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Canito reverdece la escuela sevillana

Actualizado 06/09/2004 - 02:15:03
Gabriel Ruiz «Canito» sale a hombros de la Maestranza. NIEVES SANZ
Gabriel Ruiz «Canito» sale a hombros de la Maestranza. NIEVES SANZ

SEVILLA. Gabriel Ruiz «Canito», sevillano menudo, como lo fueron -permítaseme la comparación sin ánimo de que nadie se rasgue las vestiduras- Diego Puerta y Manolo González, reverdeció ayer la escuela sevillana. Ésa que no tiene domicilio pero que está en el aire pinturero y de pellizco que muy pocos han sabido desplegar. Y en tiempos en los que los toreros parecen máquinas y sólo atienden a derechazos y naturales, resulta reconfortante encontrarse con alguien que improvisa delante de la cara del toro, que remata con un trincherazo o un cambio de manos; que es capaz de torear en redondo sobre la mano derecha con ese cite perfilero y a pies juntos, corriendo la mano suavemente y deslizando la muleta de forma lenta pero sin pausa.

Es la escuela sevillana que practicó ayer un Canito que, además de desempolvar otros aires que ya creíamos perdidos, se fue a portagayola en los tres astados que estoqueó, puso banderillas e incluso mató con efectividad. Llegará o no, pero el caso es que ayer en la Maestranza supo gustar y gustarse en muchos momentos de su actuación, tremendamente esperanzadora y, sobre todo, abierta a la ilusión. Otra cosa es que alguno de los trofeos cortados, caso de la oreja del sexto, resultase excesiva. Aunque por menos se han visto cortar orejas en el coso del Baratillo.

Canito, ya escribimos, cortó un total de dos orejas y dio una vuelta al ruedo. Mató tres astados por el percance de Alejandro Morilla. A su primero se fue a chiqueros -como a los otros dos- pero se estrelló con un animal suelto y sin fijeza que, empero, se tragó las dos primeras series diestras aunque sin clase y sin humillar. Los primeros derechazos resultaron algo rápidos, mostrándose más relajado en una segunda tanda. Ya dejó detalles pintureros Canito, que cuando tomó la izquierda comprobó que el de Millares quería tablas. Dio varios arreones y se aculó. La estocada fue contundente.

Mucha enjundia

Lo mejor de su actuación vino ante el cuarto, donde destacó en un quite por verónicas a pies juntos muy bueno. Brindó a Quini, el alguacilillo, y desde el principio acertó con la distancia. Estatuarios muy sevillanos, quieta la planta, para rematar con un cambio de manos de pellizco, lo mismo que dos series diestras asentado, corriendo con suavidad la mano, rematando detrás pero manteniendo erguida la figura, acompasando pero embarcando las embestidas. Los remates, ora un trincherazo, ora un cambio de manos o una especie de kikirikí. Otra serie diestra a pies juntos tuvo enjundia y sabor. No fue lo mismo por el izquierdo el astado, que no había humillado en toda la faena. Tras el pinchazo, la estocada dio paso a la oreja.

Al sexto comenzó dándole un trincherazo muy torero y dos series diestras llevándolo muy tapado. Pero el de Millares quería tablas y cuando Canito tomó la izquierda, tras un susto y un desarme, se desentendió. Faena de más a menos por estas condiciones.

La otra grata sorpresa vino de la mano del gaditano Alejandro Morilla, un torero muy firme. No humillaba el tercero bis pero se desplazaba, algo que aprovechó Morilla para torear con cierto gusto sobre la derecha y con aguante. Se puso en el sitio y le tragó a un animal con unos pitones excesivamente astifinos, robándole muletazos con poder y valor seco. Al entrar a matar se llevó una feísima voltereta de la que salió conmocionado. Por fortuna no llevaba cornada. No salió a matar el sexto.

Desapercibido pasó el cordobés Andrés Luis Dorado ante un lote muy deslucido. Su primero acudió muy rebrincado y cuando se tragó dos, dijo que a tablas. No se confió mucho Dorado. El quinto fue muy desrazado y no humilló nunca. Se puso pero no sacó casi nada en limpio.

Parte facultativo de Morilla: «contusión en región parietal izquierda, con visión borrosa y vómitos, por lo que sele aplica sueroterapia IV. Se trasladó la la clínica para realización de TAC. Pronóstico reservado».

Ficha de la corrida

Plaza de toros de la Real Maestranza. Domingo, 5 de septiembre de 2004. Novillada con picadores fuera de abono. Novillos de Manuel Angel Millares, muy bien presentados, quizá con excesivos kilos y con hechuras de toros. Por lo general resultaron deslucidos por faltos de clase, no entregarse nunca y buscar las tablas. Con mejor son el cuarto, que se dejó algo más. El tercero fue devuelto y sustituído por otro de la misma ganadería.

Gabriel Ruiz «Canito», de grana y oro. Estocada (vuelta tras petición). En el cuarto, pinchazo y estocada desprendida (una oreja). En el sexto, que mató por Alejandro Morilla, pinchazo y estocada (una oreja).

Andrés Luis Dorado, de fucsia y oro. Pinchazo y casi entera atravesada (ovación). En el quinto, dos pinchazos y casi entera (ovación).

Alejandro Morilla, de blanco y oro con remates negros. Pinchazo saliendo volteado, media estocada y dos descabellos (vuelta al ruedo).
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