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Kenia se desangra en luchas civiles

APENAS una semana después de la elección presidencial, la crisis política ya ha empezado a tener repercusiones serias en la economía de Kenia, en el turismo y las exportaciones agrícolas. Un país que

Actualizado 07/01/2008 - 04:05:07
APENAS una semana después de la elección presidencial, la crisis política ya ha empezado a tener repercusiones serias en la economía de Kenia, en el turismo y las exportaciones agrícolas. Un país que a pesar de sus limitaciones representaba un cierto modelo de estabilidad en África Oriental ha arruinado en pocos días una reputación que le costará mucho reconstruir. Aunque por fortuna la violencia no ha traspasado las fronteras del enfrentamiento étnico como se temía, las luchas civiles han revelado hasta qué punto los errores de un solo hombre pueden llevar a la catástrofe a toda una nación cuando la sociedad civil y las instituciones son débiles.
Las dudas sobre la validez del resultado electoral del pasado 27 de diciembre son más que fundadas. Todos los observadores internacionales coinciden en su diagnóstico: hubo fraude y el hecho de que el presidente, Mwai Kibaki, haya aceptado el principio de un gobierno de unidad nacional para intentar salir de la crisis es una evidencia de que él mismo admite que puede ponerse en duda la legitimidad de sus posiciones. En estas circunstancias, a Kibaki no le quedan muchas salidas salvo la resistencia suicida.
En cuanto al opositor Raila Odinga, tiene razones para pensar que el presidente saliente no ha ganado las elecciones. Pero en estos momentos, dados los malos manejos en el recuento de los votos, tampoco se puede suponer que la solución sería nombrarle automáticamente presidente por la fuerza, sino que es necesario buscar una salida institucional. La población se ha dejado llevar por la pendiente de la violencia, en gran medida porque la gestión de Kibaki ha sido desastrosa desde el punto de vista económico y en los últimos años gran parte de los keniatas se sienten víctimas del desengaño ante las expectativas levantadas por el Gobierno.
Ante tal perspectiva, Europa y Estados Unidos deben utilizar todos los medios posibles de presión -que son muchos- para forzar a Kibaki a asumir sus responsabilidades y despejar el escenario político antes de que sea demasiado tarde. En Uganda o Ruanda la situación es muy delicada, y si en Kenia -que era un enclave de cierta prosperidad- la economía ya se encontraba muy afectada por la subida de los precios del petróleo, en aquellos países vecinos puede volverse desesperada si continúa el flujo de refugiados keniatas que huyen de la violencia.
Más de 350 muertos y un cuarto de millón de refugiados son un precio demasiado elevado para un país como Kenia, al que su presidente ha traicionado doblemente: porque gestionó mal su mandato y porque se ha negado a reconocer la censura de sus conciudadanos. La comunidad internacional no puede permitir que aquel país se desangre mientras Kibaki intenta convertirse en un futuro Robert Mugabe.
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