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Miguel Ángel Yáñez Polo, nuevo académico numerario de la Real de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría: «Algunos fotógrafos costumbristas han dañado la imagen de Sevilla»

La fotografía ha sido sin lugar a dudas una de las grandes pasiones de Yáñez Polo;un campo artístico al que ha dedicado años de investigación y del que es uno de susmás relevantes historiadores

Actualizado 01/02/2004 - 03:10:02
MILLÁN HERCE
MILLÁN HERCE
SEVILLA. No es un hecho anecdótico que en 1980 el escritor Ernesto Sábato ya valorase los méritos de este sevillano para llegar a considerarlo un gran creador de una altura intelectual comparable a la de Max Ernst o Man Ray. Lo cierto es que Miguel Ángel Yáñez Polo es eso y mucho más, ya que, llegado a la fase de madurez de sus 64 años de edad, ha logrado labrarse el perfil de un auténtico humanista más propio de otras épocas que de los tiempos que corren. Médico internista, escritor, historiador, filósofo... en su larga lista de ocupaciones la fotografía ha sido quizás una de las pasiones que más ha llenado su vida. Muy vinculado desde sus inicios a la denominada Fotografía Creativa e impulsor en 1974 del Grupo Fotográfico f/8 de Libre Expresión, sus obrasgozan del privilegio de exhibirse en los principales museos y bibliotecas de todo el mundo.
Como autor de numerosos trabajos de investigación sobre la materia, su dedicación a la Historia de la Fotografía data de principios de los años 70 y ha resultado tan fructífera que a ella se debe la creación de la Fototeca Hispalense -archivo de la memoria de la ciudad con más de cien mil imágenes, desde 1840 a nuestros días, censadas históricamente-, así como la elaboración de la primera historia del fotodocumentalismo sevillano. Ha sido precisamente un tema del que es un gran conocedor como «La Sevilla del descubrimiento de la fotografía» con el que ha ingresado recientemente como miembro numerario en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.
-¿Qué ha supuesto para usted un hecho como éste?
-Ante todo un reconocimiento a una labor callada de 30 años. La verdad es que no me lo esperaba; han tenido la benevolencia de pensar en mí cuando en Sevilla hay magníficos historiadores y fotógrafos que se lo merecen, son paisanos nuestros y auténticos desconocidos para la sociedad, por lo que me considero cabeza visible de todos ellos. Además, me parece importante que la Academia haya reconocido e impulsado el papel de la fotografía como medio de creación artística.
-¿Cómo era aquella Sevilla del descubrimiento de la fotografía que ha rememorado en la Academia?
-Socioculturalmente era una ciudad con valores aislados que globalmente no llegaban a la población. Hablamos de una época de cambios socio-económicos muy fuertes en una Sevilla muy injusta, cuya población activa en el plano laboral era de un 32 por ciento, con eso se lo digo todo. Lógicamente la miseria, la delincuencia, la desesperación era muy alta, por lo que la mayoría de la gente mal vivía. En aquella Sevilla donde aún no hay brillo ni recuperación de tipo alguno es donde aparece el descubrimiento del daguerrotipo, entre los años 1839 y 1840.
-¿Con qué imágenes de aquella ciudad se quedaría?
-Con la primera que se conoce, que es la vista del flanco lateral izquierdo de la Catedral y la Giralda tomada desde la Puerta del León por el primer fotógrafo sevillano que fue Vicente Mamerto Casajús.
-Con el paso del tiempo, ¿ha ido perdiendo Sevilla en fotogenia?
-Yo creo que no, lo que ha perdido ha sido fotógrafos universales que sean capaces de descubrir las esencias de la ciudad. Pero hay muy buenos fotógrafos actualmente que saben buscarla fuera de los tipicismos locales.
-¿Qué cualidades ha de reunir un buen fotógrafo?
-La fundamental es saber ver y la segunda saber seleccionar el trozo de la realidad que quiere mostrar, aunque muchas veces ésta sea surreal u onírica. En cualquier caso, no me refiero a la realidad costumbrista, que está elevada a unos niveles demasiado conocidos.
-Ese costumbrismo parece haber dañado mucho la imagen de la ciudad...
-Sí, desde luego. Desde que empezó la fotografía en 1840 hubo fotógrafos que comenzaron a dañar la imagen de Sevilla con estas zarandajas. Los primeros fueron los fotógrafos franceses e ingleses que llegaron en la primera hornada entre 1840 y 1850. Venían a fotografiar los duendes orientales y a hacer colecciones de un tipicismo realmente ridículo y falso que todavía pervive en muchos supuestos creadores de postales.
-¿Qué opinión le merece la irrupción de la tecnología digital en la fotografía?
-Me parece una maravilla. Nos encontramos en una etapa de transición en la que dentro de cinco o diez años, no más, la fotografía del gelatinobromuro y de los copulantes de color quedará indefectiblemente como un simple proceso artesanal. No se puede uno resistir al paso del tiempo ni a las conquistas del progreso. La etapa digital no ha hecho más que empezar y hemos tenido la suerte de verla nacer, que no es poca cosa.
-¿Quedará enterrado con todo ello el encanto del sepia?
-No, porque digitalmente se pueden conseguir mejores sepias aún. No hay nada que no pueda superar con creces las técnicas digitales actuales. Pero el problema no está en elegir entre digital sí, digital no. El problema sigue igual que en 1839, es decir, consiste en saber mirar a través de la cámara, algo que, aunque parezca mentira, muy poca gente sabe hacer. En la práctica, todo el mundo tiene cámara pero muy pocas personas saben mirar a través de ella.
-Como narrador tiene en su haber numerosos premios literarios, ¿trabaja en la actualidad en alguna nueva obra?
-Está en vías de publicación una novela, «Entre la barahúnda», que es la quinta -hay ya cuatro editadas- y al igual que las anteriores se desarrolla también en Sevilla.
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