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Monstruos de risa

«Vampiros»Dramaturgia_José Lagier y Digo-Digo Teatro. Director_José Luis García-Pérez. Compañía-Digo-Digo Teatro. Intérpretes-José María Peña, Ignacio Andreu, José Chaves y Ainoa Badiola. Aforo_lleno

Actualizado 01/11/2006 - 03:14:46
«Vampiros»
Dramaturgia_José Lagier y Digo-Digo Teatro. Director_José Luis García-Pérez. Compañía-Digo-Digo Teatro. Intérpretes-José María Peña, Ignacio Andreu, José Chaves y Ainoa Badiola. Aforo_lleno. Sala La Imperdible. 20-10-2006.
LARA MARTÍNEZ
Han madurado. Ni una duda acerca de ello. La pareja fundadora, José María Peña y José Luis García-Pérez, apuesta por el terror...de risa en su último montaje. Una idea bien planteada que gira en torno a la historia de Drácula, como pretexto para realizar una crítica a la exclusión del diferente. El Conde invita a su castillo a varios escritores de reconocido prestigio tales como Lord Byron o el matrimonio Shelley. El fin: un concurso de relatos. Inicialmente, todo son buenos propósitos. El concepto base es prometedor pero, una vez más, los Digo-Digo dejan a su público con la miel en los labios. La evolución se ha llevado a cabo en el aumento de la plantilla en escena, el buen hacer del dramaturgo José Lagier o el nuevo uso del atrezzo. Sin embargo, la metamorfosis queda incompleta al comprobar que las buenas ideas quedan en el aire y el montaje continúa a pesar del estancamiento. Gira y gira en círculos en los que los personajes se pierden y el espectador olvida el motivo de todo aquello. Es necesaria la aparición en escena de una reflexión clara y directa para reencontrarnos con la clave del montaje. Conclusión: la transmisión del mensaje no llega al público con claridad.
Sin embargo, en esta nueva cara de los Digo-Digo se encuentran trabajos sobresalientes, como el Brocolli de Manuel Chaves, ayudante del Conde protagonista que encandiló al público, o Ignacio Andréu en su colaboración como Polidori o Shelley. Pero, como ocurre con el resto del montaje, los buenos efectos se olvidan poco después de plantearse. Así, se echa en falta la interrelación de los escritores con el Conde, lo que hubiera aportado interés a la propuesta. Lo que sí proporciona atractivo a «Vampiros. La siniestra belleza» es la inclusión de números como la cena o la presentación de los recién bautizados no-muertos mediante un extraño recital musical con los colmillos aún por estrenar. Aunque la propuesta no es original, se interpreta bien, ornamenta el momento y, lo más trascendente, provoca la sonrisa. Es de sabios la humildad y aprender a pesar del camino recorrido.
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