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Caballeros del aire

ME informan que en un exceso de celo, en la interpretación de la Ley de Memoria Histórica, IU propuso que se retiren los nombres de las calles dedicadas a los grandes héroes de la aviación Julio Ruíz

Actualizado 12/06/2008 - 07:37:02
ME informan que en un exceso de celo, en la interpretación de la Ley de Memoria Histórica, IU propuso que se retiren los nombres de las calles dedicadas a los grandes héroes de la aviación Julio Ruíz de Alda -aunque esta plaza se mantendría finalmente como Aviador Ruiz de Alda-, Narciso Bermúdez de Castro, y Manuel Vázquez Sagastizábal. Precisamente, en el Museo del Aire de Cuatro Vientos, único Museo Militar creado en la Democracia, estos «caballeros del aire» han estado inmortalizados junto a sus compañeros y amigos de la aviación republicana: Emilio Herrera, Francisco León Trejo, Alejandro Gómez Spencer y Felipe del Río. Cuando en 2003 un protegido de Trillo retiró sus biografías y retratos, junto con los de Julio Salvador Díaz-Benjúmea y la biografía de Pedro Vives Vich, IU no protestó.
Como nieto materno de aviador republicano ejecutado y sobrino de dos miembros de la «Escuadrilla azul» de García-Morato -Emilio Jiménez-Millas y José Múñoz Jiménez-Millas, derribado y muerto en combate en Rusia el 27 de noviembre de 1941- creo que soy una de las personas que más cualificadamente puede hablar en su defensa. Creamos el «Aula Aeronáutica Miguel Ruíz Nicolau», entre otras razones, para defender a los «caballeros del aire» de ambas aviaciones que valientemente se enfrentaron durante nuestra guerra, pero que al mismo tiempo, siempre fueron generosos con el adversario. He sido muy aplaudido en foros muy de «izquierda» cuando he contado el bellísimo episodio del derribo de Julio Salvador en la «Batalla de el Ebro» el 3 de Octubre de 1.938. Su antiguo subordinado, Andrés García Lacalle, jefe de la «Caza republicana», impidió su fusilamiento por milicianos de «El campesino» y le pidió que escribiera a García-Morato, para que se mejoraran las condiciones de los aviadores republicanos presos en Salamanca, separándolos de presos del Ejército de África, culpables de graves delitos. No sólo se hizo así, sino que se les dio un trato de excepción con la «Cruz Roja» y todos sobrevivieron largamente al conflicto.
Años más tarde, Lacalle y Salvador, se encontraron en un aeropuerto y Lacalle le relató su mala situación económica exiliado en México, debido a que la compañía aérea fundada por él había quebrado. A la vuelta a España, Julio Salvador, ministro del Aire, ordenó que de su sueldo se detrayera una cantidad y se trasfiriera a la cuenta de Lacalle en México.
Narciso Bermúdez de Castro era un hombre encantador, gran amante de los animales y estudioso de la fauna y flora, afición que heredó de su padre, comandante del Ejército español en la Guerra de Marruecos y defensor de los célebres «León y Pantera del Atlas», que llegaron a ser mascotas de las unidades aéreas de Larache, León y Getafe, y después se donaron al Zoo de Madrid. Él tuvo que ver con los símbolos «mirlo» de Julio Salvador y «avutarda» que le correspondió a él, por su gordura y buen humor. Bermúdez de Castro fue derribado y muerto por la «caza republicana» el 12 de Junio de 1.937 en la «Batalla de Brunete». Si retiramos su nombre de una calle, olvidamos la bondad y cultura de un hombre generoso con el enemigo, como su jefe, García-Morato, y disminuimos la gloria de quienes le derribaron en combate.
Manuel Vázquez Sagastizábal nació en Sevilla el 17 de Octubre de 1910. Era cabo de Complemento Aviador y pertenecía al Aeroclub de Sevilla. En abril de 1937, pasó a la Aviación de Caza. Nunca participó en bombardeo alguno sobre ciudades y derribó 22 aviones. El 23 de Enero de 1.939, en la «Batalla de Peñarroya» fue derribado al igual que Carlos Haya, lo había sido el 22 de febrero de 1938 en la terrible «Batalla de Teruel», por la segunda Escuadrilla de «Chatos» gubernamentales que pilotaban españoles. Al final de la Guerra Civil, en la que habían entregado sus aviones según los acuerdos Ungría-Casado, fueron juzgados en Consejo de Guerra, Joaquín Calvo, Jefe de la 2ª Escuadrilla y Francisco Viñals, derribador de Haya. Comparecieron como testigos la viuda de Haya y su hermano el Capitán Alfonso Haya. Un duro fiscal les interrogaba diciendo: «estos son los que asesinaron a su hermano y marido». Ambos contestaron «que los aviadores republicanos, se habían limitado a cumplir con su deber y la muerte había sido consecuencia de un combate leal». No les pudieron imponer una pena grave y el «Polikarpov I-15 chato» que expone el Museo, lleva la decoración y número del que pilotó Joaquín Calvo, actual presidente de la «Asociación de Aviadores de la República». Su subordinado Julio Múñoz, el que derribó a Sagastizábal, cuando regresó a España, iba todos los años a visitar su tumba sevillana, para recordar a su amigo-enemigo y pedir que le perdonara el resultado fatal de un combate leal. Tanto Joaquín Calvo como Manuel Montilla, cuya necrológica publiqué en «El País», recordaban que un aviador de casco blanco en combate aéreo les había salvado la vida al no ametrallarles cuando comprendió que tenían sus armas encasquilladas. Pronto supieron, y ese casco blanco está en el Museo, que se trataba de Joaquín García-Morato. En otra ocasión, el propio Morato describió círculos alrededor de un piloto que descendía en paracaidas, para evitar que italianos o alemanes le dispararan.
Julio Ruiz de Alda fue el 2º piloto del hidroavión «Plus Ultra» del vuelo Palos-Buenos Aires y hombre de fama universal. A principios de agosto de 1.936, la República con la intención de que se integraran en su Ejército, liberó a los presos de la cárcel Modelo. Uno de los que más tarde se libertó por su peligrosidad, era un atracador, Felipe Sándoval. Por su conocimiento de la cárcel, fue designado el 22 de agosto para dirigir el asalto a la misma y la muerte de los presos «derechistas». Dejó libres a Serrano Súñer y al General Múñoz Grandes entre otros e hizo asesinar a los ex-ministros republicanos Melquiades Álvarez, Rico Avello, Salmones, al general Fernando Capaz y al aviador Julio Ruíz de Alda.
Ruego a Izquierda Unida que vea el documental sobre Sándoval, hecho por un hombre de «izquierdas», como es García Alix. Posiblemente Sándoval contribuyó como nadie a la derrota republicana. Manuel Azaña dijo que «él hubiera querido morir con estos ministros republicanos». Indalecio Prieto: «Hoy hemos perdido la Guerra». Efectivamente, Prieto sabía que después de aquello, las dos naciones que gobernaban el mundo, Estados Unidos y el Imperio Británico, no ayudarian nada a la República, como así fue. El prestigio mundial de Ruíz de Alda, como aviador y navegante, era extraordinario. Por este asesinato que perpetra Sándoval, la República pierde la «guerra de la propaganda», que no empieza a recuperar hasta muchos después del bombardeo de Guernica, cuando ya tiene prácticamente perdido el norte y sus puertos, y con ellos la guerra. Cuando al final de la misma, el artillero Urbano Orad de la Torre, artífice de la toma del «Cuartel de la Montaña», espera a ser fusilado, resulta inesperadamente indultado. Había nacido el 4 de Marzo de 1904, en la misma «Casa Militar» de Melilla en la que nació Joaquín García-Morato. Después de la toma del «Cuartel de la Montaña» fue a salvar a Vicente, hermano de Joaquín, que estaba en un sanatorio madrileño. Su madre Carmen Gálvez agradecida como su hijo Joaquín, consiguió salvarle la vida. Fue miembro del PSOE hasta su muerte y en su tarjeta ponia: «Teniente coronel de Artillería del Ejército Republicano». No se puede olvidar la generosidad de los «Caballeros del Aire», el afecto que se tuvieron y como se ayudaron. Rogelio Azaola y Eduardo Gallarza, consiguieron salvar la vida de Rafael Martínez Esteve, jefe republicano del Aeródromo de Tablada y héroe del vuelo Madrid-Manila. Salvemos ahora los nombres de estos tres héroes imperecederos de Aviación, dos de ellos andaluces, de Sevilla y Granada, y demos a calles nuevas los nombres de sus compañeros republicanos, Julio Múñoz, Francisco Viñals, Emilio Herrera, etc.
Hoy en el Museo continúa la biografía de Lacalle, que yo redacté, no muy lejos del monolito del general jefe de la Aviación Republicana Ignacio Hidalgo de Cisneros, miembro del comité central del PCE, que tanto trabajo nos costó al «Aula Aeronáutica Ruíz Nicolau» contribuir a traer desde la lejana Bucarest donde murió en el exilio. Ni mi abuelo, aviador republicano, ni mi tío piloto del otro bando, dieron su vida por la España en la que creyeron, para que ahora se retiren los nombres de personas cultas, brillantes y generosas, que entregaron su juventud a la héroica y noble, pero siempre difícil tarea del progreso de la aviación.
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