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Ricardo Mateos: «La reina María Cristina es una gran desconocida»

PILAR GARCÍASEVILLA. El perfil humano y el paisaje familiar que envolvió la vida de una reina en un periodo difícil de la Historia de nuestro país como el de finales del XIX es el que ha querido sacar

Actualizado 03/06/2007 - 03:46:42
PILAR GARCÍA
SEVILLA. El perfil humano y el paisaje familiar que envolvió la vida de una reina en un periodo difícil de la Historia de nuestro país como el de finales del XIX es el que ha querido sacar a la luz Ricardo Mateos Sáinz de Medrano (Madrid, 1961) en su biografía «La reina María Cristina. Madre de Alfonso XIII y regente de España» (La Esfera de los Libros). Como experto en historia y genealogía de las familias reales europeas, sostiene que de ella sólo ha trascendido «una imagen plana y estereotipada» que se corresponde con la de una mujer «austera, beata, sobria, opaca y carente de sentido del humor; en resumen, esa clásica «Doña Virtudes», como tantos vinieron en llamarla».
Una vida trágica
Las investigaciones que ha llevado a cabo para la realización de este trabajo le han conducido a la conclusión de que doña María Cristina es «una gran desconocida; quizás por no ser especialmente guapa ni glamourosa no se le ha dado ningún relieve en nuestro país cuando lo cierto es que fue una mujer que estuvo inmersa en un rico contexto familiar y cultural, y que supo actuar como una magnífica gobernante».
Comenta Ricardo Mateos que su biografiada estuvo marcada por una «vida muy trágica, de importantes pérdidas familiares. Siendo niña muere su padre, con 27 años se queda viuda de Alfonso XII, más adelante perderá a dos hijas, a dos nietos... Reveses del destino -dice- que afrontará sin amargarse y con una fe y unas convicciones muy profundas».
Nacida el 21 de julio de 1858 en un palacio cercano a la ciudad morava de Brno, doña María Cristina de Austria ocupó durante 16 años la Regencia de España, desde 1885 y hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII. Una compleja etapa histórica con el desastre del 98 como telón de fondo en la que la reina, sin embargo, demostró «su sentido del deber, su talante constitucionalista y su dignidad. Sabía perfectamente cuál era su sitio, que gobernaba en nombre de su hijo, por lo que no tuvo afán de protagonismo. Fue -añade Ricardo Mateos- madre y reina ante todas las cosas».
El libro comienza con una anécdota acaecida en marzo de 1939, diez años después de la muerte de doña María Cristina, hallándose ya su hijo exiliado en Roma, cuando un general amigo informaba por teléfono a Alfonso XIII de que la tumba de la reina madre en El Escorial había sido respetada por el ejército y los milicianos defensores de la República. Y es que la relación materno-filial fue muy importante hasta el punto de que, según relata el autor, «tras la muerte de la reina, su hijo se hundirá tanto que visitaba casi tres veces por semana la tumba de su madre en El Escorial. Se fue dando cuenta entonces de lo que había perdido».
En esta biografía, más centrada en los aspectos humanos que políticos, Ricardo Mateos Sáinz de Medrano se vale del material que le suministran las fuentes documentales para adentrarse en cuestiones más de ámbito doméstico, intrigas de palacio e, incluso, en la vinculación de la reina con su suegra, doña Isabel II; sus cuñadas y con su nuera doña Victoria Eugenia, una relación que «durante la I Guerra Mundial no fue tan perfecta, aunque lo llevaron bastante bien», indica el autor, quien subraya al respecto la discreción de doña María Cristina que, «sobre asuntos muy íntimos, no ha dejado mucha huella».
Del perfil de esta reina, que contrariamente a los clichés se revela como «una mujer familiar, prudente, sagaz, divertida, flexible y, sobre todo, madre de rey», esta nueva biografía destaca igualmente su capacidad para las finanzas así como su alto nivel cultural, con amplios conocimientos de Matemáticas y Física.
Para su estudio, Ricardo Mateos ha consultado numerosos archivos, entre ellos el General de Palacio, de Madrid; los de la Fundación Infantes Duques de Montpensier, y muy especialmente los Archivos de Estado de Austria, los de la casa real de Baviera y los del Castillo de Windsor.
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