Entrevista

Yolanda López (Bar Julio César): “El desayuno es de las comidas que más se disfrutan en la calle”

Por Isabel Aguilar,

Aunque no puede hablar en primera persona de los inicios del Bar Julio César, Yolanda López Méndez lleva un cuarto de siglo vinculada a este establecimiento que ahora cumple 50 años. No solo eso, es la persona que se encarga de mantener un espacio convertido en bandera del buen desayuno sevillano y quien cada mañana sube, junto a su hijo Paco, esa reja que tantos sevillanos han cruzado en este medio siglo de andadura.

Fotos: Tomás Muruaga

—¿Sigue igual el bar desde que lo conoce?
—Algunas cosas han cambiado, pero pocas. La pared de dentro de la barra no era de mármol como ahora, sino de un azulejo del que aún conservo uno, y la parte baja de la barra era metálica. Otros elementos se conservan tal cual, como los sillones azules, el techo de madera o el mural. El bar lo decoró en su día Enrique Ramos y sigue prácticamente igual que entonces.
—¿Y cómo era la cocina de entonces?
—Se servían desayunos, almuerzos e incluso cenas, y había varios empleados. Mis suegros cogieron la gestión en el 73, tres años después de abrir, y mi marido con 16 años ya estaba trabajando aquí. Siempre se encargaba de la cocina mi suegra, aunque también mi suegro guisaba de vez en cuando.
—¿Qué tal lleva su público que ya no abran al mediodía?
—Muchos comían aquí y ahora cuando vienen a desayunar nos piden que volvamos a abrir a la hora del almuerzo, pero de momento nos quedamos como estamos porque nos va bien. Mi hijo Paco ha estudiado cocina y será él quien se encargue, pero por ahora es pequeño porque solo tiene 18 años.


—¿De dónde sacó fuerzas para seguir viniendo cuando le faltó su marido?


—Ha sido muy duro hacerlo sin él y mi hijo Paco ha sido fundamental para lograrlo. No he dejado de venir casi nunca, ni cuando él estaba en el hospital, porque era el primero que no quería que lo hiciera. Solo cerré dos días de su enfermedad y la semana de su muerte, el resto de días siempre vengo porque es una gran responsabilidad. Servimos más de 400 desayunos al día y no podemos dejar a nuestros clientes.

José María Bonilla de joven junto a su padre (Foto: Bar Julio César)

—¿Sigue su suegra presente en el negocio?
—Ella viene a diario, desayuna y se pone a charlar con los clientes.
—¿Es importante el desayuno para el sevillano?
—Es de las comidas que más se disfrutan en la calle y para muchos es la preferida del día.
—¿Al público le gusta variar en el desayuno o prefiere siempre lo mismo?
—Es raro que cambien, suelen pedir siempre lo mismo y nosotros lo recordamos. Nada más entrar por la puerta no tiene ni que pedir, ya se lo vamos marchando. Una de las cosas que valora nuestro público es que ya servimos la tostada lista para tomar y no tiene que ponerse a echar aceite o untar mantequilla.
—¿Cómo llevan el estrés en hora punta?


—Con una sonrisa. Como muchos de los clientes nos conocen no se impacientan y saben que les atendemos en cuanto sea posible.
—¿Vienen clientes extranjeros?
—A diario. Y conviven perfectamente con los de aquí, que de hecho no dudan en recomendarles alguna visita o alguna ruta. El de fuera viene buscando el típico desayuno sevillano porque sabe que aquí encuentra una buena tostada y un buen café.
—¿Qué tostadas tienen más éxito?
—La de carne mechada que hace mi suegra o la de tortilla de patatas, que la incluimos cuando cerramos al mediodía porque nos la pedían. Tenemos un buen jamón y un york muy buenos y ambos los cortamos aquí.
—¿Tienen los clientes muchas manías a la hora de desayunar?


—¡Muchas! Algunos quieren una esquina de la barra, otros la tostada más o menos hecha o el café de alguna manera…
—La calle se ha modernizado mucho, ¿ha afectado eso al negocio?
—Nada. De hecho nos llevamos bien con todos y suelen venir aquí a desayunar.

Toda una vida

Siendo solo una chiquilla ya desayunaba en el bar en el que hoy echa todas las mañanas. Lo hacía antes de ir a trabajar a una cafetería vecina y, no duda en confesarlo, con la intención de ver a un joven José María Bonilla que al poco se convertiría en su marido. Por aquel entonces no imaginaba que se acabaría convirtiendo en la capitana de un barco que sigue navegando contra modas y novedades hosteleras y que continúa siendo un puntal en los desayunos más auténticos de la zona.