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Falleció Luis Cuervas, vendedor de ilusiones

Actualizado 05/11/2002 - 04:00:01
El 20 de septiembre de 1992, Cuervas presentó a Maradona. NIEVES SANZ
El 20 de septiembre de 1992, Cuervas presentó a Maradona. NIEVES SANZ
A las siete y veinte de la tarde el teletipo escupió una noticia que conmocionó al fútbol sevillano: «Ha muerto Luis Cuervas Vilches...»
Cuervas falleció en el hospital San Juan de Dios, víctima de una enfermedad que le había castigado con crueldad en los últimos meses. La consternación se apoderó inmediatamente de toda la familia sevillista, a pesar de que el industrial abandonó la presidencia del club blanco forzado por una dramática situación que él y su consejo de administración habían creado al cometer un grave error burocrático. Hoy se oficiará una misa por su descanso a la una de la tarde en el tanatorio y posteriormente será enterrado en el cementerio de San Fernando.
Luis Cuervas Vilches nació el 5 de mayo de 1932 en Sevilla, y empezó a trabajar a los doce años. Era, pues, uno de esos hombres hechos a sí mismos gracias a su habilidad en los negocios y a su fuerte carácter. Ya en su madurez decidió decicar parte de sus esfuerzos al Sevilla Fútbol Club, y eso marcó el resto de su vida. Fue primero directivo con José Ramón Cisneros Palacios, y más tarde llegó a ser vicepresidente primero con Eugenio Montes Cabeza. Tanto tiempo viviendo los entresijos del fútbol y conociendo las entrañas del Sevilla le sirvió para tener la convicción de que podría dar el paso de asumir la presidencia. En 1986 se le presentó la oportunidad y la aprovechó. Gabriel Rojas abandonaba el cargo y él fue el único candidato a sucederle, de modo que el 14 de octubre de ese año -justo el día que el Sevilla cumplía 81 años-, la junta electoral constituida al efecto ratificó la proclamación del industrial sevillano como nuevo presidente de la entidad de Nervión; al día siguiente se produjo el traspaso de poderes. Se dijo entonces que el Sevilla acumulaba una deuda de 1.300 millones de pesetas, y Gabriel Rojas mantuvo una polémica con Eugenio Montes porque éste le acusaba de haberla aumentado en 500 millones. Con el tiempo, Luis Cuervas desveló que la deuda real del club en aquella época ascendía a los 2.000 millones y que todas las propiedades estaban hipotecadas.
Empieza su mandato
Con este paisaje empezó su mandato este hombre que ya era popularmente conocido por sus negocios, pero especialmente por el de la venta de juguetes. De hecho, con los años se le conoció en los ambientes futbolísticos nacionales como «el juguetero», algo que a él le hacía sentir orgulloso. Alguna vez se le preguntó qué pensaba de los que decían con carácter peyorativo que no era más que un vendedor de ilusiones, y él contestó que le parecía bien porque era a lo que se dedicaba, ya que los juguetes son ilusiones.
Y es que Luis Cuervas no dejó jamás de sacar conejos de su chistera. Lo primero que hizo fue levantar las hipotecas que pesaban sobre el club. Así recuperó propiedades que luego revalorizó, después de mil y una gestiones al más alto nivel, para poderlas vender. Así, en 1990 culminó la operación de venta de los terrenos aledaños al estadio Ramón Sánchez-Pizjuán -donde en principio se iba a construir un edificio del arquitecto Stirling-, que le reportó al Sevilla un ingreso de 1.400 millones de pesetas. Pareció entonces que el Sevilla iba a nadar en la abundancia, pero el capital no dio para tanto. Según explicó el propio Cuervas más tarde, en la conversión del club en sociedad anónima deportiva el Estado se hizo cargo sólo de 800 millones de la deuda de la entidad, con lo que el Sevilla tuvo que liquidar los otros 1.200. Con esto y con las comisiones que se pagaron por la «operación Stirling», el beneficio de este negocio se esfumó. No obstante, el club quedaba saneado.
Polster, Simeone... Maradona
El caso es que después de la recalificación y venta de aquellos terrenos en 1990, Luis Cuervas pudo dedicarse a potenciar el equipo, aunque hizo otras cosas, como remozar la ciudad deportiva, que pasó a llevar el nombre de José Ramón Cisneros Palacios. Por el Sevilla empezaron a desfilar técnicos y futbolistas del cartel de Cantatore, Bilardo, Luis Aragonés, Polster, Simeone o Suker. También llegaron, después de durísimas negociaciones, Rinat Dassaev, considerado el mejor portero del mundo, y Diego Armando Maradona, que llegaba para rehabilitarse después de su escandalosa salida del Nápoles de Italia. El rendimiento de Dassaev fue un fracaso, y lo de Maradona terminó con la rebeldía habitual del jugador, al que Cuervas llegó a poner un detective privado que certificara su mal comportamiento, lejano al exigido por el club a todos sus profesionales.
Mantuvo conflictos con árbitros y con presidentes de muchos clubes, pero fue directivo de la Federación Española de Fútbol y vicepresidente de la Liga de Fútbol Profesional. Eso sí, chocó varias veces con el eterno rival, al que arrebató a los jugadores Conte y Carvajal para regocijo de su afición. Sin embargo, en sus nueve años de mandato sólo alcanzó la UEFA en dos ocasiones -1990 y 1995-, aunque se quedó a las puertas de Europa en otras ocasiones, tras lo cual la afición le cantó aquello de «otro año iguá».
El 1 de agosto de 1995, el Sevilla fue descendido a Segunda división B por la Liga de Fútbol al no presentar los avales exigidos de una parte del presupuesto anual. Cuervas y el hoy presidente del club, José María del Nido, eran los responsables de la entidad, por lo que el presidente dimitió a los cinco días. Sólo Ramón Sánchez-Pizjuán (1932 a 1941 y 1948 a 1956) y Eugenio Montes (1973 a 1984) aguantaron en ese sillón más tiempo que él. Dos años antes de irse, el 12 de septiembre de 1993, Luis Cuervas ya dijo a ABC cómo le gustaría ser recordado: «Como el hombre que hizo la recalificación, quien afrontó el saneamiento del club después de llegar a una sociedad en la más completa bancarrota y en la que se debía hasta el teléfono y que necesitaba una fuerte inyección económica que yo conseguí como pude. Pasaré como un presidente que ha vivido por y para el Sevilla, en dedicación plena al club. Lo que me faltó, créaselo, fue suerte, suerte».
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