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El bisabuelo del frigodedo

Un envío firmado por el investigador sevillano J. Antonio Bertomeu, recogido previamente de la Hemeroteca sevillana ( periódico "La Unión", página 15 del 16 de agosto de 1928, rollo 396) nos revela

Actualizado 06/09/2008 - 09:32:39
El tradicional polo llegó al paladar de los sevillanos hace ochenta años desde la primitiva fábrica de la calle Tetuán número 4. ABC
El tradicional polo llegó al paladar de los sevillanos hace ochenta años desde la primitiva fábrica de la calle Tetuán número 4. ABC
Un envío firmado por el investigador sevillano J. Antonio Bertomeu, recogido previamente de la Hemeroteca sevillana ( periódico "La Unión", página 15 del 16 de agosto de 1928, rollo 396) nos revela una de esas deliciosas noticias que, sin valor periodístico alguno, sí en cambio están cargadas de curiosidad y que valen para engrosar el amplio anecdotario de las cosas de Sevilla. Este es el caso de la reseña que nos remite nuestro buen amigo Bertomeu. Nada más y nada menos que la llegada del polo como sorbete refrescante a nuestra ciudad.
Sevilla, cuando esto ocurre, experimenta los ensanches racionales e irracionales que le llegan de la mano de la Expo del 29. Vive apasionadamente ya sus cita con el fútbol. Llena los palcos y la plaza de toros para refrendar sus devociones marianas y taurinas. Vive y se desgañita en los cafés y los casinos ( América, Central, Emperadores, Madrid, Eslava.) Es objetor o incondicional de la Expo. Y se hará en política simpatizante regionalista o todo lo contrario. Para darse un baño de postín no faltará al Pathé Cinema, edificio construido por Talavera en clave modernita y donde disfrutará con el cine. Probablemente, muchos de aquellos sevillanos que compartían este estilo de vida, paladearon los primeros polos que se hicieron en la ciudad en aquel agosto del 28.
La noticia que recogeLa Unión tiene un marcado acento publicitario. Es uno de esos anuncios disfrazados como información pero que pasaban por ventanilla a tanto la palabra y el espacio. Titulado con caracteres más llamativos que los habituales, el lector de aquel día leyó lo siguiente: «¡Polos!... ¡Polos!... ¿Ha saboreado usted Polos?» Y, a continuación, el texto explicaba lo que es un polo. La Unión resaltaba que tanto en Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga la gente ya sabía muy bien lo que era un polo. Y que a partir de ahora, en Sevilla, si usted estaba dispuesto a pagar por una pieza 0,10 ó 0,20 céntimos, según el sabor, también pasaría a formar parte de tan escogido y exquisito elenco.
La Unión describía al polo como el «dulce helado más exquisito del mundo» y aquí, en Sevilla, se fabricaba en la calle Tetuán número 4, a la vera de la Farmacia de Molini. Debió de congregar el local industrial a una buena cantidad de curiosos, tan dispuestos siempre en Sevilla a ocupar la primera fila de una obra o un escaparate espigado de Corpus. De la misma información de La Unión podemos deducirlo, puesto que el reclamo del diario especifica que «al pasar por la calle Tetuán observe unas maquinarias funcionando a la vista del público. Allí se fabrican "Polos"». No resulta difícil imaginar a los niños de la época agolpándose delante de los escaparates industriales de la heladería y soñando con un agosto tan dulce y refrescante como el de aquellos bloques de hielo con sabor a melocotón, sandía, fresa, chocolate...
Entendemos que «Polos» era helado y marca originaria. Aunque, más tarde, por la fuerza con que se fijó en el gusto de los consumidores, pasara a llamarse polos a todos los helados que tuvieran el mismo formato y parecida presentación de venta. Sabemos, pues, que en Sevilla, el polo que empapó de colorantes rojos o verdes los labios de nuestra infancia, también tiñeron de idénticos colores la de nuestros padres y pusieron un toque de modernidad en el paladar de los bisabuelos, en aquella ciudad tan revuelta por las novedades y exquisiteces que salían del cuerno de la abundancia en cerámica trianera de la primera Expo Universal.
En agosto de este 2008, aquel refrescante sorbete que entró en Sevilla por la calle Tetuán, ha cumplido 80 años de vida. Aunque cualquier parecido entre el de aquellos días y el actual es pura coincidencia. Las generaciones cambian los biotipos y saben adaptar las formas a las exigencias de los días. Aunque el polo sea siendo lo mismo, hoy es ya otra cosa diferente a aquel trozo de hielo que «es dulce y golosina riquísima, helado por un procedimiento patentado basado en la más elemental higiene.», indica el texto de La Unión.El tiempo es exigente en la interpretación de su partitura. Y el polo del año 28 no tiene nada que ver con su biznieto, el frigodedo. Aunque procedan de la misma familia y del mismo deseo de ayer, antes de ayer y hoy: combatir el plomo fundido del calor sevillano llevándonos a la boca un dulce sorbo de hielo.
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