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Antonio Luis Baena

Actualizado 03/03/2003 - 00:43:47
Antonio Luis Baena nació en Arcos de la Frontera, se vino a Sevilla y quiso vivir en Triana. Digamos que Antonio, es maestro porque se ha dedicado a la enseñanza, que tiene una licenciatura de Filosofía y Letras y además es diplomado en Heráldica. Fue cofundador del grupo poético Alcaraván en su ciudad natal,Ángaro y Cal en Sevilla y tiene publicado casi una docena de libros.
Lo conocimos en su pueblo en el año ochenta del siglo pasado en la primera convocatoria del Premio Julio Mariscal, esa noche salimos amigos para siempre y le he tenido por una persona importante en mi vida. Fue el primero en denominarme poeta y no, poetisa, -él sabrá por qué-pero sobre todo descubrí una cabal persona, y un poeta que firma con el propio concepto de lo que él piensa que debe ser el poeta: Un ser más allá de la pericia de escribir versos. Versos que construye meditativamente, sin prisa, sin arrogancia, sin jactancia, y establece en ellos una filosofía de vida agregándoles una sensata realidad que los hace creíbles. Pero ojo, también hay en ellos una rebeldía, porque Antonio es él por encima del tiempo. Antonio crea Los Límites para limitar los ejes y las directrices hegemónicas que mueven al ser humano: vivir, morir, decidir, darle contenido al dios que vive dentro de su traje y al que él le escribe los renglones. El poeta, si es que merece ser llamado así, tiene que contar consigo mismo, con su historia y la capacidad que tenga para alucinarse con ella. Antonio Luis Baena esun magnífico poeta con textos deslumbrantes y perfectamente construidos en contenidos y formas, además de un suicida, que tira su corazón por la ventana de un endecasílabo para seguir viviendo la vida que llevaba.
Este hombre, se llevará su molde consigo o nos lo romperá ante nuestras propias narices y dejará de existir una raza. Para bien o para mal, él ha elegido su caparazón y su testarudez para vivirse o para destruirse de vísceras para afuera, él y sus circunstancias, él y el préstamo que le hace a la acera por donde va la parsimonia de su prisa, él y los días gloriosos, esos que se roza con su gente de Arcos, sobre todo con Cristóbal Romero yva de asueto, torea con el verso y pone el recuerdo yla sabiduría en la muleta de la mano izquierda.
Para finalizar, quisiera servirme deaquel vino rojo de las improvisadas cenas después de las tertulias, y la voz de Antonio y la memoria de Antonio para ponernos en contacto con cualquier poeta o cualquier poema.
Hasta recuerdo los chistes de Antonio, porque, habrá que decirlo, aunque nosotros los de ahora ya no somos los mismos, también tuvimos ocasión de compartir por esa armonía de las barras de los bares.
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