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Médicos escritores de Sevilla

La nómina de médicos escritores es grande en España y en muchos países.

Actualizado 12/06/2009 - 08:54:55
La nómina de médicos escritores es grande en España y en muchos países.
Hace veintidós años, un grupo de galenos fundamos en Sevilla la «Sociedad Nicolás Monardes» de Médicos Escritores, cuyo primer presidente fue el recordado doctor Antonio Hermosilla Molina. Junto con Madrid, es Sevilla la ciudad española con más médicos escritores. Recordemos a los doctores Álvarez Chanca, Nicolás Bautista Monardes, Sebastián García Díaz, Cristóbal Pera Jiménez, Gabriel Sánchez de la Cuesta, Eloy Domínguez-Rodiño, José María Osuna, Laffón Sánchez de Medina, Riviere, Rus, Rincón, Prado Soltero, Adolfo de los Santos, Yáñez Polo, Guerra Gil, Zaragoza Rubira, Álvarez Romero, Duque Amusco, Navajas Gallardo, Moreno González, Jaime y Alberto Rodríguez Sacristán, Javier Criado, Jacinto Maqueda, Pérez Calero, Martínez Buzo, Rubio Rubio, Yebra Sotillo, Alcántara Rojas, Fernández García, Mesa, Núñez Moreno, Pastor Torres, López García Aranda, Belmonte, Montero Iruzubieta, Rafael Castro Artigas y muchos más.
Ahora recordamos al oftalmólogo angloescocés Sir Arthur Conan Doyle, creador del enigmático personaje Sherlock Holmes. Nació en Edimburgo el 22 de mayo de 1859. Hijo de una familia católica, estudió en el colegio de los jesuitas de Stonvhurt, y la carrera de Medicina en Edimburgo, especializándose en Oftalmología. Y empezó a escribir novelas policiacas. Su primer libro se tituló «La mancha escarlata», del año 1887, donde crea a Sherlock Holmes y a su amigo el doctor Watson. Fue tanto el éxito alcanzado con esta novela que siguió con una gran serie de relatos: «Aventuras de Sherlock Holmes». Y tanto gustó a los lectores que hicieron que Conan Doyle abandonara la actividad médica para dedicarse a la literaria, como le ocurrió a nuestro Pío Baroja.
Sherlock Holmes, tal como lo describe Conan Doyle, era «alto, flaco, de cráneo marcadamente dolicéfalo, de rostro afilado y vivaz, enmarcado por el cubreorejas de su gorra de viajes, con largas manos sensitivas y nerviosas, sin mayor defecto, si defecto puede llamarse, que una extremada repugnancia a comunicar sus proyectos a los demás antes de que hubiera llegado el momento de la acción..., reserva que en parte puede atribuirse a su carácter dominador, poco inclinado a escuchar observaciones o consejos, pero también a cierta afección a los golpes de escena imprevistos y asombrosos... Su eterna pipa...»
Su Sherlock Holmes fue el personaje principal de muchas de sus obras. Era un detective aficionado, dotado de grandes facultades de observación y un fuerte poder deductivo. Su buen compañero de aventuras, el médico amigo, al que decía: «Elemental, querido Watson, ya conoce usted mi método», enriqueció las páginas de sus muchos relatos. Tan famosos fueron estos personajes y sus aventuras que llegaron al teatro, interpretándolo William Gilette. Luego, estrenó la comedia «The story of Waterloo», en 1900, con enorme éxito. Conan Doyle escribió, también, novelas históricas y patriotas, que le valieron el título de «sir» en 1902.
Murió con 71 años, en Crowborough, parroquia eclesiástica de Inglaterra, en el condado de Sussek, Wityham, el 7 de julio de 1930.
Su inmortal Sherlock Holmes fue inspiración de numerosos autores de novelas policiacas, donde la intriga, el misterio y las soluciones más ilógicas y psicológicas nos apasionaron siempre.
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