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María José García del Moral, pintora: «Mi padre pintó 365 «giraldas», una por cada día del año. Era un provocador»

María José García del Moral ha inaugurado en la Fundación Amalio, la que fuera casa y estudio de su padre una potente exposición, tanto por la temática como por el color: un azul que rodea al visitante como si fuera una escenografía nada más pisar la primera estancia de esta casa del barrio de Santa Cruz

Actualizado 03/03/2003 - 00:43:47
J.M. SERRANO
J.M. SERRANO
María José García del Moral tiene esa sonrisa permanente que hace que la persona quiera saber más de ella. Apasionada por la pintura porque la sintió por todos sus sentidos desde su nacimiento, ha inaugurado en la Fundación Amalio, la exposición titulada «Un alma enteramente azul».
-Llama la atención al entrar que ha pintado una habitación como si fuera un escenario: techos, paredes, suelo.
-Quería que las personas que vinieran a ver mis cuadros se sintieran tan evueltos en mi pintura como me siento yo cuando estoy haciendo un cuadro. Por eso he creado esta habitación en azul. Me ha llevado muchos meses hacer esta especie de lugar mágico, pero creo que merece la pena porque todos se sienten muy impresionados por la estancia.
- ¿Tiene algo su pintura de la de Amalio, su padre?
-Creo que somos totalmente distintos. Está claro que el amor hacia la pintura proviene del amor que le profesaba mi padre a lo que fue su pasión de por vida. Eso es así. Pero incluso él mismo decía que éramos totalmente diferentes, y creo que eso está bien.
-Era inevitable que usted fuera pintora
-Casi, porque mi padre y mi madre se pasaban el día hablando de pintura y de sus pintores favoritos... y nunca estaban de acuerdo.
-¿Le pesa que le conozcan como «la hija de Amalio»?
-No, para nada, incluso dicen eso de «la niña de Amalio» y ya lo de niña se queda para mi hija (se ríe). Pero no, porque estoy muy orgullosa de mi padre, aunque a estas alturas de mi vida soy algo más que la hija de Amalio. La mejor manera de potenciar la memoria de mi padre es sin duda singularizar mi obra.
-¿Qué piensa hacer con el legado de su padre?
-De momento la familia hemos creado esta fundación y pretendemos darla a conocer. Lo hemos hecho sin apoyo institucional de ningún tipo, algo que ahora empezaremos a buscar. Mi padre y su obra son muy conocidos en los ambiente pictóricos, pero mi intención es dar a conocer su obra a todo el público y a Sevilla, porque el dedicó su vida a la torre de Sevilla.
-¿Cual es legado de Amalio?
-Mi padre pintó la Giralda toda su vida. En estos momentos existen 365 cuadros sobre la torre, uno por cada día del año. Cada uno desde una perspectiva diferente, con una luz, una tonalidad, una intencionalidad distinta. El llegaba aquí, a su estudio, y se ponía a pintar la torre. Cuando alguien le preguntaba porqué pintaba tantas veces la Giralda siempre decía, «si os parece superficial es que no conocéis la torre». En el fondo, mi padre era un gran provocador.
-¿Usted también ha pintado «giraldas»?
-Sí, una, cuando estaba dando clases en París donde viví durante seis años. Hice una Giralda cristalina, yo creo que más bien producto de la nostalgia.
-¿Para ser pintor hay que seguir pasando por París?
-Yo pasé y quedé fascinada por la ciudad, y me hubiera quedado allí, la verdad, pero se me acabó el contrato y volví. Mi hija nació en París. Ahora en Sevilla doy clases en la Facultad de Bellas Artes de la que soy vicedecana.
-A usted como a Humphrey Bogart, ¿siempre le quedará París?
-Sí, siempre, allí viví un ambiente pictórico increíble. Hice exposiciones en sitios disparatados, y en el Grand Palais y la Biblioteca Española en París. Además, conocí a mucha gente y la verdad esa ciudad marca.
-Su pìntura, sin embargo, lleva el tono del cielo de Sevilla, azul.
-Desde el primer día que cogí los pinceles pinté en azul. No sé porqué, pero ocurrió así, y así sigo pintando. Y aún, después de tantos años de pintar todavía me tiemblan las piernas ante el lienzo blanco.
-¿Les insiste a sus alumnos en la necesidad de estar frente al caballete?
-Si, siempre,sobre todo ahora, en estos tiempos en los que parece que no está de moda.
Fundación Amalio
Es una casa de tres plantas en la plaza de Doña Elvira, un lugar desde donde se ve la Giralda. «Allí se venía mi padre a pintar, recuerda María José García del Moral, incluso a vivir. Mi madre, no sé cómo lo hacía, se trasladaba según mi padre quisiera pintar aquí o allá». Ahora la casa es una fundación dedicada a la memoria de Amalio, cuya fijación fue la torre de Sevilla.
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