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Desahucian a una señora de 86 años por el impago de 39 euros del alquiler

Dejó de abonar unos meses porque le rompieron al pintar una ventana y no se la querían reponer. Al ir a pagar la deuda, por error, faltaron 39 euros y por eso la echan

Actualizado 09/03/2004 - 19:08:07

SEVILLA. Tal y como estaba previsto, hoy martes, por orden del Juzgado, se procedió al desahucio de Rosario Piudo, de 86 años de edad, que desde hace 27 vive en el número 6 de la Plaza de la Encarnación, casi en la esquina con Regina. Sólo cuenta con una paga de 336,57 euros, 56.000 pesetas. La causa del desalojo es que Rosario ha dejado a deber, por error, 39 euros a la propiedad.

Rosario Piudo fue obligada por orden del juzgado a abandonar la vivienda a primera hora de la mañana, lo que hizo entre aplausos de sus amigas del mercado y de la iglesia donde oye misa todas las mañanas.

Ayer en su piso había mucha actividad. Familiares y amigos habían ido a ayudarla en ese difícil trance. Estaban su sobrina Natalia Montes Piudo, que vive en Osuna; su sobrino José María Piudo y su mujer María Dolores Padilla, así como Carmina Moncayo Escobar, que la conoce desde que era chica y se considera de su familia, y su amiga Mercedes Coto. Con una gran serenidad Rosario iba hablando con unos y con otros, y todos coincidían en que su gran fé, su gran confianza en el Señor, es lo que la mantenía tranquila en el difícil trance que está viviendo.

Todo empezó por la ventana del cuarto del baño. Estaba muy mal y Rosario con una paguita la puso nueva. Le costó 13.000 pesetas. Cuando pintaron la casa, señala Carmina, le partieron la ventana y Rosario reclamó que se la arreglaran. Como la propiedad no respondía, Rosario decidió no pagar. Entonces la llevaron al Juzgado y se abonaron esos 5 o 6 meses que se debían. A Carmina Moncayo cuando lo cuenta se le saltan casi las lágrimas, porque ella, encargada de pagarle la casa, fue quién se equivocó: «Yo no entiendo de euros y puse 39 de menos. Lo mismo los podía haber puesto de más. Ha pasado esto por ser analbeta». Comenta que se ha visto la mala fe de echarla de esa forma por ese motivo: «En los recibos, de 142,83 euros mensuales, le cobran contribución, siendo una inquilina, y hasta mejoras, y no le arreglaron la ventana». Desde hace tiempo los dueños están intentando que la casa se declare en ruinas, y el edificio está entero apuntalado. Mercedes Coto señala que la casa de Rosario no tenía una sola grieta y sin embargo le tiraron el techo de la salita «porque decían que estaba malo» y le pusieron puntales por todo el piso, «rompiendo más que arreglando».

Los familiares comentan que Rosario recibió la carta de desahucio el jueves, pero estuvo callada hasta el domingo para no disgustarlos, y eso que el mismo jueves le hicieron un electrocardiograma porque padece del corazón. Su sobrina política, María Dolores comenta que su fe es la que la mantiene en pie porque «toda su vida se ha dedicado a rezar por los que no rezan». Nació en El Rubio y con 11 años perdió a su madre. Lleva toda la vida en Sevilla: «Estoy aquí desde que Franco vino a inaugurar la primera planta de García Morato. Yo estaba en la casa de doña María Calle». Ha servido en casas y ha trabajado en clínicas. Rosario dice con ingenuidad que Remedios es su nombre «de las cosas importantes», porque es el que pone el carnet de identidad. Su vida se reduce a ir al Silencio, a los Carmelitas, y a las iglesias donde reza con su Grupo de Almas Pequeñas del Cristo de la Misericordia. También es de la Orden Tercera Franciscana.

Sus familiares no se la pueden llevar porque no tienen sitio. Su sobrino incluso tiene a su suegro durmiendo en el salón. Están haciendo gestiones para que entre en las Hermanitas de los Pobres, pero mientras se resuelve el asunto irá a Osuna con su sobrina. Ella no quiere irse de Sevilla, porque aquí está su vida y su mundo.

El apoyo de sus vecinos

Rosario, una persona buena «que no se ha metido nunca con nadie», como la definía Felisa, otra de las vecinas de la casa, no se encontró ayer sola. Además de sus familiares y de dos buenas amigas que la estaban ayudando a empaquetar sus cosas, ha contado en todo momento con el apoyo de sus vecinos. Ellos son los que han sacado a la luz el caso.

Aunque en 2001 la casa tenía 20 inquilinos, ahora sólo quedan cuatro, sin contar a Rosario: Felisa, que lleva allí 32 años; Manuela, que vive con sus hijos, y Ángel y Carlos. Se dice que la casa la han vendido, y que éstos vecinos se tendrán que marchar, aunque con una indemnización. La de Felisa con este desahucio injusto, se la han ahorrado.
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