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Rafael Aquino Ruiz (Empresario): «El gazpacho es la bebida del siglo XXI»

Actualizado 11/07/2004 - 02:01:06
Rafael Aquino Ruiz. MILLÁN HERCE
Rafael Aquino Ruiz. MILLÁN HERCE

-No se rinde fácilmente, ¿eh?

-Pues no. Algunos proyectos merecen dedicarle al menos una vida.

-¿Cuántas veces sintió que lo había perdido todo..., o casi todo?

-Dos. La primera, cuando acabó la Expo: sufría de angustias. La otra, cuando murió mi primera mujer, en 2000.

-¿Sufrió más engaños y traiciones que cometió errores, o al contrario?

-Desde niño me dijeron que siempre con la verdad por delante. El tiempo me enseñó que siempre no. Cometí errores, pero sufrí lo otro de manera gratuita.

-¿Y le duran mucho tiempo los lamentos o se repone pronto de un fracaso?

-La pena me retroalimenta y arranco pronto otra vez.

-Corrija al diccionario: «Gazpacho: Género de sopa fría que se hace con pedacitos de pan y aceite, vinagre, sal, ajo, cebolla y otros aditamentos»...

-Eso es un gazpacho sin evolucionar. Ahora hay electricidad y filtros. En un gazpacho no debe prevalecer el sabor de ningún ingrediente. Fíjese que la guarnición tiene los mismos elementos que el gazpacho, para que cada cual refuerce el que le apetezca.

-¿Y sabe ya lo que son los estabilizantes, acidulantes, colorantes y demás gaitas de la letra chica?

-Tienen los días contados. Me niego a usarlos. Ni falta que hace.

-¿Cómo le surgió la idea de comercializar gazpacho fresco?

-Una tarde de verano, en el 82, que estaba de «Rodríguez», me llevé del restaurante a casa un tarro de gazpacho. Ahí me asaltó la idea.

-¿Y cuándo se puso a ello en serio?

-Al día siguiente. Constituí la sociedad y empecé a moverlo. Me tomaban por loco. Y la verdad es que estaba absorto con la idea.

-Y vino Jacinto Pellón y se lo puso a huevo, ¿no es eso?

-No calibró bien la trascendencia del proyecto y se lo tomó un poco a broma. Hasta que le sorprendió nuestra facturación. El problema es que de los seis meses, la Expo sólo funcionó dos.

-Para usted, aquello fue un barquinazo, y de los buenos, ¿no?

-Lo perdí todo, hasta mi casa. Me aplicaron la letra chica a rajatabla. No pasó con todos.

-¿La cosa fue de Partenón de Atenas, ruina total, o sólo con más puntales que la Iglesia del Salvador?

-(risas) Las ruinas de Palmira... Partenón total.

-¿Fue el único que se arruinó o hubo más compis en esa lista?

-Hubo más: joyeros, los de las flores...y muchos más que no lo reconocen, porque perdieron mucho pero sin llegar a la ruina.

-¿Y alguien se hizo rico con aquello?

-Los del Pub Kangaroo, que se llevaron mil millones para Australia y no pagaron ni la cerveza. También Pellón con la «Andalucía de los niños», que él mismo decía que era de su mujer y la construyó Dragados.

-¿Qué recuerda de sus conversaciones con el jefe del evento?

-Recuerdos muy desagradables. Me llegó a echar de su despacho. No atendía a razones. Pasó de ser amigo a enemigo sin ningún motivo. Quizá me cogieron de cabeza de turco.

-¿Qué fue lo que le indujo a error y le llevó al fracaso?

-Lo negativo de la Expo fueron algunas personas. Para mí sólo era una oportunidad para implantar el producto en el mercado. Ellos estaban en otra cosa.

-¿Cuánto había metido usted en aquella «lotería»?

-Más de 50 millones. Y todo el trabajo del mundo. Sólo para el papeleo de la Expo contraté a dos personas. Si no hubiera puesto tanta ilusión, no habría perdido tanto.

-O sea, perdió... hasta las ganas de beber gazpacho.

-Por completo.

-¿Sacó algo positivo de la experiencia?

-Toqué fondo. Acabé un ciclo que había iniciado en el 82. Eso me llevó a negociar con los grandes del sector de la alimentación, pero cometí otro error al creer que trataría con ellos de igual a igual.

-¿Aprendió al menos en qué países no triunfará jamás el gazpacho?

-Quizá me vuelvan a tomar por loco si digo que el gazpacho como bebida europea será superior a lo que es la Coca-Cola para los americanos. Con marketing y capital será una bebida universal. Y además, saludable.

-¿Le contó a Pellón lo que le había pasado o si te he visto no me acuerdo?

-La última vez que le vi fue cuando me echó de su despacho.

-No abandonaría la Venta Ruiz, que entonces era el mejor restaurante de Sevilla, un maquinón de hacer dinero, por meterse en eso, ¿verdad?

-Sí, la Expo arrastró también al restaurante. Me caí con todo el equipo.

-Diga lo más bonito que le salga de Jacinto Pellón y sus muchachos...

-Mmm... Iba a decir «snobs», pero no, diré que son impacientes. No les interesa nada a largo plazo, sólo el pelotazo.

-Probó a fabricar gazpacho en Almería. Y tampoco ha resultado...

-Llegué a un acuerdo con unos empresarios y puse la maquinaria. No han sabido comercializarlo, pero ahí sólo he perdido tiempo.

-¿Cuántos litros de gazpacho es capaz de fabricar esa maquinaria suya?

-20.000 litros cada ocho horas de jornada, respetando en todo el proceso artesanal.

-¿Y cuántos litros vende en estas fechas entre las dos tiendas?

-Menos de lo que quisiera y más de lo que imagina. El que lo prueba repite.

-¿Y por qué pone tanta confianza en el gazpacho: es fe, tozudez, patriotismo, obsesión, obcecación...?

-Es un análisis exhaustivo del producto. Lo mire desde el ángulo que lo mire, no hay nada que lo supere. La necesidad creó en el siglo XVII una bebida isotónica que es la bebida del siglo XXI.

-Me recuerda mucho a aquellos aventureros empeñados en la busca de El Dorado..., que no apareció nunca, claro.

-(risas) No es el caso. A usted le recuerda eso porque es andaluz. En Valencia hay muchos horchateros. Y en Asturias, sidreros. Pero los andaluces somos endógenos. Mire, hay 20 millones de americanos que desayunan un zumo llamado «8V», una mezcla de ocho vegetales que nada tiene que ver con el gazpacho y que ni siquiera lleva aceite. Ahí están.

-¿Lo seguirá intentando?

-Ya, indirectamente, a través de los míos, que siguen empeñados en el asunto, porque yo soy insolvente.

-¿Sueña con la Coca-Cola?

-Sueño con Pemberton, el que la inventó, y lo comparo con Frasquito, un segador imaginario que me he inventado como creador del gazpacho. Sin saberlo, se nutría y se refrescaba. Pemberton utilizó cocaína, que luego cambió por cafeína. Y, en cambio, lo de Frasquito era todo salud...
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