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Festival de Patios: Raíces de savia turística

POR RAFAEL A. AGUILARCÓRDOBA. Ni el amor a las plantas, ni la salvaguarda de las tradiciones ni la conservación del arquitectura doméstico, sino el turismo. Ése es el verdadero motor del Festival de

Actualizado 06/05/2010 - 08:56:10
Ni el amor a las plantas, ni la salvaguarda de las tradiciones ni la conservación del arquitectura doméstico, sino el turismo. Ése es el verdadero motor del Festival de los Patios desde el comienzo de los tiempos, o lo que es lo mismo, desde 1921, que fue la primera ocasión en la que se organizó el certamen popular. En el documento que el Ayuntamiento ha enviado a la Unesco para que estos recintos tradicionales logren ser Patrimonio Intangible de la Humanidad, el investigador Juan Galán explica con detalle cómo la búsqueda de visitantes que dejasen caja en la ciudad fue desde siempre el motivo que más movió a las autoridades locales a evitar que languideciera la apertura de los patios en mayo.
Escribe Galán que «a partir de 1912 la ciudad empieza a tomarse en serio el tema de turismo y por primera vez vemos cómo el alcalde solicita al Pleno que se le autorice una partida presupuestaria de 10.000 pesetas para su promoción». Continúa el investigador con que «en estas fechas se mandó hacer unos álbumes fotográficos con la Mezquita y algunos rincones típicos de la ciudad, así como de la Feria, y posiblemente ya se incluyera en ellos algún patio».
En 1912 faltaban aún nueve años para que el Ayuntamiento promoviera el primer festival, pero los munícipes ya tenían claro que el turismo podía ser la tabla de salvación de una ciudad cuyas rentas agrarias cada vez eran menos abultadas. Lo cierto es que en 1921 cristaliza el interés de la Corporación local y se inaugura el certamen de las casas-patio, al que sólo se presentan tres recintos -Almanzor, 11; Buen Pastor, 17; y Empedrada, 8-. Aunque está constatado que la acogida de los cordobeses fue notable, el concurso no se volvió a programar hasta 1925 y de la mano del alcalde José Cruz Conde, pero con el matiz -en realidad, es mucho más que un matiz- de que se unifica la recién nacida muestra de los patios con la más que centenaria fiesta de las cruces, que se remonta al primer tercio del siglo XVII. Las cruces se montaban en los espacios comunes de las casas del casco histórico.
La hibridación de una y otra manifestación tradicionales dura poco, porque en 1933 el alcalde Francisco de la Cruz Ceballos desvincula las cruces de los patios e institucionaliza para estos últimos un nuevo modelo de certamen que, en líneas generales, es el que ha llegado a la actualidad -salvo en 1953 y 1954, cuando el concurso de las cruces absorbe otra vez al de las cruces-. La participación de propietarios de casas del casco histórico es creciente, de tal modo que en 1933 se presentan 18 patios, una cifra que, con altibajos, logra mantenerse hasta que llega la Guerra Civil (ver la edición de ABC Córdoba del pasado domingo 2 de mayo). En 1937 y 1938 se suspende esta manifestación popular, que renace en 1939 con el alcalde José María Verástegui, y que logró que concurrieran diez recintos en las denominadas Fiestas de la Victoria, como se denominó a todo el calendario festivo de mayo inmediatamente posterior a la finalización de la contienda.
La posguerra pasó factura y no se abrieron las casas-patio entre 1940 y 1943, pero en 1944 se retomó la programación del festival, que ya se desarrolla sin interrupciones hasta hoy. Sus organizadores se dan pronto cuenta de que por sí sola la muestra de las casas del casco histórico no son un reclamo turístico de importancia, por lo que comienzan a idear nuevas fórmulas de atracción tanto del público foráneo como autóctono. La primera decisión del Ayuntamiento es darle al calendario festivo de mayo continuidad y convertir a los patios en un evento que esté al nivel de la Feria de Nuestra Señora de la Salud y la Batalla de las Flores. El gran salto adelante lo da Antonio Cruz Conde, que halla la fórmula infalible para darle a los patios el vuelo que necesitaban: el flamenco. Así, en mayo de 1956 organiza el I Concurso Nacional de Cante Jondo, que se desarrolla en las estancias descubiertas de las casas señoriales. Éste es un punto de no retorno del festival, que a pesar de cierto languidecimiento durante los últimos años 60, se consolida como un referente en la primavera cordobesa, hasta tal punto de que no tarda en promocionarse como la fiesta más singular de la ciudad. La declaración de Interés Turístico Nacional a comienzos de los años 80 no vino sino a certificar la fuerza de los patios como un reclamo de primer orden y, en gran medida, a saciar sus ansias primigenias de ser un imán para los potenciales visitantes de la capital.
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