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Alonso Quintero: descubridor de Valparaíso

IGNACIO FERNÁNDEZ VIAL- GUADALUPE FERNÁNDEZ MORENTEEn 1504 nos llegan las primera noticias de sus aventuras americanas, al zarpar de Sevilla con destino a La Española al mando de la nave que llevaba

Actualizado 09/05/2009 - 03:28:23
IGNACIO FERNÁNDEZ VIAL- GUADALUPE FERNÁNDEZ MORENTE
En 1504 nos llegan las primera noticias de sus aventuras americanas, al zarpar de Sevilla con destino a La Española al mando de la nave que llevaba abordo a un joven de 19 años que pasado un tiempo pasaría a ser encumbrado como el más célebre de los conquistadores, Hernán Cortés.
En 1506 lo vemos de nuevo cruzando el Atlántico, esta vez de maestre de la carabela Trinidad. De 1513 a 1516 ejerce como piloto en Tierra Firme y en 1519 su destino se cruza de nuevo a Cortés al que acompaña en la conquista de Méjico. Pero quizás sus más destacados hechos se inician cuando parte desde Cuzco con una expedición formada por 500 españoles capitaneados por Diego de Almagro y que tiene como objetivo reconocer las tierras que limitaban por el sur el gran imperio Inca. Mientras el grueso de los hombres marchan a pié, Almagro decide, al salir de Perú, despachar tres pequeños barcos, el San Pedro, el San Cristóbal y el Santiaguillo, para que con víveres y otras vituallas se dirijan hacia lugares más meridionales, bordeando y reconociendo la costa, para en un punto determinado encontrarse con los que vienen por tierra, y poder proveerlos de alimentos, ropa, hierros, armas y herraduras. Almagro entrega el mando del navío Santiaguillo, una pequeña embarcación de apenas 65 toneles, 18 metros de eslora y 5 de manga, a Alonso Quintero. Éste rumbea al sur para navegar siempre muy cerca de la costa. Al llegar a la playa de Papudo desembarca y entra en contacto con los indígenas costeños, denominados changos o camanchangos, poseedores de unas singulares canoas o balsas hechas con cueros de lobos marinos que unían a pares con fuertes ligaduras de tripas secas de llamas e inflaban amodo de flotadores, sobre los que colocaban una plataforma de madera, en la que se situaban hasta cuatro pescadores provistos de arpones de hueso. Otra de las cosas que llamó la atención de los expedicionarios fue el enorme rostro del cacique de este grupo de naturales, por lo que recibió el nombre de Carande o Cara Grande. Como también gozaba de una espectacular doble papada, al lugar donde este hombre enseñoreaba lo denominaron Papudo, apelativo que aún conserva.
Continúa Alonso Quintero su navegar hacia el sur contorneando la ignota costa chilena hasta llegar a una bahía cerrada y protegida de los vientos, a la que bautiza con su nombre, Quintero, primer puerto chileno que aún lleva el apelativo de su marino descubridor. Sitúa la nueva ensenada en las carta de navegación que como buen piloto va trazando a la vez que reconoce el litoral, hasta que en agosto de 1536, buscando el refugio de los fuertes vientos que azotan al ya maltrecho navío,en el que las vías de agua comienzan a ser un problema, el Santiaguillo arriba al lugar llamado en lengua indígena bahía de Quintil, caleta situada a la boca de una quebrada enmarcada por los cerros del entorno, por cuyo paisaje de excepcional belleza los españoles llamarían Valparaíso. Quince días más tarde ven bajar por los cerros de la caleta un grupo de hombres enviados por Diego de Almagro que andaban tratando de localizar el barco con mercancías de refresco desde la costa, provisiones más que necesarias para reponer las fuerzas de unos hombres que desde Perú habían atravesado por los caminos del Inca, nada menos que el altiplano boliviano y la cordillera de los Andes. Impresionante caminata que incluso hoy día es de extrema dureza de realizar, aun contando con los más avanzados medios y sofisticada logística.
La ciudad de Valparaíso de Chile con motivo del 450 años de su descubrimiento, en 1986,erigió una réplica de la nave de Alonso Quintero, la Santiaguillo que se encuentra hoy día en su puerto. Merecido homenaje al primer marino europeo que reconoció las costas chilenas desde su extremo más septentrional hasta los 33º de latitud sur.
Regresa a Perú y a partir de entonces se pierden las huellas de su vida, muriendo probablemente en estas tierras a las que llega en edad muy avanzada.
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