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«He superado el pudor con cara dura» Marisol Membrillo _ Actriz

TEXTO: ARISTÓTELES MORENOFOTOGRAFÍA: ROLDÁN SERRANOCÓRDOBA. Marisol Membrillo es lo que parece. Una chica de barrio bien humorada y afectuosa que un buen día conquistó el «prime time» como quien no

Actualizado 10/02/2008 - 03:14:18
TEXTO: ARISTÓTELES MORENO
FOTOGRAFÍA: ROLDÁN SERRANO
CÓRDOBA. Marisol Membrillo es lo que parece. Una chica de barrio bien humorada y afectuosa que un buen día conquistó el «prime time» como quien no quiere la cosa. Y ahí sigue, resuelta y cercana, tras protagonizar ya cinco largometrajes, y pese a que se acaba de mudar a un barrio de postín. Eso sí: a un chalecito austero, poco pretencioso y algo desordenado. Nada hay en sus maneras que evoque la acostumbrada jactancia de la gente del celuloide.
-¿Encontró mucha vanidad en este mundo?
-La vanidad forma parte de la profesión.
-¿Y Marisol Membrillo está a salvo de la vanidad?
-Yo tampoco estoy a salvo.
Marisol Membrillo (Córdoba, 1966) nació en la Colonia de la Paz, pero se crió en Lepanto hasta que voló del núcleo familiar. Estudió en la Milagrosa y más tarde en el Blas Infante, pero fue paradójicamente en un curso de FP de Química donde le asaltó la vena interpretativa de la mano de un profesor devoto del teatro. Su primera incursión en este mundo fue por medio de un monólogo de Mario Fratti, que le reportó, por cierto, sus dos primeros premios en el ámbito escolar. «Yo tenía en la cabeza ser enfermera, como mi hermana. Y hasta entonces no había pensado dedicarme a esto de forma profesional». Hasta que una profesora de Literatura, consciente de sus dotes, le preguntó: «¿Y por qué no te dedicas a esto?». Marisol Membrillo, a los 20 años de edad, se matriculó en la Escuela de Arte Dramático, pero se le cruzó una oferta de Procono TV, que por entonces iniciaba sus emisiones en Córdoba. Allí presentó informativos y dirigió un magazín, hasta que poco después se incorporó al equipo de la Televisión Municipal.
Fue creciendo profesionalmente en el mundo de la imagen, y simultáneamente mantenía su vínculo con la interpretación gracias a la colaboración con un pequeño grupo de teatro.
Su primer contacto con un astro de la escena fue con Adolfo Marsillach, con ocasión de una colaboración en la presentación de la Orquesta de Córdoba. Aquella incipiente presentadora de TV se le acercó y le habló de su afición privada. Marsillach la escuchó atentamente y se ofreció a hacerle una prueba en Madrid. Y hasta allí se desplazó Marisol Membrillo acompañada de Juan Carlos Villanueva. «La prueba salió muy bien y, al finalizar, se me acercó y me dijo: «Pero si tú ya eres una actriz». Aquel ensayo improvisado no tuvo ninguna consecuencia práctica, pero alguna pista dio a Marisol Membrillo sobre sus expectativas profesionales.
Un cierre afortunado
Fue entonces cuando cerró la Televisión Municipal y ese contratiempo la obligó a buscar nuevas salidas laborales. «Nunca pensé que acabaría debiéndole tanto al PP», exclama con sorna. Se quedó embarazada y a los ocho meses se presentó a un casting de Plaza Alta. En un primer momento no contaron con ella, pero transcurridos ya 90 capítulos la llamaron para que interpretara un nuevo personaje. Tenía entonces 30 años.
«Salió muy bien y no me podía creer que me estuviera ocurriendo aquello. Pero pasamos una mala temporada por la enfermedad de nuestro hijo. Estábamos en un mundo que no era muy alegre y lo vivíamos todo con mucho miedo. Y que me pasara lo de Plaza Alta fue para nosotros una inyección positiva».
Amado vivió dos años y siete meses. Nació con síndrome de Down y una cardiopatía severa. Marisol Membrillo habla con una naturalidad admirable de la muerte de Amado. «Me gusta hablar mucho de mi hijo, porque es lo único que me queda de él. Todo aquello me desestabilizó emocionalmente y me agarré a mi trabajo. Soy una persona de certezas y sabía que Amado tenía más posibilidades de morir que de vivir. Yo sabía que sería una gran pérdida, pero tenía que tirar para adelante. Esto es lo más doloroso que me ha pasado y creo que no lo voy a superar nunca: lo más que llegaré es a aceptarlo. Mi hijo y mi padre son mis dos grandes ausentes y la única muleta que me queda es la de Rafa».
Después de Plaza Alta vino Arrayán y luego empezaron a sucederse trabajos ya más sólidos en su aún joven carrera («Una pasión singular», «Planta Cuarta», «Hipnos», «¿Por qué se frotan las patitas?»), que le han permitido vivir ininterrumpidamente de la profesión desde hace ya diez años.
«Al principio sentía pudor. En esta profesión estás muy expuesto y la gente valora tu trabajo aunque no tenga ni idea. Esa exposición pública me daba mucha vergüenza, pero lo voy superando potenciando mi cara dura».
-¿Y eso le funciona?
-Una compañera de Plaza Alta me decía: «Es que entras al plató con una seguridad, que dices ahí voy yo». Sí, pero voy cagada. Me sobrepongo al miedo y busco la seguridad.
-¿Qué le pareció el mundo de la TV? ¿Le deslumbró?
-Cuando estás la primera vez con Juan Diego o Adolfo Marsillach parece como que no te pasa a ti. Luego ves que son personas normales y corrientes, y como nunca he prejuzgado me he llevado agradables sorpresas. José Coronado, que en España es «el actor», me sorprendió gratísimamente. Me ha ayudado mucho y hemos trabajado juntos muy bien. Esto es lo normal de este mundo.
Marisol Membrillo se prepara para su próximo rodaje, un drama protagonizado por ella y dirigido por un director novel. Hoy cogerá las maletas y se instalará en Valencia durante un mes para concentrarse en el rodaje. Mientras, el sol de invierno entra impetuoso en el pequeño salón de esta nueva vivienda que Marisol y Rafa han adquirido en un barrio apacible y residencial del norte de Córdoba.
-Si mira dentro de Marisol Membrillo, ¿qué ve?
-Orgullo y satisfacción. Pero también hay mucho miedo dentro de mí.
-¿Cómo se imaginó de niña?
-Siempre de líder. He sido bajita y he tenido unas grandes tetas de pequeña. Mi amiga de infancia era muy alta y guapísima y tenía el pecho ajustado a su cuerpo. Me sentía como el ratón y el elefante. Y he tenido que luchar mucho para conseguir algo. ¿Qué hacía? Hablar más porque yo también quería ser un centro de atención.
-¿Qué encuentra en la transmutación continua de personajes?
-Es una riqueza. El estudio de los personajes es muy profundo y encuentro dentro de mí cosas que desconocía.
-¿Qué quiere ser cuando sea mayor?
-Una abuelita feliz, rodeada de gatos y perros, y de paz.
-¿Qué le pone triste?
-La intolerancia y la injusticia.
-¿Por qué la gente se alimenta de historias ajenas?
-Porque les gustaría vivir otras cosas que no pueden vivir.
-¿Cine europeo o americano?
-Europeo. Es más interesante todo lo que cuenta y, en general, está más comprometido socialmente.
-¿Y cuál es su compromiso social?
-Ayudar a esas personas que se pueden ver reflejadas en cualquiera de mis personajes.
-¿Qué hay que tener para ser buena actriz?
-Intuición, humildad a raudales y ganas de aprender.
-¿Qué es lo más importante en la vida?
-El amor. Me quedé en Córdoba por amor.
-¿Qué frase ingeniosa diríaen la entrega de los Goya?
-¡Ya era hora!
-¿Por qué tiene cara de buena persona?
-Porque lo soy.
-¿De qué se arrepiente?
-De nada.
-¿Qué añora?
-A los ausentes: a mi padre y a mi hijo.
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