de Spotify al fondo y un techo de cristal que mira al cielo traslúcido de la plaza llaman la atención de cualquiera. Este establecimiento, a simple vista, invita a entrar. ¿Pero qué es? Un joven manipula alimentos en silencio en una mesa colocada en mitad del salón. No es una mesa, perdón, sino una cocina abierta. Los tonos cálidos muestran discreción, sosiego. Y las paredes de madera, las plantas y los cientos de detalles que con sumo cuidado la decoradora Carmen Brujó ha ideado rematan una atmósfera apacible.

El encargado, por suerte, nos despeja las dudas: «Esto es un centro donde se integra gastronomía y empresa. Hacemos ‘showcooking’ para trabajadores y talleres para amigos que quieren pasar un rato agradable en contacto con una comida de autor. Sobre todo se celebran reuniones y conferencias, porque tenemos una zona acondicionada para esto, y después les servimos con nuestro catering. Empresa, cocina y sala están unidos en un mismo espacio lleno de comodidades». Antes de marcharnos, sin embargo, nos advierte de uno de sus problemas: «Naturalmente, de aquí nadie se quiere ir».

Interior de The Club Food | Foto: Tomás Muruaga

Interior de The Food Club | Foto: Tomás Muruaga

El Pesquero, los pioneros

Mientras que unos arrancan proyectos que podrían convertirse rápidamente en pioneros, hay otros que ya lo fueron hace décadas. Es el caso de Antonio Sánchez, que abrió hace 20 años el primer restaurante de Andalucía integrado en un mercado: El Pesquero ¿Cómo surgió el proyecto? Pues por una idea en el momento preciso, un hijo que quería sentar la cabeza como hostelero y la posibilidad de ofrecer el mismo pescado que él vendía pero ya cocinado y en el puesto. Ahora parece sencillo.

Grupo de señores en el restaurante El Pesquero| Foto: Tomás Muruaga

Grupo de señores en el restaurante El Pesquero | Foto: Tomás Muruaga

El público sevillano sigue apostando por esta propuesta que se basa en el producto de la mejor calidad. Si quieren alguna recomendación, tal vez lo mejor será hacerle caso a un grupo de señores que acuden a diario desde distintos puntos de la ciudad. El primero de ellos lo tiene claro: «Obligatorio: los guisos marineros y los pescados del día». ¿Eso es lo que pide a menudo?, le preguntamos. «No me hable de menudo que ya es mediodía, ahora lo pediré». Los demás ríen, y solo uno le corrige: «Con este calor lo mejor es acompañar la cervecita con los aliños, que están exquisitos». Tomamos nota.

La Cabeza de la Sultana, pasión por el té

Unas mesas celestes en mitad del pasillo central hacen que nos detengamos a contemplar una hermosa tienda de té. Dentro está Rocío Bayarri, una sevillana que de niña se comía las bolsas de té negro que guardaba su madre. Eso es tener vocación. Más tarde, dos de sus amigas, una desde Londres y otra desde Berlín, le facilitaban estas preciadas hojas en las que ella se fue especializando hasta parar aquí. En una galería de infusiones, tarros y productos naturales en los que bosteza un mantra manido pero real. Esto del té no es solo una bebida, sino un universo particular con reglas, amantes y detractores.

Rocío Biyarri, de La Cabeza de la Sultana| Foto: Tomás Muruaga

Rocío Biyarri, de La Cabeza de la Sultana | Foto: Tomás Muruaga

Su nombre, además, se reserva una gran historia detrás. La Cabeza de la Sultana fue el primer local londinense donde se permitió el acceso a mujeres para tomar el té. Se leían panfletos en sus mesas, se celebraban debates y las diferentes clases sociales se mezclaban alrededor de lo que hoy se vende en este puesto. Será verdad aquello del té y la vida. No solo la bebida, sino todo lo que le rodea.

Una propuesta para veganos

Barra de Veganitessen | Foto: Tomás Muruaga

Barra de Veganitessen | Foto: Tomás Muruaga

También nos topamos con Veganitessen, un punto de encuentro para jóvenes, extranjeros y paisanos que reclaman comida para veganos. Comenzaron hace 12 años como una pastelería y hoy llevan ya un lustro ofreciendo platos salados. ¿Alguna especialidad? Pues las hamburguesas y los bizcochos, que se elaboran, por supuesto, sin ningún elemento que provenga de los animales. La mesas altas y bajas, la barra de madera noble y el ambiente desahogado y fresco lo convierten en un polo atrayente de este nuevo Arenal.

Speed pollo y mucho más

Cola en el puesto de comida casera Speed Pollo | Foto: Tomás Muruaga

Cola en el puesto de comida casera Speed Pollo | Foto: Tomás Muruaga

«Loli, ¿lo tuyo?», pregunta Luis Martínez tras el mostrador de su local. Y en ese comentario deducimos que los clientes que paran en Speed Pollo no son de paso, sino de diario. Se conocen. Hay complicidad porque la comida casera que ofrece este negocio familiar es el desavío de muchos. Su logotipo lleva de forma explícita una sugerencia, pero las posibilidades son múltiples. ¿Ensaladas, guisos, tortillas? Cerveza en mano, quienes esperan su turno se sientan en las mesas. ¿Pero la comida es para llevar? «En principio, sí, aunque antes algunos se la comían sentados por las esquinas y tuvimos que poner una zona para que se pudieran sentar», explica el propietario.

Bicicletas, amigos y tapas

El Propio del Marqués| Foto: Tomás Muruaga

El Propio del Marqués| Foto: Tomás Muruaga

El final del mediodía asoma su rostro en el mercado torero de Sevilla. El sol castiga con la complicidad del reloj y entre los corredores abrasados se descubre el último concepto. La empresa de alquiler de bicicletas Seebybike ha creado un pequeño bar en uno de los puestos que ocupa. Pero la comida no la sirven ellos, sino su vecino: El Propio del Marqués, una abacería. Juntos, preparan un aperitivo para los turistas que llegan cansados después de recorrer a pedales el casco histórico. Algo de queso, chorizo y un vino de naranja que lleva el color de la ciudad. En definitiva, amigos y tapas. Parece que todos estos nuevos conceptos giraban en torno a lo mismo.