Opinión

Hemeroteca > 05/07/2006 > 

Condenas históricas sesgadas

CON una declaración institucional de su presidente, el español Josep Borrell, el Parlamento Europeo condenó ayer el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura del general

Actualizado 05/07/2006 - 03:41:27
CON una declaración institucional de su presidente, el español Josep Borrell, el Parlamento Europeo condenó ayer el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura del general Franco, aprovechando el 70 aniversario del inicio de la Guerra Civil española. Borrell, muy ajustado al discurso del Gobierno español sobre la memoria histórica, recordó que la transición a la democracia se hizo «con olvidos selectivos» o «aplazamientos de la memoria», trasladando a Bruselas la operación política del PSOE de deslegitimar el consenso constitucional de 1978. También atribuyó a la II República el objetivo de «propiciar la democracia» y reprochó a Estados Unidos que no interviniera en España por sus intereses en la Guerra Fría.
Los términos de la declaración institucional de Borrell reflejan la parcialidad con que la izquierda aborda la revisión histórica, no sólo de la Guerra Civil española, sino también de la II Guerra Mundial y de la partición del mundo en bloques. También la izquierda española se benefició de «olvidos selectivos» y «aplazamientos de la memoria». De la conjugación de sus argumentos siempre resultan condenas inequívocas para los regímenes militares del nazismo y del fascismo y, desde ayer, la dictadura franquista. Pero la aplicación del mismo rasero a los regímenes comunistas también siempre se ve envuelta en disquisiciones que pretenden distinguir la bondad de la ideología de los errores -que se cuentan por genocidios- de sus dirigentes, desechando la experiencia que demuestra que el ejercicio del comunismo desde el poder ha sido indisociable de la violación sistemática de los Derechos Humanos. Cabe recordar ahora cómo se esforzó la izquierda socialista europea por entorpecer la condena de los crímenes comunistas por la Asamblea del Consejo de Europa y cómo se opusieron a ella los partidos comunistas europeos.
No cabe reproche alguno a que una institución democrática como el Parlamento Europeo juzgue negativamente un alzamiento militar y el posterior régimen dictatorial que se implantó. Pero lo que no resulta admisible es que esta iniciativa se revista con el prestigio de la justicia histórica, del compromiso ético con la democracia. Es, simplemente, una condena histórica que sólo quiere juzgar una parte de la tragedia y olvidar el lado oscuro, trágico, de la II República contra las libertades y los derechos, la persecución religiosa y el auge de movimientos antidemocráticos cuyo objetivo era convertir a España en un peón de la estrategia soviética. Por eso, ni todos los que lucharon en el bando «nacional» eran fascistas, ni todos los que lucharon con la II República eran demócratas. De hecho, pocos meses después del fin de la contienda, la Unión Soviética se convirtió en el gran aliado de Hitler con un tratado de colaboración que permitió a los nazis arrasar Europa durante dos años, mientras Stalin contemplaba con satisfacción la ruina de las democracias europeas, algunas de ellas entregadas al más abyecto colaboracionismo con el Eje.
El acierto de Josep Borrell en recordar que Europa no hizo nada por evitar la guerra -ni la española, ni la II Guerra Mundial- perdió todo valor cuando cedió al prejuicio antiamericano y reprochó a Estados Unidos que no derrocara el régimen franquista. Quizá le parezca poco lo que hicieron desde que sus soldados pusieron el pie en las playas de Sicilia y Normandía. Tampoco lo derrocaron los países europeos gobernados por ideologías presentes en el hemiciclo al que se dirigía Borrell, que no tardaron mucho en legitimar internacionalmente el régimen del general Franco. Por cierto, ¿cabe imaginarse que Francia llevara al Parlamento Europeo la condena del Gobierno colaboracionista de Vichy?
Estas iniciativas de justicia retrospectiva son, por definición, un riesgo para quien las promueve, porque suelen basarse en un juicio parcial que busca algo tan imposible como cambiar la historia en aquello que disgusta e ignorarla en lo que compromete. El deseo, que todo ciudadano de bien comparte, de que no se repitan los horrores del pasado no se alcanza antes ni mejor sometiendo la historia a un falseamiento con finalidades ideológicas. Por el contrario, introduce en la mente de las nuevas generaciones un maniqueísmo simplista que les impide apreciar con claridad quiénes fueron todos, sin excepción, los que abocaron a Europa y a España al horror de la guerra.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo ?ltimo...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.