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El destierro final del Alfonso XIII

POR J. J. B.Como tantas veces ocurre con grandes polémicas de la ciudad, con el tiempo se apagan y desaparecen de la conciencia ciudadana. El desmontaje y traslado del Puente de Alfonso XIII llenó

Actualizado 12/05/2008 - 03:16:18
POR J. J. B.
Como tantas veces ocurre con grandes polémicas de la ciudad, con el tiempo se apagan y desaparecen de la conciencia ciudadana. El desmontaje y traslado del Puente de Alfonso XIII llenó muchas páginas de periódicos desde 1992, cuando la construcción del puente de las Delicias ya anunciaba de alguna forma que aquella estructura de acero quedaría con el tiempo sin uso.
El puente en desuso tuvo hasta 1992 uso peatonal pero para la Autoridad Portuaria, encargada de su mantenimiento, ya era un engorro. En 1997, el Ayuntamiento, entonces presidido por Soledad Becerril, y la Autoridad Portuaria, representada por Felix Manuel Pérez Miyares, consideraban «urgente» el traslado del puente para facilitar la aprobación del Proyecto Delicias, de carácter turístico. El puente de hierro era incompatible con el proyecto. Pero la movilización ciudadana propició en 1994 el reconocimiento de la protección de la estructura por parte del Ayuntamiento. La Junta de Andalucía insistía en la necesidad de tener en cuenta este aspecto para oponerse al desmantelamiento de la estructura que en todo caso sólo podría hacerse con un compromiso serio de reubicación. Para reivindicar la conservación del puente de Hierro se creó una asociación «Planuente» que ha recopilado todo el proceso de desmantelamiento y traslado.
En 1998, el Alfonso XIII era desmontado, trasladado en partes y depositado en el muelle Delicias mientras la goma-2 acababa con sus pilares.
En el muelle reposaron hasta 2003, cuando retomado el proyecto Delicias por la nueva corporación, presidida por Sánchez Monteseirín, y en plena redacción del PGOU, se aborda la necesidad de su traslado para dejar expeditos los terrenos.
El Ayuntamiento se replanteaba el antiguo proyecto de utilizar la estructura para crear una nueva pasarela sobre el río que uniera San Jerónimo con el Alamillo. Pronto se dio cuenta de que el proyecto resultaba más costoso que construir el nuevo puente y de que la Junta de Andalucía no pagaría el traslado. De nuevo la movilización ciudadana pidió un destino digno.
El anuncio de la Autoridad Portuaria en pleno agosto de 2003 de trasladar la estructura a una parcela de su propiedad a la altura del Batán confirmaba que el puente no recuperaría su uso original.
El redactor del nuevo PGOU, Manuel Ángel González Fustegueras, criticó la decisión, al igual que el entonces delegado de Urbanismo, el andalucista Rafael Carmona, que el 11 de agosto de 2003 realizaba unas declaraciones a ABC que mantienen su actualidad. Carmona temía entonces que el traslado supusiera «hundir al puente en el ostracismo» ya que no sería visible a los ojos de los ciudadanos.
Aquel temor se ha cumplido. Aunque la entonces delegada de Cultura de la Junta, -hoy delegada municipal en la materia-, Isabel Montaño, puso alguna objeción, el traslado se llevó a cabo sin más complicaciones, aunque se obligó a la Autoridad Portuaria a ensamblar la estructura y a no deshacerse de la misma.
Se prometió entonces que el puente sería mirador de un parque de 20.000 metros cuadrados con un lago artificial junto a los Bermejales. Cinco años después de aquella promesa, el puente Alfonso XIII, patrimonio público, patrimonio de la ciudad, sigue desterrado y confinado en una parcela cerrada, sin voces que le recuerden.
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